Autor: Viñals i Soler, Ramón. 
   Los derechos de Valencia     
 
 Diario 16.    13/01/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

RAMÓN VINALS I SOLER

Diputado independiente en el Parlamento de Cataluña»

Los derechos de Valencia

El autor del artículo responde a la subdirectora del diario «Las Provincias» y le dice que la tentativa de involucrar a los catalanes en el tema valenciano es una maniobra de diversión carente de fundamento y plena de irresponsabilidad. También Viñals arremete contra UCD, a la que atusa de falta de visión de Estado.

Empezar este nuevo año de 1982 diciendo que España tiene problemas urgentísimos que resolver podría parecer grotesco por obvio, pero después de leer el artículo «Valencia reivindica sus derechos», publicado en estas mismas páginas por la subdirectora del diario «Las Provincias», María Consuelo Reyna, resulta obligado recordar que nuestra situación económica, nuestro creciente paro, nuestra necesidad de descentralizar la administración..... la de mejorar nuestra defensa, y en definitiva, la necesidad de salvar la democracia, son todos ellos motivos más que suficientes para que Veamos con desasosiego cómo se crean problemas innecesarios en función de intereses partidistas o personales.

El problema

Por tanto, que a estas alturas alguien como la subdirectora de «Las Provincias» nos amenace además con la aparición de un futuro problema valenciano-catalán es de una temeridad inaudita e indica que algunos no saben lo que están haciendo con España.

Como el amable lector ya debe recordar la discusión del anteproyecto de Estatuto para la llamada región valenciana ha sido laborioso, y no exento de violencias físicas causadas por facciones extremistas, que han culminado con graves atentados a personas, haciéndose patente la progresiva desfachatez de la extrema derecha que no ha vacilado en abandonar el «bunquer-barraqueta» para asestar asesinos golpes de mano. Pero, crispaciones aparte, Los partidos mayoritarios, UCD y PSOE, llegaron a un acuerdo y votaron un texto que parecía ser aceptable para la mayoría, y que «... los que quieren construir una falla a costa de los catalanes deben darse cuenta de que prenden el fuego de la discordia y que algo de España van a quemar».

como tal fue presentado en el Congreso de los Diputados. Y ahora, hoy, en este punto del trámite parlamentario nos encontramos con que UCD rompe el pacto y propugna cambiar «País Valenciano» por «Reino de Valencia», la bandera cuatribarrada por la ídem con franja azul, y la «lengua catalana» por «lengua valenciana».

Región

A la vista de los hechos hay que resaltar dos evidencias: Primero, que estamos ante un problema extrictarnente valenciano, que los habitantes de esta región debatan; resolver por sí mismos, y que cualquier tentativa de involucrar a los catalanes en el tema es una maniobra de diversión carente de fundamento y plena de irresponsabilidad. Y segundo, que una vez más hemos de preguntarnos: ¿Qué pasa con la UCD?, pues de nuevo, y al igual que en Extremadura, Andalucía, Segovia, etcétera, sectores de este partido demuestran una gran falta de visión de Estado.

La región comprendida por las provincias de Castellón, Valencia y Alicante tiene un contenido cultural, social y económico lo suficientemente fuerte e importante como para diferenciarla netamente de las demás zonas del posible mapa autonómico Español. Por tanto, con esta riqueza propia, consolidada por una elaborada tradición, parece mentira qué existan tantos problemas para dotar a su Estatuto de los correspondientes signos de identidad: Nombre, bandera y lengua. Menos mal que en este caso la capitalidad no esta en discusión.

Como a nadie escapará, este artículo tiende a contestar —a nivel de intercambio de pareceres— al de la citada subdirectora de «Las Provincias», y, por tanto, no sería honesto obviar los temas en debate y no aportar además algunas opiniones con espíritu constructivo, y en la línea de la editorial de este DIARIO 16, en _ la que terciando en la disputa sobre el nombre, se propugnaba la solución salomónica de dejarlo en un escueto «Valencia».

Excelente solución a la que se podría añadir otra propuesta: ¿Por qué na dejarlo en «Levante»?, nombre tradicional de la zona geográfica en cuestión, a pesar de que algunas veces se ha hecho extensiva a parte de Murcia-Albacete, y que tiene la ventaja de romper un peligroso centralismo de la Ciudad de Valencia la cual, desde 1a bandera con franja azul hasta el folklorismo irrelevante de la paella, parece inconscientemente acaparar todas las homologaciones en detrimento de Castellón y Alicante.

Por otra parte podemos afirmar que la inmensa mayoría del pueblo catalán —individualidades aparte le importa un comino lo que en definitiva hagan, sus vecinos del sur, que por algo es secular tradición política la de dejar hacer a los demás lo que quieran. Asimismo, debería saberse que esto del «Principado de Catalana», esgrimido para justificar lo del «Reino de Valencia», no vale por desconocido del pueblo y si en el Parlamento catalán alguien saliese con la versallesca definición se armaría un jolgorio de los de poner orden en la sala.

La lengua

En cuanto a lo de la lengua valenciana esto ya es harina de otro costal, y es de creer que escapa a lo opinable, siendo un tema puramente científico, y, por tanto, no sería bueno cometer errores de este calibre en los máximos textos legislativos españoles.

Desgraciadamente en este tema de la lengua subyace en algunos casos un doloroso repudio de lo catalán, que será muy peligroso si se generaliza, pues en lugar de las identidades propias de la región, pues se empieza renegando de los antepasados y se termina olvidando los orígenes y, como decía Puig i Cadafalch, «pueblos en decandencia lo serán aquellos que olvidan su pasado».

Menos mal que este problema de la lengua valenciana» no se le ha presentado al catalán ni en el sur de Francia, ni en Cerdeña, ni en las islas Baleares, y ni tan sólo, en Lérida donde podrían muy bien reivindicar el «lleidetá». ¿Qué diríamos si al castellano le ocurriese lo mismo por todo América, o simplemente en Andalucía? Seriedad, por favor.

Pero, en fin, no nos queda sino esperar que los mecanismos de la democracia tengan la virtud de ser suficientes para luchar contra los que quieren sacar las cosas de quicio, y que con el debate parlamentario y con el posterior referéndum las cosas se clarifiquen y sean lo que deben ser.

Y en esta época de buenos propósitos para todo un año, esperemos también que quienes quieren construir una falla a costa de los catalanes se den cuenta de que prenden el fuego de la discordia y que algo de España van a quemar.

El crear cordialidad y comprensión entre todas las gentes de nuestro país debe ser hoy una de nuestras primordiales preocupaciones, y además misión obligada de políticos y periodistas si es qué realmente están interesados en que de una vez por todas vivamos en la democracia. .

 

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