Autor: Ferrando Badía, Juan. 
   La nacionalidad Valenciana     
 
 Informaciones.    27/05/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA NACIONALIDAD VALENCIANA

Por Juan FERRANDO BADIA (Catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional.)

EL día 12 de los corrientes se aprobó el artículo 2 º del anteproyecto constitucional que, salvo leves modificaciones —a nuestro entender—, continúa manteniendo el mismo espíritu y contenido que en su anterior redacción. Dice así: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, Patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.» (El subrayado es lo que se ha añadido por la Comisión Constitucional en relación con la anterior redacción de la ponencia.)

La doctrina política predominante vincula el concepto de nación y de nacionalidades a su consustancial tendencia de autogobierno independiente. La definición comúnmente aceptada de nación es la que nos brindará el gran sociólogo alemán Max Weber. Dice: «Una nación es una comunidad de sentimiento que se manifiesta de modo adecuado en un Estado propio: en consecuencia, una nación es una comunidad que normalmente tiende a producir un Estado propio.»

Frente a este concepto político de nación, nacionalidades, el diputado «ucedista» Arias-Salgado apuso, en el seno de la Comisión Constitucional, lo que, con Meinecke, llamaríamos «naciones culturales», que no son más que aquéllas que poseen una cultura común sentida como tal. En este sentido, Arias-Salgado dijo que frente a la «nación Estado» había que distinguir la «nación-histórico-cultural», que —según él—-_ no tiene vocación de soberanía, pero que identifica a una determinada población en su singularidad cultural e histórica, y que es a lo que en el texto. constitucional se denomina nacionalidades». Con la aprobación del articulo 2 habrá que distinguir, pues, en España la existencia jurídica de «dos tipos diferentes de comunidades»: las «nacionalidades» y las que se denominarán «regiones».

Las nacionalidades, en su acepción «histórico-científica», han quedado «desustanciadas» y transformadas de un «colectivo socio-político en sí» en partes de un todo nacional soberano (como las regiones). He aquí las palabras del diputado Arias-Salgado: «El vocablo nacionalidad del artículo 2 no es ni puede ser fundamento de un proceso de independencia atentatorio a la unidad española. No es ni puede ser fundamento de un derecho a constituirse en Estado, sino sólo de un derecho a tener un régimen de autonomía. No es ni puede ser el fundamento para legitimar una autoridad soberana, porque la soberanía es patrimonio exclusivo de la nación española. Finalmente, no es ni puede ser tampoco fundamento para reclamar la aplicación del principio de las nacionalidades o del principio de la autodeterminación, porque se sobrepone la realidad histórica de España como unidad política nacional en la que no existen minorías o pueblos bajo dominación colonial.» Entonces, ¿qué son las nacionalidades? No son más —según Arias-Salgado— que «el reconocimiento de una singularidad y fundamento de un derecho a la autonomía, y a la autoidentificación...» (cfr. «El País», 13-V-78).

Según el actual artículo 2, ya aprobado, no vemos con claridad la diferencia entre «nacionalidades» y «regiones». La diferencia la podemos encontrar en todo caso en el mayor o menor grado de concienciación de la propia identidad colectiva y en su voluntad de mantenerla, asegurarla, desarrollarla y proyectarla mediante la superestructura jurídica adecuada. Cada pueblo del cuadrante español tiene «su» palabra y no debemos prejuzgar su grado de concienciación colectiva. A cada uno de ellos, mediante sus respectivos «referéndum» aprobatorios del Estatuto Autonómico [Vid. art. 139, ap. a) del anteproyecto constitucional tendrá la oportunidad democrática de manifestar su voluntad. No necesita de intermediarios. Lo que sí es bien cierto es que, a tenor de la definición «culturalista» de nacionalidad cristalizada en el artículo 2 del anteproyecto (y al margen de la Historia y de la teoría política), el pueblo valenciano, con los vascos, gallegos y catalanes tiene merecido el derecho a autodefinirse «nacionalidades» para designar a sus propias comunidades históricas, caracterizadas por una historia, una cultura diferenciada, una o varias lenguas (como «simples instrumentos» de intercomunicación social) y una conciencia y voluntad de identidad colectiva de mantenerla y proyectarla mediante leyes e instituciones ajustadas.

LA NACIONALIDAD VALENCIANA

El antiguo reino de Valencia fue un Estado independiente y soberano en el marco de la Corona de Aragón. El vínculo que unía entre sí a reinos, condado de Barcelona, etc., era el Rey; por eso, desde el punto de vista de la técnica constitucional, la Corona de Aragón era una «Unión Real», y, por tanto, no llegó nunca a ser ni una Confederación ni menos aún una Federación. El reino de Valencia dejó de existir a partir de 1707 —y por el primer Rey borbón, Felipe V— y no quedó encuadrado en ninguna «presunta» realidad llamada «paísos catalans», que ni el propio Tarradellas cree en ella. Se la troceó en provincias a la usanza administrativa francesa.

Teniendo en cuenta la versión que al término «nacionalidades» le ha dado la mayoría de la Comisión Constitucional, lo lógico es que ya desde ahora —y desde un punto de vista no «científico», pero sí netamente «político», y presumiendo que el artículo 2 será aprobado tal y como está— comencemos los valencianos a solicitar abiertamente la «nacionalidad valenciana», derecho que reconoce explícitamente el anteproyecto constitucional en el artículo 2 citado. Y tanto más que el real decreto-ley (17-III-78), que crea el Consejo del País Valenciano, cuando sea aprobada la Constitución, quedará derogado..., y de una manera palmaria en la denominación de «País Valenciano», ya que en el actual anteproyecto no se prevé, sino todo lo contrario, dicha terminología (cfr. arts. 2 y 139, ap. a). Este último apartado citado establece que el Estatuto autonómico deberá contener «la denominación de la Comunidad que mejor comprenda a su identidad histórica; es decir, en ©1 caso valenciano, la de Reino de Valencia, o, en su versión moderna... (y a justándonos al espíritu y letra del art. 2 citado), «nacionalidad, valenciana».

Así habremos arrinconado, con la ley constitucional en la mano, el término «País», que, con muchas reticencias y suspicacias lo contemplan tantísimos valencianos, tanto cuantos no creen en la catalanidad de Valencia: Según las estimaciones de la ilustre periodista Consuelo Reyna, son el 99,99 por 100 de los valencianos. Estamos convencidos de que este fuerte porcentaje se explicitará en el «referéndum aprobatorio» del futuro Estatuto Autonómico de la nacionalidad valenciana. La mayoría de los valencianos considera equívoco el término «país». Y califico así ese término «país» porque, unos, lo utilizan como equivalente de región; otros, de nación, y una minoría, como parte de una presunta comunidad nacional llamada «paisas catalans». Esa entelequia, recientemente acuñada, que no es difícil demostrar su inexistencia, de «paísos catalans», es lo que más esta irritando a los valencianos y a mirar, cada vez, con más suspicacia la palabrita «país». Y ya comienza la mayoría del pueblo valenciano a concienciarse de lo siguiente: E1 término país es el Caballo de Trovo por donde se nos quiere meter a los valencianos otra expresión: la de los «Países Catalans». Y así, Joan Mira dirá: «Los Países Catalanes son el marco nacional del País Valenciano...» A este respecto he de afirmar que, con la historia en la mano, nunca tuvieron realidad política «los Países Catalanes», y además afirmo que el Pueblo Valenciano posee una personalidad histórica y cultural propia e independiente del resto de los países del área catalana. El Pueblo Valenciano debe concienciarse para evitar que nadie lo sucursalice, que ningún partido, ni de «derechas» ni de «izquierdas», intente instrumentalizar sus sanos sentimientos con fines políticos. Valencia debe estar por encima de sectarismos doctrinales y políticos. Y la razón fundamental es que el Pueblo Valenciano no puede renunciar —ni está dispuesto— «a su historia, a sus hombres, a su cultura, a sus símbolos tradicionales, a su personalidad ...» (Consuelo Reyna). Y por eso los valencianos se han puesto ya en pie y en uso de su legítimo derecho se proclaman —deben proclamarse— como «nacionalidad» y no como «región». Se me hace impensable que el antiguo Reino de Valencia, ante la doble alternativa que le brinda el artículo 2 del anteproyecto, el de ser «nacionalidad» o «región», optara por la segunda, que, desde el punto de vista «político» —y al margen de lo «científico»—, y teniendo en cuenta todas las circunstancias histó-rico-políticas del ex Reino y actuales de las tres provincias (Alicante, Castellón y Valencia), sería infravalorarse y renunciar —que sería lo mismo que renegar— a la categoría que le corresponde.

INFORMACIONES POLÍTICAS

27 de mayo de 1978

 

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