Autor: Font de Mora, Luis. 
   Valencia o él éxito del cooperativismo agrario     
 
 ABC.    21/06/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC ECONÓMICO

21 junio 1982 / II

Opinión

LUIS FONT DE MORA.

Valencia o el éxito del cooperativismo agrario

El protagonismo responsable que permite acceder a una cierta economía de escala es el único secreto del éxito cooperativo.

El cooperativismo valenciano, a pesar de su heterogeneidad, muestra una realidad que es suficientemente válida para el desarrollo espectacular, incluso a medio plazo, de dicho sistema socioeconómico.

Tradicionalmente, desde las esferas oficialistas ha venido alardeándose de unas cifras cooperativas que escondían un buen número de fracasos. Aún a riesgo de ser tachado también de triunfalistas, redondeando por defecto unas cantidades ilustrativas, es oportuno destacar que 300.000 socios participan, con intensidad y grado de fidelidad muy dispar, en 1.200 cooperativas de todo tipo. La lógica circunstancia de ser una mayoría de socios cabezas de familia ha despertado el interés, e incluso la avidez, de todos los partidos políticos que sin excepción dicen defender la cooperación.

¿FORMULA MÁGICA?

El empleo de la solidaridad, por otra parte tan antigua como la propia Humanidad, ha propiciado la cristalización de las más diversas empresas. Porque al fin y al cabo se trata de empresas, que tienen qué funcionar como tales, por más que se ajusten estatutariamente a los principios democráticos universalmente aceptados. Así. sin pretender lo anecdótico, la común acción ha desembocado lo mismo para fabricar ataúdes en Játiva cómo para producir chufas para horchata en Alboraya, proporcionar el servicio de hamacas a los turistas en Benidorm o construir pozos para riego de hasta doscientos metros de profundidad en muchos pueblos valencianos. Claro que una mitad de nuestras cooperativas lo son del campo, hasta el punto que en alguna comarca, como la de Utiel-Requena, la totalidad de los agricultores locales son socios de cooperativas.

El protagonismo responsable que permite acceder a una cierta economía de escala es el único secreto de éxitos indiscutibles. Los fracasos habidos y por haber derivan fundamentalmente de otorgar o conceder la empresa cooperativa a los socios, en vez de edificarla desde la base. Sin más rodeos, la geografía valenciana también queda salpicada, como sucede en toda España, de fracasos aparentes como consecuencia de cooperativizar empresas inviables o prácticamente muertas. Pero ello no obsta para que en el sector del trabajo asociando los éxitos minimicen los reconocidos fracasos, creándose constantemente nuevas cooperativas que convierten a algunas poblaciones, como Ollería y la ya citada Játiva, en centros cooperativos de alto interés.

TRADICIÓN Y NECESIDAD

´Constituye una verdad a medias el aserto de que la cooperativa surge por pura necesidad. No se oculta que miles de valencianos que apenas contaban con someros conocimientos sobre técnicas cooperativas han desarrollado empresas cooperativas de gran dimensión. Tampoco debe olvidarse que junto a personas empapadas de ilusión, rabiosamente proselitistas,, como fueron Pérez Pujol, el jusuita padre Vicent y Polo de Bernabé, así como más recientemente Carrión y Mascaros, han surgido pequeños grupos animadores capaces de catalizar la acción cooperativa local.

Por otra parte, los nuevos logros han podido y querido descansar en lo ya tradicional y ejemplar, de tal manera que la personalidad del cooperativismo valenciano destaca por el respeto a unos modelos que, en definitiva, suponen la organización desde la base local.

SECTOR AGRARIO

Si bien las cooperativas del campo fueron precedidas de realizaciones industriales, pues ya en 1837 y 1838 se crearon las de escoberos y papeleros en Torrente y Buñol, respectivamente, el dinamismo del sector agrario mantenido desde principios de siglo ha permitido la explosión cooperativa actual.

Él modelo valenciano muestra más de 100 Cajas Rurales que están organizadas como secciones de crédito de las cooperativas agrarias. Desde luego que el entramado del crédito cooperativo permite la existencia relacionada de Cajas rurales locales, comarcales y provinciales. Pero las envidiadas cooperativas valencianas de comercialización pueden exportar con éxito creciente gracias a mantener secciones de crédito que constituyen el motor económico de dichas sociedades.

Las cooperativas valencianas, concretamente las agrarias, han ganado ya la credibilidad como empresas competitivas. Por algo la tercera y cuarta empresas hortofrutícolas dentro del «raking» español son cooperativas valencianas. Pero sin embargo todavía no se ha conseguido el respeto administrativo que se merece. Por ejemplo, desde hace años se mantiene un contencioso con la actitud del Banco de España y Ministerios de Hacienda y Economía, ya que se niega el pan y la sal a las originales Cajas Rurales valencianas. Originales actualmente, en contraste con el sucursalismo desaforado impuesto en la mayor parte de España, pero que fueron hace setenta años las iniciadoras en todo el territorio nacional del cooperativismo de crédito.

MERCADO COMÚN

Parte de los esfuerzos productivos y comerciales valencianos se orientaron históricamente hacia Europa occidental. Se comprende el interés de esa hipotética integración de España en las Comunidades Europeas.

Respetando siempre lo local, íntimo y fácilmente participable, se están consiguiendo, gracias al cooperativismo de segundo grado, empresas de gran dimensión. Así, Anecoop, que asocia a 65 cooperativas locales, dentro de un proceso rápido, exportará en la presente campaña más de 80.000 toneladas de naranjas y otras frutas y verduras. De esta manera las cooperativas se están preparando para el futuro «desafío europeo», intensificando la producción, creando plataformas para la difusión de la técnica y alcanzando la dimensión que permita la existencia de las explotaciones familiares.

 

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