Autor: Ventura Meliá, R.. 
   Por unas fallas sin trabas     
 
 Informaciones.    17/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

POR UNAS fALIAS SIN TRABAS

Estamos ante una crisis de las fallas valencianas. Una crisis que, por ahora, parece atacar los contenidos ñoños y reaccionarios por tanto, ideológicos, pero que pugna ya por apuntar a lo formal en las fallas, a la organización misma. Se proponen ya unas fallas menos sujetas, menos dirigidas, más abiertas a la colaboración y la participación del público, que no se quiere ya pasivo, que quiere hacer de su presencia un acto fecundante Se piden, pues, unas faltas de veras populares y no las consabidas fallas para pueblo, pero sin el pueblo.

Hay dos grandes factores en esta crisis. Toda nuestra sociedad ha hecho ya examen de conciencia y ha elegido el cambio la reforma, para ser exactos—. Las fallas están demasiado al aire libre para permanecer al margen de tales cambios, iluminan esos nuevos planes los re-cuerdos de las fallas de antes—¿una edad dorada?—que nos parecen como más libre y osada. Desde luego, fueron mucho más críticas e imaginativas. La juventud es el adalid de ese cambio festivo Ve en un inmediato futuro el centro de gravedad de las nuevas fallar y las hace balancear con su presencia en todos los actos, dando lugar a una reñida contienda de lo nuevo y lo viejo, de lo supuestamente ortodoxo con lo improvisado,

Se ha primado la objetualidad de la falla, la ritualidad de los actos (sin ser óbice para cambiar el vestuario, la lengua y la música, amén de otros detalles) y se ha dejado en segundo lugar al fallero y al espectador.

Las grandes concentraciones de masas., ante la "crema", ante los fuegos de artificios "mascletaes", "castells" se han deslucido y convertido en una solemne bobez. Para abrir la boca bastarían los robóte.

Pero mucho más aburridos han venido a ser actos como "la ofrenda" o Vas "presentaciones", en las que

lo idéntico, lo repetido y el ripio dominan. Ante todo eso cabe un esfuerzo de imaginación y creatividad, y no creo que los valencianos hayan agotado sus posibilidades.

La misma "cabalgata del ninot", eminentemente crítica, carece de nervio y de objetivo. Y las fallas han perdido el norte, dando palos de ciego, empecinadas, en puntos de vista reaccionarios o sin tocar la realidad (menos lanzadas que la Prensa diaria) A fuerza de falseamiento y de merengue la fiesta fallera puede aburrir al más pintado y resultar como la fiesta de fin de curso o la presentación en sociedad. Algo caro, claro. La presión popular, desde dentro de las organizaciones falleras y desde su contexto ciudadano —Prensa, asociaciones de vecinos, mujeres democráticas, partidos políticos...— expresan el deseo de un cambio a fondo en la fiesta valenciana. Se urge su reestructuración. Si la Iglesia hizo su "aggiornamento", si el sistema hace su reforma, no parece descabellado que las fallas se abran de una vez. En vez de atenerse tanto a la letra más le valdría atenerse al espíritu fallero.

La ebullición social de estos momentos era lógico que llegase a las fallas, pide un rol en ellas. Lo aberrante ha sido el "no" de las autoridades competentes... Y el resultado es el choque diario. No hay acto fallero que no se vea alterado. Y la fuerza de orden público recibe orden de actuar y despejar el terreno. El clima festivo se transforma en un climax de tensión y frustración.

El espectáculo total que pueden ser las fallas redama la participación de todos los valencianos. Y nadie puede arrogarse el derecho de marginar, y menos al pueblo. Como en la "crida", tradicionalmente abierta, y este año reservada a falleros seleccionados por su docilidad ante el "bunker". Las lágrimas de la fallera mayor fueron la expresión mejor de esa desilusión ante tamaña desfachatez.

Las fallas están abocadas a un cambio urgente y necesario. No a cualquier cambio, pero si a su repristinación. Ha,y que mirar en parte hacia las tradiciones falleras, y en parte hacia el presente de nuestra sociedad Sólo asi veremos claro.

Las fallas podrian muy bien morir de inanición., otras fiestas han muerto algunas populares y laicas, otras religiosas y con siglos de historia) Si las fallas carecen de sustento, si detrás de ellas no está el pueblo se derrumbarían.

La estructura tallera debe ser totalmente democrática de abajo a arriba , independiente del Ayuntamiento, flexible, abierta.Un debate debería comenzar ya. Las fallas no deben ser ni una bobería ni un campo de batalla. Y hemos llegado, a ambos extremos ya.

Si alguien mantiene que el pueblo valenciano no es quien debe decidir cómo quiere las fallas, que se atreva a dar la cara... en vez de decidir en la sombra.

Queremos unas tallas sin trabas, unas fallas populares, queremos una fiesta de veras. Y creemos que es conseguible.

R. Ventura Melià.

 

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