Autor: Ventura, Vicent. 
   Los valencianos no sabemos ni quién ha ganado, ni quién ha perdido     
 
 El País.    25/06/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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REGIONES

EL PAIS,sábado 25 de junio de 1977

TRIBUNA LIBRE

Los valencianos no sabemos ni quién ha ganado, ni quién ha perdido

Como era de esperar, los comentarios simplificadores, a la vista del resultado electoral, que en el Pais Valenciano ha dado un triunfo mayoritario a la opción PSOE, por encima de la opción más tranquilizante todavía de la UCD, han hablado de hundimiento y fracaso del nacionalismo. Pero, ¿de qué nacionalismo? Porque han sido precisamente esos simptifícadores quienes nunca han ahorrado reticencias cuando daban cuenta, tan es-casa como podían, del esfuerzo evidentemente voluntarista de una minoría —en proceso constante de ampliación— por sacar de su ambigüedad al pueblo valenciano. Por sacado del «regionalismo bien entendido», que ni a tanto llegaba, para comprometerlo consigo mismo.

Todavía en las postrimerías electorales, el habitual juego sucio de quienes, descendientes de los que antes de Almansa ya habían vendido su primogenitura a cambio del favor virreinal han intentado la desautorización nacionalista lanzando la insidia: «Si ganan tales o cuales partidos —entre los que estaba el mismísimo centro suarista porque estaban en él algunos liberales de nacionalismo decidido—, el día 16 dejaremos de ser valencianos para pasar a ser catalanes.» Claro está que la mala baba de esta historia salía de bocas aliancistas pero no son las únicas que podían haberla vertido sobre un electorado para el cual la cuestión que se ventilaba —en eso no hemos sido «diferentes»— era la de continuar con cambios y no la de continuar sin ellos como proponían los de AP. Es decir, que según esa burda invención, si ganaban los partidos gratuitamente acusados de nacionalistas, cruzarían el Ebro los «mozos de escuadra» del Palacio de San Jaime. de Barcelona, y ocuparian el Ayuntamiento de Valencia. ¿O seria la Generalitat lo que vendrían a ocupar?

Partidos autóctonos

Pero es que la cosa resulta más pintoresca todavía contemplando el panorama político, porque ¿dónde han estado los tales partidos nacionalistas? Haciendo muchas concesiones podía pensarse

que autóctonos por lo menos, por su organización y escasas dependencias, centrales, estaban la Unió Democrática del País Valenciá y el Partit Socialista del País Valencià. Uno y otro integrados en el Equipo de la DC y la FPS. respectivamente. ¿Y qué más? El PSAN, que no jugaba el juego electoral y que había sido incluso rechazado por «catalanista» justamente, de un «Bloc Autonomista y Valencianista d´Esquerres». ¿Es con eso con lo que el «valencianismo» había de enfrentarse al sucursalismo más o menos, o nada, «regionalista»? Es decir, con el «anticatalanismo» doméstico de los que viven en la ambigüedad como el pez en el agua, permitiéndose incluso la «heroicidad» de quejarse porque el País Valenciano no estuvo representado en la «Comisión de los nueve»; porque el presidente Suárez no había recibido nunca a una «Taula» de fuerzas políticas que los «valencianistas-catalanistas»habían creado hasta que llegó desde Madrid, vía Almansa, la eterna ambigüedad en la persona de García Trevijano, a organizar aquí las «Juntas Democráticas» y dividir de ese modo las escasas fuerzas políticas, trayendo de refresco los opositores de la hora séptima, o sea los «independientes»; por el «Sureste»; por el «Levante»; por si venia o no venia a inaugurar las ferias un ministra o sólo un subsecretario, al contrario de lo que había ocurrido en Barcelona o en Bilbao, y ahora también porque no ha sido nombrado ningún senador valenciano en los de designación real.

Aquí, donde ayer mismo, es decir, hace unos meses, y no por casualidad, se suscitaba la cuestión de «el blau en la Senyera» para diferenciarla de la que usaba el conquistador, igual para todos los países de su Corona —es decir, los Paises Catalanes los de AP, que han perdido, no han dejado de batallar contra la identidad y por la ambigüedad. Una ambigüedad que parte del idioma hablado por tradición oral, cuya gramática nunca

VICENT VENTURA

se ha aprendido de la Historia convencional e interesada que ha unificado todos los reinos peninsulares en una confluencia hacia la tabla rasa; de la ignorancia, en definitiva, sobre lo que es un pueblo que se sabe diferente de los de Poniente —«de Ponent ni vent ni gent»— pero que no sabe por qué, y puede ser, por tanto, fácil a la manipulación a base de ese mismo sentimiento diferencial tan desinformado. ¿Cómo iban a vencer todo eso la UDPV y el «Bloc»?

Estalló el Bloc

Para empezar, uno y otro han padecido el temor estratégico de la concreción y han vacilado en la claridad de sus planteamientos. Y para terminar, el «Bloc», por esas mismas causas, estalló antes de nacer y explotó con efectos retardados ante el inicio mismo de la campaña electoral. Los que querían ir a ella a todo trance, buscaron sus alianzas con fuerzas políticas sucursales y mientras unos las encontraron en el PSP y organizaron la «unidad socialista», otros llegaron tarde, fueron ilegalizados y por fin vueltos a legalizar con la sigla originaria, la del PSPV, se lanzaron a una campaña inútil que no les ha dado más que alrededor de 20.000 votos en todo el país.

Por lo demás, aquí, como en las Illes, como en Galicia, en el primer caso por razones parecidas, en el segundo por razones diferentes, pero en ambos casos con la misma debilidad de los partidos nacionalistas, no había para el electorado que buscaba cambios en la continuidad —es decir, sin rupturas, no lo olvidemos— más cera que la que ardia. Y esa es la vela que ha tornado en la procesión tan minuciosamente organizada por una poderosísima RTVE como era absolutamente previsible. Porque se pue-de estar en contra de la guerra publicitaria, pero el arma está ahí y es difícil que quienes la detentan no hagan uso de ella. La cual acurre en los países «libres» de Occidente y en los otros. Si existe el instrumento, se usa. Y existe. ¡Vaya si existe!

Aquí el electorado ha comprado uno de los dos únicos productos que se han puesto en el mercado sin huellas del ayer. Completamente nuevos. Porque ni se ha querido saber nada de antes del 36 ni de después del 39. Ambos, la guerra y la larga oposición antifranquista de cuarenta años, han sido rechazados por un electorado que en su gran mayoría no se siente ligado a nada de todo eso, porque ni ha «hecho» la guerra ni ha «hecho» tampoco las cárceles, los exilios y las multas. Ese electorado, aqui, en el País Valenciano, ha votado izquierda moderadísima, en su mayor parte, más que UCD, porque aqui sigue latiendo aquel republicanismo ambiguo del blasquismo, apto para todos los públicos, es decir, moderadamente autonomista —tanto que sólo lo era en el nombre—, moderadamente izquierdista, tanto que no lo era más que en la oposición civil a la presencia social de la Iglesia, moderadamente todo.

Pero, ¿de dónde iba a salir el nacionalismo valencianista? ¿De las discusiones imbéciles sobre si el valenciano es o no catalán hablado a la manera del sur del Ebro? ¿De las catacumbas del franquismo, donde se agrupó poco a poco, partiendo de análisis históricos lúcidos como "Nosaltes els valencians», y creciendo especialmente en la Universidad, es decir, en donde se investiga y reflexiona? Se ha llegado donde se ha podido, a base de transmisión oral y ciclostiles, sin casi precedentes históricos o con unos precedentes históricos parecidas, sin apenas formaciones políticas nacionalistas con suficiente tradición y más o menos mayoritarias que resucitar, debidamente «homologadas» en Europa. ¿Europa? Ni Madrid. Las únicas homologaciones posibles, las de la identidad nacional y cultural, han sido, por eso mismo, porque es donde está la fuerza, combatidas por los «.regionalistas bien entendidos» y discutidas por los partidos con tradición, homologación, dinero, necesidad de su existencia por parte del Poder para legitimar su democracia, etcétera.

Fuerza potencial

Unos partidos que, a pesar de todo, saben que porque no hablamos de opiniones sino de constataciones, porque no es cuestión de adivinanzas o suposiciones sino de investigación, tenemos la razón y vamos, cobrando fuerza. Es a esa fuerza potencial a la que temen y por la que ha hecho la concesión de hablar unos con más énfasis y sinceridad, otros con menos, con más desde la izquierda más izquierda, con menos desde la menos, y así sucesivamente de reivindicar un Estatuto que no llegamos a tener aunque llegamos a plantear, y una Generalitat que perdimos, ésa sí, en Almansa, hace éste 270 años. Pero no se puede confiar demasiado en que nos la devuelvan los aparatos centrales de unos partidos para los cuales, sus «federaciones», si a tanto llegan, se deben antes al interés general de gobernar con la fuerza conjunta de todos, que al particular de devolver a un pueblo como el valenciano su identidad, que es su fuerza, para que pierda la ambigüedad y deje de ser débil, olvidado y dominable.

Asi. pues, como hasta ahora bajo el franquismo, en adelante bajo la democracia de la RTVE, habrá que seguir, Y lo único que podemos esperar es que las multas y la cárcel no nos amenacen demasiado; que se pueda añadir algo a la transmisión oral, algo que no sea el ciclostil, que se perfilen bloques políticos nacionalistas sólo divididos por lo que divide irremisiblemente, la clase, y que los partidos que hay sean un poco menos sucursalistas, si más no para mantener la clientela que trataremos de «educarles" y si es posible, restarles. A ver sí al menos son capaces de traernos, con los votos que se han llevado, la escolarización en «el idioma del pais», valgo que se le parezca a una Mancomunidad. Aunque le den, que ése es otro asunto, el nombre de Estatuto.

 

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