Autor: Medina Cruz, Ismael. 
 El Campesino y Montanelli coinciden. 
 El eurocomunismo es mentira     
 
 El Alcázar.    19/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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El Campesino y Montanelli coinciden

EL EUROCOMUNISMO ES MENTIRA

Por Ismael MEDINA

HE leído varias veces la entrevista que José Cavero le hace a Indro Montanelli en "Arriba". Me hubiera

gustado escucharla, pues Montanelli está en posesión de un italiano sutilísimo. Yo diría que su italiano es

de la más pura estirpe vaticana, es decir, limpio, preciso, afilado, equívoco y, en fin, preñado de

"sfumatture", que es un vocablo italianísimo y sin traducción. Creo adivinar después de esa reiterada

lectura de la excelente versión en español, que Isidro Montanelli ha insinuado mucho más que lo que se

entiende.

Pero es bastante.

En el futuro, al hilo de los acontecimientos, acaso haya de recordar alguna frase de la entrevista. Ahora

me interesa subrayar esta concreción de Montanelli: "Si; Italia está ahora a punto de culminar otra etapa.

Italia camina con ritmo rápido hacia el comunismo... Seguro, seguro. No hacia el eurocomunismo, sino al

comunismo. Porque el eurocomunismo no existe. La palabra eurocomunismo, precisamente, la

inventamos en "Il Giornale Nuovo". Y no creemos que exista esa cara nueva del comunismo. No puede

ser; no puede ser. Yo conozco mucho, muy bien al comunismo. No puede ser. Lo que hoy está

sucediendo en Italia ya lo vi anteriormente en el 4548. Yo estaba en Praga entonces. Y todo lo que

Berlinguer dice, exactamente las mismas cosas, la misma técnica, exactamente, se prometían y

proyectaban entonces en Praga."

Santiago Carrillo dice lo mismo que Berlinguer. Utiliza la misma técnica que Berlinguer, como acaba de

comprobarse una. vez más en su púdica y farisaica retirada de la "´comisión de la nacionalidad", que debía

negociar con el presidente del Gobierno. Lo mismo que recién terminada la guerra mundial decían los

líderes de recordar Indro Montanelli. Diez años después, la juventud y los obreros checoeslovacos

pretendieron evadirse de las ominosas ataduras reales del eurocomunismo. ¿Recuerdan la fugaz primavera

de Praga? Fue machacada por los tanques soviéticos. Ha transcurrido otra década, y los checoslovacos

siguen aplastados bajo el fascismo rojo, que es el verdadero rostro del eurocomunismo. Ahí está "Carta

77" para confirmarlo.

Cavero hablaba, con Montanelli casi al mismo tiempo que Valentín González "El Campesino" hacia unas

declaraciones en el asilo de ancianos de París, donde se encuentra internado. Afirma "El Campesino"

tajante: "El eurocomunismo es una mentira". Tan mentira, evidentemente, como la renuncia a los

fundamentos de la ideología comunista que quiere hacer suponer el PCE, mediante el cínico y grosero

escamoteo de lo más sustancial de su dogmática en la documentación presentada ante sí Ministerio de la

Gobernación.

Esta coincidencia accidental del tiempo y en la opinión entre Indro Montanelli y "El Campesino", me ha

llevado a la relectura de un bellísimo libro del italiano: "Gli incontri". Entre esos encuentros periodísticos

figura el que tuvo con Valentín González en París, en 1956, con ocasión del famoso proceso Rousset

"Lettres Francaises", en el que se dilucidaba, a iniciativa del Partido Comunista Francés, si era o no una

calumnia contra la Unión Soviética, la denuncia sobre la existencia de terribles campos de exterminio en

territorio de la "Patria comunista". "El Campesino", apareció inopinadamente como testigo, dejó a los

comunistas en cueros vivos ante la opinión pública. "Yo vengo de aquellos campos...", comenzó.

De aquellos campos se escapó "El Campesino", en una fuga increíble que le llevó, durante meses de

camino y de bandidaje, desde el norte de Siberia al Irán. Desde aquellos campos de exterminio —que

fueron la tumba de miles de comunistas de españoles, denunciados por la Pasionaria, Lister, Carrillo,

Antón... a la policía soviética— volvió "El Campesino" con vigoroso acento acusatorio, que los

socialistas y comunistas europeos se han esforzado en silenciar.

"Morir hubiera sido para mí lo más agradable", confesaba Valentín González, a Montanelli, al relatarle su

odisea y la de tantos camaradas españoles en la Lubianka y en los campos de exterminio. "Pero —

añadía— he querido vivir para hacer conocer al mundo la verdad sobre el infierno soviético". Sólo a

medias lo ha conseguido "El Campesino", pese al esfuerzo de Julian Gorkin, otro excomunista español

escaldado. La mayor parte de la prensa del llamado mundo libre, lo es sólo para lo que interesa a sus

verdaderos patrones internacionalistas, según ha demostrado Coston en sus libros sobre los centros

financieros de poder en el mundo.

"El Campesino" denuncia la falsificación que entraña el "eurocomunismo", desde el tremendo

descubrimiento que se desprende de esta confesión a Montanelli: "Yo he sido la cabeza de turco de la

revolución española. En nombre del comunismo he matado a mucha gente. La he matado con estas

manos. Y podría haber matado a mucha más, si se me hubiese puesto a tiro. Es verdad: yo he matado a

mucha gente. Pero no tanta como han dicho los agentes de Moscú, que querían hacer recaer sobre mí

todas las atrocidades que ellos cometían. A mucha mucha he matado. ¿Y que hago yo ahora con esos

cadáveres? No me pesaban en la conciencia mientras creí, que les había matado por una causa justa, y los

había enterrado tranquilamente en mi conciencia. Pero, ahora... Ahora, mire usted, están todos ahí,

enfrente de mí, y no sé donde meterlos".

El hombre que se confesaba así en 1956, grita desde su triste retiro de París lo mismo que su entrevistador

de entonces: el eurocomunismo es mentira. Mientras tanto, en Madrid, uno de los protagonistas de los

horrores que los agentes de Moscú atribuían a Valentín González y uno de los que en Moscú, con La

Pasionaria, llevó a la muerte a miles de sus camaradas exiliados, baila el rigodón democrático con la

oposición y el Gobierno, susurrándoles al oído: "El eurocomunismo es limpio, tierno, suave,

complaciente y amoroso como una puta regenerada. El eurocomunismo es el comunismo vestido y

mentalizado de primera Comunión".

Mientras mantuvo intacta su fe comunista, a Valentín González no le importunaba el recuerdo de los que

murieron a sus manos por su voluntad. Es luego, perdida la fe, cuando los muertos adquirieron perfil y

estatura en la conciencia. Es el precio del arrepentimiento. Pero a Santiago Carrillo, el de las endechas

eurocomunistas, no le pesan los muertos. Los tiene sepultados en la conciencia, en Paracuellos y en otros

lugares de los dos confines de Europa. Y si alguien se los mienta, responde con chulería, arropado por

ocho guardaespaldas con licencia para matar, expedida por la autoridad gubernativa: "Vete a tomar por el

culo".

Tiene razón Indro Montanelli: "El eurocomunismo no existe, es el comunismo de siempre". Y mientras

no se pierda la fe comunista, recuerda angustiado El Campesino, no sólo no pesan los muertos hechos,

sino que está abierta la puerta para hacer otros. Cuantos convengan a Moscú, aunque sean camaradas.

 

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