Autor: Elorza, Antonio. 
   Eurocomunismo y anticomunismo     
 
 Diario 16.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Eurocomunismo y anticomunismo

Desde la perspectiva de la aspiración a conseguir en España un sistema democrático, el reciente editorial

de D16 "Carrillo y los psiquiatras" me parece aún más grave de lo que. representa la toma de posición de

un diario influyente sobre el toma de la legalización del PCE. Se trata de que la independencia de una

prensa que asume esa denominación llegue a su fin en cuanto se roza el tema del comunismo. El hecho no

es nuevo y arranca de la imagen del comunista como criminal con el cuchillo entre los dientes que tantas

publicaciones respetables difundieron en la Europa de 1920. Pero una cosa es que cierta prensa

derechista, en nuestro país como en Francia o Alemania, permanezca fiel a la receta, y otra que un

periódico como D16 incurra en un discurso vejatorio y tópico al abordar un tema tan documentado como

es hoy el eurocomunismo.

El desarrollo del citado editorial, suscitado el día 22 por la previsible negativa ministerial a la

legalización, puede resumirse fácilmente: un sistema democrático requiere la admisión legal del Partido

Comunista, pero, en favor de la decisión del Gobierno hay que recordar que el PCE no puede todavía ser

considerado como un partido democrático cabría apostillar aquí que a pesar de sus constantes

declaraciones). Luego el PCE debe sacar su certificado de buenas costumbre?, dar pruebas de su sentido.

Ahora bien, opinamos nosotros, si sus palabras y la práctica política de las dos últimas décadas —y de las

últimas semanas— no sirven a estos efectos, ¿cómo quebrar el círculo vicioso?

Porque llevado al extremo, el argumento de D16 sobre la prueba de la democracia solamente podría

contrastarse de una manera: ocupando los comunistas el poder. De otro modo cualquier declaración

previa de buenas intenciones sería reconducida al viejo tema del lobo disfrazado con la piel de cordero. Y

no hace falta decir que la derecha no va a renunciar por las buenas a un tópico tan rentable, siendo por

otra parte absurda a corto plazo la perspectiva del por como partido de gobierno.

Cuarentena

Lo que viene a proponer Dl6 respecto al PCE es, en consecuencia, una cuarentena y una depuración

paralelas. Respecto a la primera, no parece tener una apoyatura sólida, ya que no se le ha exigido a

personas y grupos que sí han dado sobradas muestras de su talante antidemocrático ocupando posiciones

de poder bajo el franquismo. Claro que podría serle objetado que la desconfianza de D16 hacia el carácter

democrático del PCE es puramente doctrinal, ya que el artículo arranca de criticar la no legalización como

"una innecesaria hipoteca sobre nuestra normalización política". Pero no se esgrimes argumento alguno

para esta proposición, que aparece así dictada por una simple conveniencia política o "razón de Estado" y

en cambio llueven de inmediato las consideraciones en apoyo de la prueba de limpieza de sangre

democrática, lo qué inevitablemente ha de constituir un apoyo indirecto de la medida del Gobierno.

Mención aparte merece la petición de que el PCE se libere de esa chusma musulmana que son los

cunhalistas. Pensamos que sólo a través de un residuo autoritario puede explicarse que un órgano de

prensa crea su deber dirigir la carga de la brigada ligera en el interior de un partido político. Y más

curioso aún resulta que en nombre de la democracia se proponga una depuración staliniana. ¿No se dice

en el editorial que a los "eurocomunistas" les falta democracia interna? Sería peligroso para la prensa

entrar en el camino de buscar en el seno de los grupos políticos aquellas tendencias o personajes que

juzgasen perniciosos para a continuación solicitar su exterminio. Podrían así detectarse el infiltrado

bolchevique en la socialdemocracia, el ateo entre los democristianos o la minoría antimaoísta de ORT.

Eso, en el supuesto de que en el actual PCE exista esa Oposición Interior Cunhalista tan próxima a los

Hermanos Musulmanes de hace unas décadas.

Evolución

Si tales son los propósitos del editorial, no es extraño que sus argumentos centrales incluyan una dosis

considerable de desinformación. Aún pesan, por lo visto, décadas de manipulación y un sector de la

prensa puede seguir haciendo comulgar a su clientela con ruedas de molino que en cualquier otro país

europeo no sólo calificarían al emisor de derechista o izquierdista, sino ante todo de incompetente. Hay

quien puede, de este modo, jugar aún con el espectro de la III Internacional, con los crímenes de la

masonería, ettétera. Las afirmaciones de D16 sobre el eurocomunismo escapan difícilmente a esta

catalogación: "Es mucho —advierte— lo que han de evolucionar todavía los eurocomunistas para

conseguir la credibilidad democrática." Cabría preguntar al editorialista si conoce una sola línea de

"Berlinguer y sus muchachos" o si está mínimamente informado sobre la política parlamentaría, regional

y municipal del PCI en estos últimos años. ¿Qué tienen entonces que hacer los eurocomunistas para

probar su carácter democrático, más allá de desarrollar un discurso y una práctica del todo acordes, en el

caso aludido de Italia, con el marco normativo e ideológico de la Constitución de 1948?

Derechos humanos

Llegamos al punto de la condena de las violaciones de los derechos humanos en la U.R.S.S. y

Checoslovaquia. El reproche tiene una base bien endeble. No pretendo sentar aquí plaza de archivo

viviente, pero creo recordar frecuentes intervenciones públicas del PCF respecto a la U.R.S.S., llegando a

la participación de Marcháis en mítines de denuncia. La posición oficial de los comunistas españolas e

italianos sobre Checoslovaquia fue rotunda desde el primer momento. Lo que no creo que les corresponda

a ninguno de ellos es iniciar la cuestación para el monumento a Soljenitsin ni organizar comandos tipo

Entebbe para liberar a los afectados por prácticas stalinianas. Ni tampoco comenzar su programa con la

descalificación de la U.R.S.S. cuando hay tanto que barrer en casa.

Claro que si los lectores no tienen conocimiento directo de las intervenciones de Berlinguer y Carrillo en

la Conferencia de "peces" de Berlín, en junio pasado, por buscar un ejemplo próximo, los juegos de

palabras pueden sostenerse. Aunque desde el punto de vista de la honestidad informativa la valoración

haya de ser otra.

Para terminar, sólo la expresión de un deseo: que la prensa democrática asuma su labor de información y

crítica respetando los mínimos exigibles do rigor y conocimiento en las informaciones que transmite. En

el caso do D16 tal exigencia suele ser la norma de sus editoriales. ¿Por qué no mantenerla al abordar el

tema del comunismo?

Antonio Elorza

 

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