Valencia: Lo fundamental y lo accesorio     
 
 Diario 16.    20/03/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Valencia: Lo fundamental y lo accesorio

La actitud de los falleros, que han retrasado.esta madrugada la «crema» en señal de protesta por lo ocurrido en el Parlamento con él Estatuto, demuestra que el «valencianismo» es un sentimiento vivo, muy arraigado de forma beligerante en amplios sectores del pueblo.

Junto a la afirmación de una serie de valores propias, con mayor dimensión folklórica que calado cultural, el valencianismo supone hoy una terca y sincera actitud defensiva frente a los delirios de grandeza que inspiran él mito de los Paisos Catalans.

Por extrañó que parezca el añejo conflicto secular entre el proteccionismo catalán y el librecambismo valenciano, vuelve a aflorar con toda virulencia diez años después de la llegada del hombre a la luna. A elfo han contribuido, por un lado, el sentido mesiánico que impregna la política de gestos del señor Pujol desde la Generalitat; y, por el otro, el electoralismo de un sector de la UCD local, dedicado a estimular

Es evidente, sin embargo, que la palma de la inconsecuencia, se la llevan los hombres del PSOE, quienes incapaces de pergeñar «temáticas progresistas originales a la atrasada configuración estamental de la sociedad valenciana han incurrido a menudo en el fácil mimetismo catalanista, sin reparar que le hacían el juego a una burguesía tan reaccionaria como la propia.

La crispada guerra de los símbolos ha desemboca-do en un callejón parlamentario cuya única vía de salida es la transacción y el pacto. El que las cosas sean así no tiene por qué indignar a los valencianos, pues el consenso nacional es Una de las bases del Estado autonómico y otras comunidades de manera notable Cataluña, Andalucía y el País Vasco- se han visto obligadas con anterioridad a matizar sus aspiraciones en el cedazo de la Carrera de San Jerónimo.

Por fortuna para los valencianos, los focos de conflicto no son en su caso cuestiones de fondo. Comprendemos el valor emotivo que para ellos tienen algunos de sus símbolos, pero hasta los más exaltados tienen que convenir en que el contenido de la- política autonómica no diferirá un ápice por el mero hecho de que el nombre de la comunidad sea uno u otro.

La orientación más o menos «valencianista», más o menos pancatalanista, de la política del Consell dependerá exclusivamente del resultado de las próximas elecciones autonómicas, en las que ya serán sólo los valencianos los habilitados con voz y voto.

Si como parece las actitudes «valencianistas» son las más arraigadas en el electorado, será entonces cuando aquellos partidos que han nadado contracorriente se encontrarán con la factura. De cara a esa encrucijada, y en vez de desgastarse numantina-mente en la estéril pugna por la denominación, los adversarios del «pancatalanismo» deberían ir pertrechando un poco mejor su infraestructura.

De nada serviría, por ejemplo, que la comunidad se llamara «Reino»- y la señera azul estuviera tan «coronada» como quisieran, si luego no pudiera llevarse a la práctica por falta de textos y profesorado la enseñanza del «valenciano» como lengua distinta al catalán.

 

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