Eurocomunistas     
 
 Diario 16.    07/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Eurocomunistas

Bueno, pues a lo mejor resulta que es verdad. Que el eurocomunismo es otra cosa que el comunismo,

como el catolicismo europeo difiere del americano o e1 africano. O como el fascismo de Hitler ni siquiera

era idéntico al de Mussolini. Como Mao no fue Stalin, por mucho que se empeñase, ni Juan XX1I1 se

pareció a Pío XII.

A lo mejor resulta que el eurocomunismo ha renunciado al poder totalitario, a la lucha de clases y al

imperialismo. También el cristianismo fue una doctrina revolucionaria hasta que le puso cruces a los

pendones de Constantino.

Ver para creer.

También hay eurodólares y petrodólares, pero el dólar sigue siendo el "real money", aquí y en San

Petersburgo (Florida).

Parece que los comunistas franceses e italianos han conseguido ganarse la confianza del electorado

gracias a su demostrada capacidad de gestión a nivel municipal y a su fama de incorruptibles. Algo es

algo, en estos tiempos que corren.

Pero dicen los anticomunistas, con cierta razón, que el peligro de las huestes de la hoz y el martillo radica

en que, una vez en el poder, se transfiguran como el doctor Jeckyll y ya no hay quien los eche ni a

bastonazos. La historia parece dar la razón a quienes tal pretenden. Y no hay manera plausible de resolver

rápidamente el problema, porque, si el argumento es cierto, probar a dejar el Gobierno a los comunistas

podría resultar suicida. Qué hacer?

Lo único factible es permitir que los eurocomunistas se expliquen y participen en la vida política. Por sus

hechos se les conocerá. Si la función crea el órgano, si la evolución es una constante de la naturaleza y si

no hay mal que cien años dure, es de esperar que, por muy aviesas que sean las intenciones

eurocomunistas, acaben diluyéndose en el mecanismo democrático do las sociedades europeas

occidentales. No parece que la U.R.S.S. tenga ya fuerza moral para imponer su férula a ciudadanos del

mundo consumista. Graves problemas tiene en su seno, que van a la raíz de su sistema, y es muy dudoso

que controle ya totalmente a sus satélites.

De todas formas, franceses, italianos y españoles carecen de cualquier otra fórmula que la permisividad

para convivir con millones de conciudadanos que se proclaman comunistas. Ninguna de las tres

sociedades puede funcionar satisfactoriamente amputada de esos ciudadanos. Se trata, pues, de integrarlos

y no de condenarlos a priori.

Pero han de saber los eurocomunistas, y muchos ya lo saben, que serán vigilados muy de cerca en el

proceso de integración. Y que se les exigirá más, cuanto que más se les reprocha.

 

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