Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Reino es, Reino será     
 
 ABC.    17/03/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

De ayer a hoy

Reino es, Reino será

Me pregunto cuál será la peculiaridad constitucional que ha hecho posible transformar lo querido por un pueblo en lo contrario de lo que ese pueblo quiere. Valencia es un Reino desde el siglo XI, por lo menos, cuando se rompió la unidad árabe. De modo que los valencianos no tratan de ser originales, sino de seguir la Historia. Ni siquiera Abril Martorell es original. Abril Martorell es un anacronismo. Dado que es incapaz de organizarse como bienhechor de la Humanidad, ya se sabe que en cuanto aparece cae granizo, o el rayo mata a la mula o nace un ternero con dos cabezas, o sencillamente la democracia se desmaterializa en el Congreso de los Diputados. En esta ocasión ha pasado lo último. Para que los valencianos estén dispuestos a no quemar las fallas, que viene a ser como si un pez estuviera dispuesto a no bañarse, tienen que sentirse muy heridos.

El concepto de Reino, en Valencia, es un concepto innato, y la mayoría de los valencianos se han limitado a reivindicar esa evidencia. Y, como toda evidencia, reposa en sí misma frente a cualquier mudanza.

Moros y cristianos pasaron por allí, Cides y Almanzo-res, guerras de religión se vieron y subversiones sociales, pero siempre fue aquéllo el Reino de Valencia. En el Estatuto se dice Reino, en el reglamento de las peñas falleras se dice Reino, en las casas y en la plaza pública se dice Reino, y los niños dicen Reino.

Los pájaros, cuando pían, y las flores, cuando perfuman, dicen Reino. Todo cuanto es de Valencia dice Reino. Pero entonces, ¿a quiénes representa y a quiénes sirve el Congreso de los Diputados? ¿A los húngaros?

Como el destino no sólo se ensaña en los tangos, vemos que precisamente este domingo se enfrentan los equipos de fútbol de Valencia y Barcelona, lo que puede significar el estallido de una nueva y específica Germanía. Subleva al buen espíritu el ver qué en el Congreso de los Diputados el énfasis es superior a la inteligencia, y que las cosas —las realidades— dejan de entenderse en cuanto las tocan allí. Miro a los diputados como a los arúspices de la decadencia del arte adivinatoria, que ya no se manchaban las manos desentrañando a las aves, y así fueron separándose de toda experiencia primaria, de todo conocimiento del destino, cayendo en una situación fraudulenta.

Quizá no quemen las fallas, pero Valencia arde. Y mucho me temo que el noble arte adivinatorio —la penetración o desentraña-miento del íntimo deseo de los valencianos— haya sido sustituido por un ocultismo comercializado que en vez de resistir cierta voracidad irracional la complemente.—CANDIDO.

 

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