Autor: Dasi, Ricardo. 
 Jose Luis Albiañana:. 
 "Salgo del Consell totalmente arruinado"     
 
 Interviú.     Páginas: 4. Párrafos: 34. 

JOSÉ LUIS ALBINANA:

«Salgo del Consell totalmente arruinado

Por RICARDO DASI

Fotos: JAIME FRANCO GARBI

Como les cuento: toda la corte de oportunistas, de lameculos y de guardaespaldas del presidente Albiñana está ya sin trabajo. El día, claro, tenía que llegar. Durante casi seiscientos días medraron a la sombra de este inolvidable personaje socialista que se creyó el ombligo de la política valenciana y mártir de la Autonomía. Lo cierto es que hizo lo que le vino en gana saltándose a la torera los planteamientos legales y ejerciendo descaradamente una dictadura que congregó odios de la derecha y de la izquierda.

Ahora, en estos momentos, se encuentra sin su poltrona presidencial, a la que tanto se aferró, y con una querella criminal ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, por presunta malversación de caudales públicos. Egocéntrico, polémico y arbitrario, ha conseguido en sólo dieciocho meses lo más difícil:

enfrentar a todos los valencianos entre sí.

«Me siento un mártir del proceso autonómico valenciano»

Se esfuerza en sonreír y son casi las dos de la mañana. Le acompañan en este trance los incondicionales, los «albiñanistas», pero él se siente completamente solo.

-Yo salgo de la política, del Consell, totalmente arruinado. Y con deudas por todas partes, que ahora trataré de enfrentar ejerciendo mi profesión de abogado. Mi mujer, Concha, trabajaba, pero ese trabajo lo perdió cuando yo fui elegido presidente del Consell del País Valencià. Concha es diseñadora y no encajaba d que la fábrica que le compraba la producción lo hiciera a la mujer del presidente. Y entonces nos quedamos reducidos tan soto a unos ingresos. En fin, éste es un capítulo que ha exigido una cierta capacidad de sacrificio, pero que tampoco vamos a exagerarlo porque hay gente que vive peor en política y fuera de ella. El sueldo de parlamentario —d único que tengo— me sale por unas sesenta mil pesetas. Y esto no lo tiene el cincuenta por ciento de los españoles.

—¿Por qué renunciaste pues al sueldo de presidente del Consell?

—Por dos razones: en primer lugar porque si yo cobraba resentía la capacidad presupuestaria de Presidencia del Consell. Y en segundo lugar, no lo reclamaba porque veta que mi partido ha tenido que asumir un esfuerzo brutal de implantación de cuadros y de hacer frente a unos costos de campañas electorales, de organización, etc. y yo no debía ser una carga ni una excepción.

—No tienes una peseta y además te han agredido con huevos y te ponen bombas, ¿te sientes un mártir?

—Hombre, no lo había pensado hasta ahora; pero sí, me siento un mártir del proceso autonómico valenciano. Principalmente en la lucha por la vía autonómica del artículo 151, de la que no he claudicado.

—¿Qué se siente cuando uno es agredido así?

—En principio te diré que sufrí un atentado, con artefacto explosivo, el pasado día 25 de abril. En mi casa. Y sin pretenciosidad de ninguna clase, yo he pensado siempre en esos momentos de agresión a mi persona, que a la democracia y a la autonomía quizá le falten muchos mártires. Y si a uno le toca vivir ese papel histórico, pues bendito sea. Eso, en el caso de una reacción asumiendo mi papel político. En otro aspecto, como hombre, pienso que esos que se hacen los valientes en público no son capaces de venir a insultarme ni a tirarme huevos, cara a cara. Lo que no se puede es ir a la cabe, como en una romería irracional, a tirarle huevos a un presidente o a un gobernador. Esto es una manipulación clara de apoyarse en unos sectores que no saben manifestarse en la violencia. Los psiquiatras o los psicoanalistas tienen que decir».

—También la derecha del Consell ha dicho mucho y malo de ti.

—Y yo callaba.

-¿Por qué?

—Porque si entraba en polémica

«Soy el político más popular en el País Valenciano después de Suárez y Felipe González»

«Soy consciente de que está formándose en Valencia una organización similar a la ETA»

la institución se iba al traste. Siempre he tratado de evitar el conflicto, aunque fuera callando. Mi papel ha sido siempre muy difícil, ya que la derecha tiene la prensa, desde donde se ha ridiculizado al proceso autonómico y a su presidente. Y ante esto yo tenía que callar, ya que siempre corría peligro el Consell, institución que he defendido siempre y defendiéndola me voy. Nunca he presentado batalla a ese boicot de la derecha anclada en el pasado, que no quería en modo alguno el proceso autonómico. Porque digámoslo ya: no se puede elaborar la autonomía a golpes de estar en Madrid toda la semana y venir algún que otro fin de semana, a Valencia, como ha hecho Abril Martorell. Eso no es forma de controlar el proceso autonómico valenciano.

— Ahora ya no callarás, claro.

—No. Ahora se van a enterar de lo que vale un peine. La violencia de la derecha ha tenido éxito, pero la gente no callará. Los que luchamos antes seguiremos ahora. No crean que esto se solucionará con el artículo 143. Quien piense así se equivoca. El pueblo valenciano ha tenido ya demasiada paciencia. Es inconcebible que todas las carteras del Consell del País Valencia estén en manos de UCD, dirigidas por Monsonís.

—Eso: Monsonís, el superconseller. Que dicen que te ha estudiado a fondo..

—Me extrañaría. Porque para eso sería necesario un grado de inteligencia que no se lo atribuyo. Soy consciente de que la derecha aquí boicotea el proceso y que ha hecho y hace uso de todos los instrumentos a su alcance. Y para ello, ha elegido a los peores. De un Monsonís nadie puede enorgullecerse. Monsonís es el cordero pascual sacrificado por las gentes de su partido. A quien hay que pedirle responsabilidades no es a el, sino a Abril Martorell. Quede claro...

—Lo que no está tan claro es que te gastases más de medio millón de pesetas en una cafetería.

—Oye, ¿pero todo esto va a salir en INTERVIÚ? A mí no me importa, pero esto es «cargarse» la credibilidad del Consell por unas estupideces. Verás, yo he trabajado en el Consell desde las nueve y media de la mañana hasta las dos de la madrugada. No he podido comer en casa, desgraciadamente ni un solo día. Y por tanto, en algún sitio tenía que comer y el gasto, lógicamente, lo cargaba a la actividad que desarrollaba, porque no comes alli por gusto. Esto me parece absurdo. Yo no entro en averiguar las facturas de otros consellers y sus comidas y sus regatos que hayan podido hacer, como cajas de Chivas Regal, etc, porque me parece una estupidez como mínimo decirlo. Quien intriga así me parece un ser alucinante.

—Existe una carpeta entre consellers con la lista de tus irregularidades.

—Me parece una desfachatez centrar la política autonómica en este terreno. Si realmente hay una acusación de corrupción contra mi persona, se dice abiertamente y ancha es Castilla. Qué mejor éxito que demostrar que un sujeto se ha llevado de los fondos públicos equis miles para él y sus amigos. Eso me parece una política barata. Mira: Enrique Monsonís no ha sido más que uno de aquellos luchadores de catch sonados y paseados por las ferias dé pueblo, que les ponen una máscara y tos relanzan para ser el Tigre de Bengala o el Enmascarado de Plata, que entretiene al público durante la temporada de horas bajas. Monsonís no ha sido más que la expresión de la nula voluntad de UCD en el proceso autonómico y que me lo han colocado en el Consell de defensa secante, a base de zancadillas y patadas a los tobillos.

Yo te digo una cosa muy clara: si el señor Monsonís es tan escrupuloso por las haciendas ajenas, que diga él a la opinión pública los dineros que él se ha llevado del Consell. Por corto y por derecho.

— Hay más cosas de las que se te acusa.

—Dios mío. Parece increíble...

—El coche de tu mujer, el tuyo, el de tus amigos.

—Verás. Como te he dicho, la mitad de estos dieciocho meses me los he pasado viajando y recorriendo las comarcas valencianas, y la Diputación sólo me puso un coche. Como necesitaba para mis colaboradores, tuve que echar mano del mío, un FU, que ya he tenido que vender, y el Mini de mi mujer, y el de algún colaborador. Y lógicamente, la gasolina y tos arreglos de taller por esos servicios públicos, no los iba a pagar yo, sino el Consell. Pero, oye, ¿todo esto va a aparecer en INTERVIÚ?

—José Luis: la bandera. La que se inventó el Consell.

—Mira, la bandera venía a ser una respuesta desesperada para sacar al País Valencia del agujero que el conflicto animado por la derecha iba gradualmente socavando. El Consell trataba de simbolizar a la vez, varias cosas: primero, la existencia en sí del ente preautonómico y por tanto su credibilidad moral para resolver los conflictos. Segundo, el interés de dar una imagen unitaria de todo el País Valenciano que no riñera paralelamente con antecedentes históricos. Y aunque no soy hombre que medie en estos temas con razonamientos exclusivamente historicistas, evidentemente que se tenían que incorporar a la bandera las cuatro barras como símbolo base de la historia de este país. Y además, tenía que haber un elemento diferenciador. Tercero, la posibilidad de que el Consell estuviera por encima de todos los conflictos.

— Pero tú le anunciaste al rey que sería el mismo pueblo quien eligiese su bandera, la bandera de todo el país.

—Yo no he defraudado aquellas palabras ante el Rey. Esta es la bandera del Consell; la bandera del país la elegirá el pueblo.

— Pero la derecha se niega.

—Ese es el drama de este país. El drama de una vergüenza que todos los valencianos sentimos cuando proyectamos una imagen ridicula y trivial a nivel de Estado. Se nos dice si es que no tenemos otras cosas que discutir más allá que siete centímetros de bandera.

—Se quemaron banderas en el Ayuntamiento y en la Generalitat y...

—Es terrible. Se quemaron banderas, hubo muchos avisos de bombas en el Consell, se presionó con miles de personas amenazando, se agredió con huevos al presidente... Es terrible. Me parece que no se cuestionaba el resultado de las decisiones, sino la misma capacidad de decisión, que es lo más triste. No es un problema de heráldica el que discutimos.

—No, claro. De vexilología. Porque un escudo no cambia una bandera.

—La heráldica y la vexilología irían muy bien para las diferentes tesis que se manejasen de cara al Estatuto de Autonomía. Pero respetemos los pasos, en vez de atacar al Consell. Yo llegué a ofrecer hasta dieciocho modelos de banderas al pleno del Consell. Y se registraron posturas muy curiosas. Todo eso está grabado y lo puedes confirmar. Yo hice un gran esfuerzo por la unidad de criterio entre todas las fuerzas políticas. Pero se malogró. De todas formas a mí me sabe mal todo esto, y que insistamos en este tema, porque es caer en la dialéctica de la derecha. De politizarlo, y como es conflictivo, no resolverlo.

Para mi la bandera del Consell tiene un cariño enorme.

—¿Sabes que se ha presentado querella criminal contra tí, en el Supremo?

—jAh, pues muy bien!

—En la Sala Segunda. En Madrid. Por presunta malversación de fondos públicos.

—Bien, Pues ya veremos.

—¿Qué me dices de la formación de una organización similar a la de ETA, en el país valenciano?

—Que soy consciente que se está formando. Y la derecha tiene la culpa.

— ¿Tú conoces esa formación?

—Yo sé que está formándose para poder luchar contra esa derecha que reacciona con violencia, con dureza,frente a un proceso político de renovación de la sociedad. El gran enemigo ha sido la burguesía agrarista, financiera y comercial que ha tenido al país valenciano sometido a un corsé y una opresión, tanto cultural como política. Y así no hay manera.

—¿Se ha acabado el Albiñana político?

—No. Yo estoy a disposición de mi partido. Hemos de seguir luchando por la vía autonómica del 151; por conseguir la autonomía plena. Y por...

—Pero tú, como socialista de la base. ¿O aspiras a ser secretario general?

—Ya veremos. Lucharé cuanto haga falta.

—Una cuestión: ¿país, reino o región?

—Te diré que hay diputados y políticos que cuando les pones por medio la palabra «país», palabra que ellos hendieron o firmaron a la hora de un decreto ley, luego se echan atrás diciendo que es reino o reglón. Y esta es una grave responsabilidad política de fomentar el conflicto. Y acabas preguntándote qué pasa con esa derecha.

—¿Y tus hijos, qué dijeron al saber que ya no eras presidente?

—Se alegraron mucho y soltaron un «{Viva!».

(Esa misma noche, gran parte de Valencia —incluidos muchos socialistas— levantaron su copa de champán. José Albiñana ya no era presidente del Consell. Aquí, en su despacho, el hombre que había enfrentado a propios y extraños, sonreía débilmente, desde la barba casi apostólica.)

 

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