Autor: Dávila, Carlos. 
 El Estatuto Valenciano, devuelto. 
 Práctica ruptura del pacto autonómico entre UCD y el PSOE     
 
 ABC.    10/03/1982.  Página: 1,13. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

El Estatuto valenciano, devuelto

Práctica ruptura del pacto autonómico entre UCD y el PSOE

MADRID (Carlos Dávila). El pacto entre los dos grandes partidos parece haberse roto, entre los aplausos socialistas y la impavidez y malhumor de los centristas, que no daban crédito a la electrónica cuando contemplaban ayer cómo el Congreso negaba viabilidad al Reino de Valencia, sobre la que Fernando Abril había construido todo el Estatuto de Valencia. No sé si los diputados de ambos grupos se han dado perfecta cuenta de que la concertación nacida tras el golpe de Estado ha muerto.

¿Quién ha roto los pactos? Mi respuesta es que «todos». Los centristas, porpue no han respetado la letra del primitivo Estatuto pactado en Berticasim, que hablaba específicamente de «País Valenciano», y los socialistas, porque no recuerdan, interesadamente, que UCD se plegó a tal denominación para no causar la escisión del PSOE valenciano. Y aparte de PSOE y UCD, claro está, Fernández Ordóñez. La postura del líder socialdemócrata y de su grupo residual no se puede analizar con explicaciones puramente políticas; los incumplimientos de Ordóñez y de sus diputados son una agresión a la ética y a la coherencia. Aún por la mañana, los socialdemócratas escindidos de UCD aseguraban al presidente del Gobierno que no dejarían solo al Gobierno ante la oposición; después y con la excusa de que habían prometido sólo votar a la totalidad, se alinearon en contra de los centristas. En resumidas cuentas, Acción Democrática hurtó ayudas por una sola razón: porque no estaba conforme en el punto clave del Estatuto: la denominación de País o Reino. Entonces ¿corno iban a votar a la totalidad del proyecto?

Del grupo parlamentario de UCD faltaron diez diputados, entre ellos tres ministros. También ellos o quien no les avisó, son culpables, lo mismo que el centrista valenciano que se abstuvo.

A partir de ahora, cada palo que aguante su vela. No lo tiene fácil el Gobierno. Lo más posible es que el Gabinete que preside Leopoldo Calvo-Sotelo tenga que optar —ya lo anticipaba algún ministro— por gobernar en solitario, sin plegarse a las exigencias, cada día más perentorias, caprichosas o simplemente excesivas de sus aliados de ocasión. En esta coyuntura política tan de-licada, el Gobierno tiene que hacerse respetar y quizá solo lo consiga imponiendo su propio calendario y sus apetencias parlamentarias.Gráficamente un miembro del Gabinete aseguraba ayer: «De aquí en adelante, solo debe salir lo que UCD quiera que salga.»

Sea ésta una advertencia, un aviso o, sencillamente, un deseo, no resulta mala táctica.

Había prometido apoyar al Gobierno

El grupo de Fernández Ordóñez votó en contra deUCD

Supone, desde luego, una ruptura tácita —no hace falta que se haga explícita— de los pactos que con tanta dificultad formalizaron el año pasado los dos grandes partidos. Si, en definitiva —incluso debe soportarla el presidente del Congreso, Landelino Lavilla, que, al parecer, y según el Gobierno, adelantó sesenta minutos la votación del articulado del Estatuto— prospera esta estrategia, es probable que dos grandes leyes, como la de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) o la de Autonomía Universitaria (LAU), duerman el sueño de los justos y queden arrumbadas para mejor ocasión. No creo, sin embargo, que los socialistas estén dispuestos a tolerar el triunfo de tamaña teoría. Felipe González repetía públicamente que lo que hay que hacer ahora «es comenzar a hablar de nuevo» y llegar a un acuerdo sobre los puntos conflictivos. En una frase, el PSOE intentará continuar gobernando en «coalición simulada» una fórmula que permitiría al primer partido de la oposición llegar a las elecciones con un caudal de credibilidad importante, con una imagen de «responsabilidad estatal», que ha sido el primer objetivo de su secretario general, Felipe González.

Por eso insistirá en los pactos, que es su mejor arma para influir directamente sobre la política dubitativa del Gobierno. Un centrista valenciano advertía ayer por la mañana a Calvo-Sotelo de lo «que iba a pasar por la tarde». Y pasó.

Otra de las grandes lecciones que pueden derivarse de este Pleno es la dificultad de la mayoría natural.

El Pleno de la jura o promesa de la Constitución se convirtió en el de la ruptura. Lo más peligroso es que puede ser aprovechado por los enemigos del sistema, los mismos que ayer mismo denunciaban los pactos. Estas sesiones parlamentarias son normales y frecuentes en cualquier democracia, como lo son las consecuencias que de ellas pueden extraerse. El fracaso de una ley no es el de un régimen.

 

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