Autor: Cavero, José. 
   Tamames, el "economista"     
 
 Arriba.    17/04/1977.  Página: 20-23. Páginas: 4. Párrafos: 96. 

Tamames, el "comunista"

"Vetar y ser sectario, en materia de Prensa, es lo mismo"

"Llevo en el Partido veinte años. Lo sabía quien quiso saberlo"

"Hace años que Moscú no tiene nada que ver con nuestro Partido"

"El eurocomunismo es algo lógico y coherente con la actual situación"

"No tenemos planteamientos totalitarios ni dogmáticos"

"He estado dos veces en Moscú. Y he hecho dos cruceros, no uno"

"Yo no utilizo la cátedra para hacer propaganda partidista"

"Estamos dispuestos a participar en las elecciones. Suponemos que habrá

garantías"

"El grave error de la política actual es llegar siempre tarde"

"Me encuentro perfectamente recuperado del grave accidente que sufrí"

Sobre las mesas, en las estanterías, se apilan libros escrito por el catedrático

de Economía, o por el dirigente político, o por «el frívolo Tamames». Hay libros

para todos los gustos: sus seis, ocho ediciones, en varias lenguas, de sus,

Estructuras Económicas nacional e internacionales, asignaturas para alumnos

universitario). Las pruebas de imprenta de la quinta edición de su polémica obra

político-histórica, «La República, la Era de Franco», corregida y aumentada,

«sin erratas y sin errores». Los cincuenta mil ejemplares de su ópera prima

novelístico-autobiográfico-política, «La historia de Elio». Y, asómbrense, la

última novedad, el último fruto literario del profesor «ecomunista», conforme

dijera el intencionado lapsus locuteril: un prólogo a una Guía Gastronómica

realizada por un amigo. Sobran presentaciones, profesor. Atención, se graba.,

días antes de que el PCE sea declarado legal...

—Sigue siendo el catedrático de Economía Ramón Tamames?

—Sí, hombre, sí. Yo soy un economista.

—¿Y la política, y la gastronomía, y .la novela, y el partido?

—Esas son situaciones especiales que genera producciones especiales.

—He leído en alguna parte que la novela es bastante mala.

—¿Eso dicen? ¿Quién lo ha dicho? Yo he leído en alguna publicación sobre ella.

Pero no opinan sobre ella la destripan, la cuentan. ¿Que si es mala me

preguntas? Yo creo que no. Creo que no. Pero, en fin, eso yo no lo voy a decir,

claro. Yo no voy a enjuiciar lo que yo he hecho. Pero me parece que no es tan

mala.

¿Y el prólogo al libro de gastronomía? Es un libro de un amigo mío de infancia,

Gonzalo Alfonso Sol de

Liaño.

—También se dice que Tamames es un sibarita.

—No, no. Lo que pasa es que yo, en ese prólogo, aprovecho para contar mis

opiniones sobre la cocina

española.

—¿Qué número de libros componen, hasta ahora, la producción de Tamames.

—La novela hace el número veinte.. veinticuatro, si no me equivoco.

—¿Y años?

—Cuarenta y tres.

—Vamos a ver, Ramón: en los últimos meses, acaso coincidiendo con tu declaración

pública de comunista, ¿no es cierto que ha comenzado a decrecer tu popularidad,

tu presencia en los medios de difusión? ¿Podría, acaso, hablarse de cierta forma

de veto?

—Bueno, sí. Yo he observado que se dan circunstancias, no diré que extrañas,

pero sí anodinas. Como por ejemplo, que en «A B C» se comenta en una columna

entera una reunión que hay en el Club de Prensa, una mesa redonda sobre

regionalismo, y estamos invitados Jordi Pujol. Joaquín Ruiz Giménez,

Tierno Galván y yo. Y se nos cita a tos cuatro, al empezar la reseña, y luego,

ya al recoger las declaraciones que vamos haciendo en la mesa redonda, yo

desaparezco totalmente, mientras se incluyen las de los restantes participantes.

Esas son cosas, repito, no extrañas. Para mí, anodinas. Yo creo que eso

no es un veto. Eso es sectarismo, que es distinto, aunque consiga los mismos

efectos. Vetar y ser sectario en materia de Prensa puede ser lo mismo, sí. ¿En

cuanto a si ha palidecido mi imagen...? No sé. Aparte de que a mí, mi propia

Imagen pública —naturalmente que me preocupa, no voy a decir lo contrario—, pero

me parece que estamos un poco con el sarampión de eso que se ha llamado el

destape político. La mayor la de los órganos de Prensa sabían con anterioridad

que yo era comunista. Lo sabían desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que al

confirmarse públicamente, parece como si, siempre que aparece mi nombre, se

vieran obligados a poner a continuación «miembro del Comité Ejecutivo del

Partido Comunista de España», lo que no me parece, por otra parte, ni bien ni

mal. Me parece normal. Pero yo sigo siendo un economista, un profesor de

Universidad, y sigo siendo un escritor.

VEINTE AÑOS ATRÁS

—Dices que llevabas ya muchos años en el partido. ¿Cuántos, exactamente?

—Veinte años. Desde el año cincuenta y seis. Desde el mes de abril.

—Debo reconocer que personalmente me costó creerlo, por cuanto había visto

publicadas, que yo recuerde, en el último lustro, más de una entrevista con

Tamames en el diario -El Alcázar-, ya dirigido por Gibello.

—Si, sí. Lo que pasa es que yo nunca me he negado a conceder entrevistas a la

Prensa. Nunca. Algunas veces, incluso, me han criticado que aparezca en algunas

determinadas revistas. Yo, salvo problemas de tiempo, al periodista que me

llama, suelo concederle la entrevista. Nunca me niego.

—Y Tamames se ha venido radicalizando de un tiempo a esta parte, en los últimos

años, en su postura política.

—No. Yo creo que no. Es decir, por regla general, uno es más radical cuando es

más joven. Lo cual viene ligado a la propia biología. A mí me parece que lo que

sucede es que con los años se van viendo las cosas diferentes. Incluso el

marxismo, yo diría que no acaba de entenderse si no fuera con el paso del

tiempo.

La visión marxista de la vida, o por lo menos con una fuerte Impregnación

marxista —yo siempre he dicho que no se puede ser marxista químicamente puro—,

ni tampoco no marxista químicamente puro—. Es decir, hay unas ciertas

impregnaciones, entre marxismo y cristianismo, en el sentimiento cívico de la

vida. Y a mí me parece que esa impregnación no se llega a apreciar sí no con el

paso de los años. Eso es lo que puede dar, algunas veces, una apariencia mas

radical. Pero no es radicalismo. Es, quizá, profundizar en el sentimiento de la

vida.

—¿En qué ha podido advertirse, en los últimos veinte años, que tú eras

comunista?

—Bueno, yo creo que todo el que quiso enterarse lo sabía, ¿no?

—Discrepo...

—No fue ningún misterio. Incluso algunos en la Universidad, antes de serlo, en

el año cincuenta y tres cincuenta y cuatro, pensaba que ya lo era. Yo entré en

el partido al salir de la cárcel, en mil novecientos cincuenta y seis, con

ocasión de los incidentes estudiantiles de febrero de aquel año. Entonces aún no

era militante, pero al salir sí que entré en el partido, y desde entonces estoy

en él. Y yo creo que, más o menos, lo ha sabido mucha gente; otros han estado

con la sospecha, otros no han querido enterarse. Y solamente algunos pobres de

espíritu, diría, al enterarse —muy pocos, yo diría que se pueden contar con

los dedos de una mano—, pues se han rasgado las vestiduras. Y me han retirado su

amistad.

—¿Tan puritano es el país?

—Bueno, pero ya digo: entre tantos cientos de personas se pueden contar con los

dedos de la mano.

LA LEGALIZACIÓN

—A tu imagen de economista, de estudioso de la economía, ¿la ha perjudicado tu

etiqueta política?

—Yo creo que no. Yo lo veo en las conferencias que doy en las Universidades, en

mis conferencias en cualquier lugar. Concretamente, este año he estado una vez

en el Campus de Somosaguas, otra en el Campus de la Moncloa de la Complutense,

he estado en la Universidad libre de Bruselas, en algunas Universidades

italianas, en Nueva York, Washington —de este viaje se derivó la retirada del

visado—, y luego he dado mis clases en la Universidad normalmente, y he podido

comprobar siempre que el ambiente sigue siendo el mismo. Quizá un poco más de

sensación, ¿no? O sea, que yo creo que no. No hay nada negativo.

—¿Tienes la aureola de prohibido?

—De prohibido, en lo que no sean centros universitarios, como consecuencia de la

campaña antireferéndum, yo creo, y desde que en septiembre decidieron, en

aquellas instrucciones que dieron a los gobernadores, aplicar la ley de

Asociaciones Políticas, y entonces discriminaron, en base a esa ley, y a los

miembros del partido no les dejaron hablar en público. Salvo que estemos en

centros privados de enseñanza, o en Universidades. En estos lugares hay un poco

más de manga ancha.

—Sin embargo, hoy prácticamente todos los grupos considerados de oposición, y

aunque sean escasamente opositores, se muestran partidarios de legalizar al PC.

¿Qué se opone, entonces?

—Yo creo que eso está quedando ya hueco como un cascarón, sin nada dentro. Eso

se caerá un día por sí solo. A mí me parece que ya no se opone ni Suárez, ni se

opone Calvo Sotelo, ni Liado, ni machos otros ministros. Quizá se oponga todavía

algún otro ministro. Y algunos ultras, que ya se ha visto en el referéndum lo

que pesan: ese peso del dos y medio por ciento de los «no es» es muy expresivo.

—Casi tanto, según los mismos datos, como la oposición, si tienen que repartirse

el veintidós por ciento entre la veintena de grupos que abogaron por la

abstención.

—Exactamente, la décima parte: veintidós coma cinco puntos. Date cuenta que se

ha hecho la

comparación con la abstención que registran otros referéndum europeos, pero no

la han hecho con las abstenciones de los años cuarenta y siete y sesenta y seis.

En este último año apenas pasaban del diez por ciento. En fin, eso del

referéndum ya se dijo muchas veces que para nosotros no tenía ningún

significado, ninguna virtualidad, etcétera. Pero los del «no» sí han tenido

libertades para expresarse como han querido. Eso es evidente. Los del «no- han

podido utilizar la televisión, han podido celebrar sus mítines.

Los de la abstención no pudimos celebrar mítines, ni siquiera tres días antes.

—¿Qué te convenció decisivamente para hacerte del partido?

—Casi lo digo en esta novela, en Elio. Es decir, para mí hay un lema que ya

desde muy joven me causó una gran impresión. Es el lema Libertad, Igualdad,

Fraternidad. Me parece el mayor lema de la Historia. Porque resume desde un

ideal más que desde una ideología, una aspiración democrática igualitaria. Y

luego lo que pasa es que, con el tiempo, te vas dando cuenta de que incluso tos

propios revolucionarios franceses fueron unos soñadores y que si se quiere

alcanzar esa Libertad, Igualdad y Fraternidad hace falta una sociedad sin

clases. Y entonces, el segundo lema es «Trabajadores de todo el mundo, uníos». Y

ahí va, ésa es la continuación de Libertad, Igualdad, Fraternidad. En la novela

está reflejado, explicado este asunto.

UN «PECE» NACIONAL

—Cada ocho o quince días se asegura que Ramón Tamames era el sucesor de Santiago

Carrillo al frente del PCE. ¿Le hace mucha gracia esta clase de rumor a Ramón

Tamames?

—Las primeras veces no me hacia gracia. Porque incluso me molestaba. Ya. ahora,

la verdad, me parece que el que invente estos rumores —que por supuesto no

tienen ningún fundamento, como el propio Santiago ha dicho varias veces, y yo

también— no tiene ya gracia alguna. El secretario general deberá ser confirmado

o renovado por el propio Congreso que tengamos en la legalidad.

—¿Y por Moscú no?

—Y no por Moscú. Hace muchos años que Moscú no tiene nada que ver a efectos de

decisiones, con el Partido Comunista de España.

—Pero todavía se sigue hablando de si estáis en gracia o en desgracia de

Moscú...

—Eso si que podría tener gracia... En realidad, yo creo que nadie que hable

seriamente puede opinar que nosotros somos un partido maniobrado desde Moscú. Es

decir, eso se podía decir hasta mil novecientos cuarenta y tres, con muchas

precauciones, porque hubo muchas pugnas y muchas divisiones. Incluso

durante la guerra, hasta mil novecientos cuarenta y tres, en que se disolvió la

III Internacional, o incluso hasta mil novecientos cuarenta y ocho, o hasta el

cincuenta y tres, cuando se disolvió, si no recuerdo mal, la Kominform. Pero ya

desde que desapareció la disciplina de los partidos comunistas, en base a lo que

se llamaba la III internacional, eso es ya mucho más dudoso. Y, desde luego, ya

desde mil novecientos sesenta y ocho, en que el partido manifiesta públicamente

sus puntos de vista muy divergentes con el Partido Comunista Soviético, eso ya

no se puede decir seriamente. Pera, además, incluso cuando, desde Moscú, en

algún momento, tuvieron la debilidad de crear, por así decirlo, un nuevo Partido

Comunista, al frente del cual promovieron la figura de Líster... No, no hay

ninguna dependencia de Moscú, afortunadamente. Tampoco se puede decir que los

partidos comunistas hoy no tienen nada que ver entre sí. Eso tampoco sería

exacto. ´Hay muy buenas relaciones con una serie de partidos comunistas,

relación

fraternal, y no tan buena, pero correcta, con los demás.

EUROCOMUNISMO

—¿Ramón Tamames es un eurocomunista?

—Yo siempre he recordado que esa expresión la inventó un colega que se llama

Barbieri, en «II Giornale», y que es una definición o acepción que era Tamames

necesaria, como en tiempos de los primeros problemas o tensiones entre la URSS y

los Estados Unidos, Walter Lippman empezó a hablar de «guerra fría». Son

expresiones afortunadas, porque corresponden a realidades: había una guerra

fría, y hay un eurocomunismo. En el sentido de que hay unos partidos comunistas

que están en países de Europa occidental, con una tradición de pluripartidismo,

de libertades que son más que formales, que son ya populares, por cuanto no son

ya privilegio de unas capas sociales reducidas, sino que son la situación que

conviene a grandes mayorías. Entonces, con libertades, con pluripartidismo, con

una Constitución que se respeta por tos partidos, estén o no en el Parlamento,

la inmensa mayoría de los partidos, salvo los de extrema derecha o algunos de

extrema izquierda, pues entonces yo creo que el euro-comunismo es una

cosa lógica, coherente, con esa situación. Además, no es algo que se haya

inventado ahora. Es decir, Torez respetó siempre la Constitución francesa en mil

novecientos cuarenta y seis, Togliatti la italiana del cuarenta y seis también,

y no hubo ningún intento de levantamiento, ningún intento de conspiración ni

nada parecido. Aunque ha habido intentos muy serios, y golpes incluso, de la

derecha, en Francia, e intentos muy serios de la derecha en Italia. En cambio,

no se- puede identificar ningún intento serio de conspiración comunista ni en

Francia ni en Italia desde que terminó la segunda guerra mundial. Y luego,

pues en las tradiciones del Partido Comunista de España no se puede decir que

ese totalitarismo, que esa etiqueta del totalitarismo que se nos pone, ¿de dónde

viene?, ¿qué razón tiene?, ¿quién ha habido totalitario en nuestro partido? Que

lea los discursos de José Díaz, en la guerra civil. Son lo contrario del

totalitarismo. No se habla de la dictadura def proletariado, se habla de una

sociedad democrática, de la consolidación de la democracia, de la salvación de

la República, de unas nuevas elecciones en la zona republicana. Y nosotros no

hemos participado con levantamientos contra la República, como protagonistas.

Muchas veces se olvida que uno de los principales gestores de la revolución del

treinta y cuatro fue Indalecio Prieto, a quien nadie ha acusado de totalitario.

Allí no hubo grandes líderes del partido implicados. Y yo diría, además, que en

cuanto a política de reconciliación ahí tenemos, incluso la marca registrada.

Porque la política de reconciliación la inicia el Partido Comunista en mil

novecientos cincuenta y seis, reconociendo, si acaso, algunos atisbos de

reconciliación, en ideas de Ruiz Giménez, de Dionisio Ridruejo y de algunas

otras personas que estuvieron en la operación renovadora de la educación

y de la cultura españolas de la etapa Ruiz Giménez, en los años cincuenta. Y a

partir del año cincuenta y seis, desde luego, nadie podrá decir que no hemos

estado siempre con planteamientos democráticos. Lo de las guerrillas es

simplemente una inercia de la guerra civil, una continuación de la lucha por la

República. Y no se puede decir que sea un planteamiento totalitario ni nada

parecido. Y, además, en las guerrillas, como hoy se ha recordado, hace poco,

estuvieron también los socialistas, anarquistas, etcétera, etcétera. Es decir,

no fue una exclusiva del partido. Y luego...

DOGMA Y AISLAMIENTO

—¿Y el dogmatismo?

—El dogmatismo, que dices tú, que se nos acusa de dogmatismo... Yo no sé dónde

está el dogmatismo, de verdad. Que ha habido cambios de obediencias,

naturalmente que si yo, afortunadamente, nunca fui estalinista. Entré en el

partido cuando el estalinismo estaba ya moribundo, dos años antes del veinte

Congreso, me parece que fueron...

—Tú nunca has estado en Moscú, ¿no?

—Sí, he estado dos veces. La primera fui como turista, en viajes Meliá, y estuve

una semana con una serie de empleados de Banca, secretarias del Instituto de

Industria, del Instituto de Opinión Pública, un director general de la Sociedad

General Azucarera, un editor, dos arquitectos y gente así. Éramos treinta y

recorrimos Moscú y Leningrado en una semana. O sea, mi primera impresión de la

URSS no se hizo en plan misterio. Se hizo el año setenta y tres, es decir, muy

reciente, y como turista. Y después, el año setenta y cinco volví cinco días,

con mi mujer, Invitado por la Academia de Ciencias, y más

concretamente por el Instituto de Economía Internacional.

—¿En secreto?

—No, no fue un viaje secreto, lo que pasa es que, no sé por qué, nadie se

enteró.

—Dicen ahora, profesor Tamames, que el PSOE se halla más a la izquierda y más

reivindicativo que el PCE...

—Bueno, yo creo que eso son apreciaciones. Yo creo que eso de estar más o menos

a la izquierda es una cuestión muy relativa. Mientras se está en el terreno de

las verbalidades, todo puede ser muy relativa, ¿no? Si esté más a la izquierda,

yo me pregunto por qué le han permitido celebrar el Congreso, y si está

más a la izquierda yo me pregunto por qué el señor González habla en Radio

Nacional, dan sus discursos en el segundo programa de Radio Nacional y por qué

«Blanco y Negro», ¡hasta «Blanco y Negro»!, le tiene ya como uno de sus

candidatos, de sus figuras más preclaras, con cubiertas especiales, etcétera. Yo

creo que no son síntomas precisamente de que esté más a la izquierda, sino que

un observador quizá proclive a emitir juicios no demasiado imparciales diría que

lo que está intentando el Gobierno es conquistarse a los socialistas.

—¿Y al PC no se lo quiere conquistar?

—Desde luego hasta ahora no hay ninguno de esos síntomas. Lo cual no creo que

sea consecuencia de las presiones del «bunker» solamente, sino de un intento

previo de ganarse a una parte de la oposición que empieza por la democracia

cristiana.

—Existe, efectivamente, el riesgo de que el Partido Comunista se quede solo y

aislado del resto de la

oposición...

—Nosotros no tenemos ese temor, porque creemos que el PCE está muy implantado en

la sociedad española. Es decir, no es solamente un partido obrerista, aunque sí

es un partido fundamentalmente obrero, pero está, sí, muy implantado en otras

extracciones sociales, como pueden ser técnicos, profesionales, artistas, gentes

de la Prensa, gentes del espectáculo, en la emigración y en el interior, en la

Universidad, en todas partes.

OBJETIVOS DE PARTIDO

—Fui testigo, en fecha reciente, de unas manifestaciones de Simón Sánchez

Montero en las que aseguraba que, en unas elecciones libres, el PCE obtendría,

por lo menos, un veinte por ciento del electorado, de los votos.

—Bueno, que yo sepa es la primera vez que un comunista adelanta un porcentaje

sobre nuestro potencial electoral. Yo creo que hay un consenso dentro del

partido, y ni siquiera ha habido ninguna discusión

sobre si se deben o no facilitar porcentajes, pero lo cierto es que es la

primera vez que oigo que un militante da un porcentaje.

—Tengo testigos de esa opinión a que me refiero...

—No, no. Si no te lo discuto, en absoluta. Pero yo no lo voy a decir. Yo lo

único que digo es que estamos implantados en la sociedad española, que si vamos

a las elecciones no es simplemente para estar presentes, como decía alguno, sino

para participar activamente y con una intención de ganar cuantos más

escaños del Parlamento, mejor.

—Es decir, que estáis dispuestos n concurrir a las elecciones.

—Sí, sí, sí

—Suponéis, consiguientemente, que habrá garantías...

—Suponemos que va a tener que haber garantías.

ECONOMISTA-HISTORIADOR

—Ahora mismo, Ramón Tamames redacta más documentos políticos, más panfletos que

estudios económicos...

—Bueno, eso es lo que la gente piensa. Yo he hecho últimamente bastantes

trabajos. He publicado un libro breve, pero un libro, que al fin y al cabo es

sobre la planificación democrática, que es de economía política. Yo siempre he

trabajo en la Economía política y no en la economía de empresa. Ni en la teoría

económica maximalista, por así decirlo. El año pasado también he preparado la

revisión de la Estructura Económica Internacional que se publicó en su cuarta

edición y que lleva un largo trabajo. También hice una revisión completa de «La

República y la Era de Franco», en una faceta, que también se me criticó

mucho, en su momento, la de historiador. Porque uno, cuando hace economía, le

dicen que hace política. Y cuando hace historia, le dicen que la economía la

hacia mejor que la historia. Y ya solamente me falta que con esa novela me digan

que soy mejor historiador que novelista.. O sea, que no. Yo, en ese aspecto,

estoy bastante contento. Es una de las pocas cosas en que puedo decir, sin

modestia, que estoy contento, porque procuro, como he dicho en algún lugar,

seguir la vida de mis libros como si fueran hijos. Y creo que a los hijos no

solamente basta con traerlos a) mundo, sino que hay que cuidarlos, hay que

hacerles que crezcan y se acaban convirtiendo en hijos. No sólo se procrean,

sino que, además, es necesario seguirse ocupando de ellos. Si se aspira a que su

crecimiento sea un proceso de continuado crecimiento cultural, de

enriquecimiento, que sirvan al fin propio de cualquier labor científica, a

mostrar, a ayudar a mostrar el camino de la verdad.

—¿Te hizo, en verdad mucho daño ese libro de historia que has mencionado?

—No. Yo creo que intentaron hacerme mucho daño y que casi llegaron a

conseguirlo. Una de las personas que están en la editorial me hizo alguna vez un

comentario sobre eso. Hubo una especie de cinturón de aislamiento. Lo que pasa

es que consiguió, paradójicamente, atraer el interés de los lectores.

Y entonces, los lectores ayudaron mucho a resolver la crisis que se había

planteado con aquellas doscientas y pico erratas y de errores.

—Que yo sepa, es la primera vez que reconoces que también había errores y no

solamente erratas...

—No, no. Lo he reconocido ya muchas veces. No es lo mismo decir Fidel Sancho

Dávila que Fidel Dávila, ¿no? O que..., ya no me acuerdo.

—La serie de errores que te echó en cara Ricardo de la Cierva...

—Sí, Ricardo de la Cierva y algunos otros. Bueno, entonces aquellas erratas y

errores se debieron, en gran parte —y también lo he explicado alguna vez— a la

cristalización propia del libro. Yo sabía que había erratas y errores, pero no

se podía tocar ni una coma porque estaba visada, la primera edición, por la

censura en la forma que salió. Y no se podía tocar una coma porque miraban las

páginas línea por línea para ver si los trozos que me había quitado la censura

estaban o no igual. La segunda edición ya salió limpia de muchas erratas y de

casi todos los errores, y en esta quinta edición que estoy preparando, que ya

romperá también el techo de los cien mil ejemplares en que habrán desaparecido —

no las erratas, que es imposible que desaparezcan por completo—, pero sí los

errores del libro original. Y va con un capítulo nuevo que se llama «Las

postrimerías del franquismo». Había pensado en llamarle «La herencia del

franquismo», pero luego vi que Amando de Miguel había puesto ese título a su

libro. Y además de ese capítulo nuevo, hay muchas prolongaciones de capítulos,

hasta llegar al veinte de noviembre del setenta y cinco. Ahí se acaba el libro,

del que estoy terminan-do de corregir pruebas. He añadido, por ejemplo, un

capítulo detallado sobre el tema del Sahara, una extensión completa sobre el

Gobierno Carrero, una continuación más. En total, supondrá una extensión de un

veinte por ciento superior a la original.

INTRANSIGENCIA

—En alguna ocasión incluso me comentaron que el director de la colección,

profesor Artola, estaba bastante descontento con esta obra.

—Yo, por el contrario, creo que Artola está muy contento de que esté en la

colección, Y si no, eso pregúntaselo a él directamente. Además, añade que

tampoco puede estar tan descontento porque a él se le escaparon muchos de los

errores que contenía el libro.

Porque se lo di a leer antes de publicarlo. Me señaló algunos, que corregí, pero

siguió habiendo muchos. Situación que también se puede aplicar a los restantes

miembros del equipo, que son los que conocieron el libro. Por lo menos lo

tuvieron. Que lo leyeran o no, eso es otra cosa.

—Ramón, ¿en muchas de tus últimas declaraciones políticas no hay un poco, o

bastante, de show»?

—No, yo siempre he tratado de evitar el «show». Algunas veces me han dicho que..

Una vez me preguntó un periodista, y me dijo: «se dice por ahí que usted se

gasta dos millones de pesetas en publicidad en la Prensa». Y le dije: «Bueno,

aparte de que eso es una ofensa para sus colegas, yo creo que es una necedad.

El problema estriba hoy en disponer de tiempo para atender a todos sus colegas.»

Creo, francamente, que no hay ningún espíritu de «show», sino al contrario.

—Usted, entonces, ¿se cree todo lo que dice, todo lo que «dedica» al Gobierno?

—Sí, ¿por qué no? Y, además, nunca he dicho al Gobierna nada que sea así,

especialmente ni nocivo ni duro. Siempre han sido cosas demostrables.

—Pero mientras la casi totalidad de los líderes de oposición han venido haciendo

elogios del Gabinete Suárez y de sus logros.

—Todo lo que dije en «Triunfo», es decir, «Arias bis, Suárez bis». Es decir:

Arias bis, porque estaba intentando lo mismo que ahora Suárez, pero a un ritmo

mas lento, y Reforma bis por, que se estaba intentando lo mismo. Lo que pasa es

que la Reforma se estaba haciendo por trozos en vez de presentarse de una vez.

Pero que fraga y Arias pensaban hacer esto mismo, eso era evidente. Es el ritmo

lo que ha cambiado.

—En los últimos tiempos varios dirigentes políticos han recibido amenazas

extremistas...

—Si, yo también. A mí también me amenazaron por teléfono. Yo he estado con

custodia policial, con protección. Me despedí días atrás del policía. Me dijeron

que si quería podía continuar teniéndolo conmigo, pero yo dije que me parecía

que la cosa estaba normal. La protección me la pusieron por decisión suya. Yo no

la pedí. Lo único que hice fue presentar una denuncia de la amenaza que me

hicieron. Y después de presentarla, como se había publicado en el periódico, se

presento aquí un policía, ¿Si se está cómodo vigilado? Pues, mira, la verdad es

que yo creo que con cualquier persona uno se puede entender perfectamente, que

se puede hablar de muchas cosas y que no hay razón para estar incómodo.

Concretamente, el último policía que me ha protegido —porque ya hubo otra

ocasión hace un mes o así, cuando el 20 de noviembre—, pues uno de los días

estuve en clase, el policía también acudió, y estábamos estudiando sistemas

económicos y ese día correspondía hablar del sistema socialista. Y estuvo

en clase y creo que le pareció interesante.

—¿Llegó a convertirlo?

—No, yo no trato de convertir a nadie. Yo trato de explicar... La cátedra,

además, nunca se utiliza para eso. Si yo creo que no hay que hacer propaganda,

sino explicar las cosas. Ni siquiera fuera de la clase. A mí el tono mitinero...

Algunas veces ese tono es resultado del ambiente. Pero no del contenido de lo

que se expone. Es más mi problema de forma que de contenido. Me parece que no

hay que hacer demagogia.

La realidad, como decía tina vez Ignacio Fernández de Castro, es la demagogia de

los hechos. No hay razón para hacer demagogia.

LOS CRUCEROS

—¿Y el ejemplo personal? El ejemplo personal es importante.

¿Y en el caso de Tamames es válido?

—Bueno, no sé. Tú verás. Eso tampoco soy yo quién para decirlo.

-—Digamos también que tiene una imagen acaso frívola, según se viene publicando:

que si amante del champán frío en alguna boite que si le gusta hacer cruceros.

—En cuanto al crucero, yo creo que un colega tuyo. Alcocer, en «Pueblo», puso,

me parece, el dedo en la llaga, y lo que podría ser una explicación. Decía que

«personas con ética socialista critiquen a Tamames, me parecía justo; pero que

lo hagan personas con ética capitalista, que lo que quieren es irse a un crucero

en cuanto puedan, me parece que están en contra de su propia lógica cuando

critican a Tamames. Es una aberración», ¿no?

—¿Pero caben dentro de una línea de conducta comunista esas «frivolidades o esos

lujos?

—Otra aclaración: eso del champán es una invención de La ver n, de Amaro Gómez

de Pablos. Yo nunca he tomado champán en un club de esos, porque precisamente el

champán no me gusta, en general, y menos en esos sitios. En segundo lugar, por

el contrario, lo del crucero no es una invención. Entonces, repito, a mí me

parece que la tesis de Alcocer es buena. Si a mi alguien, alguien de la base de)

partido, me hubiera hecho una critica de lo del crucero, estaría preocupado.

Porque no estoy «aparte». Creo, si, que es una situación que corresponde, como

decía Alcocer, a que yo tengo unos ingresos económicos en base a mis trabajos,

libros, etcétera, que me permiten de vez en cuando ir a descansar. Es decir, yo

he estado dieciocho veces en América. De ellas, diecisiete he ido en avión. He

estado viviendo en América casi dos años, trabajando en situaciones muchas veces

de tensión política, de dificultades de todo tipo, incluso de peligros

auténticos. Tenía ganas de ir a América en barco, desde hacía mucho tiempo.

Nadie ha criticado al señor López Rodó que se fuera en el trasatlántico «France»

con todos sus colaboradores, por cuenta del Estado, y seguramente en primera

clase. Yo iba en una modesta cabina. Tampoco voy a hacer ningún «show»... Iba en

una cabina de turista con toda mi familia y pagándomelo yo. Nadie tiene derecho,

en principio, a decirme en qué me gasto yo el dinero. Y luego, además, es que

tenía ganas de ir a América en barco, de hacer un largo viaje por mar, y de

empezar a enseñar el Nuevo Mundo, como yo le llamo, recordando la sinfonía y

otras cosas, a mis hijos, antes de ser un viejo decrepito. Es decir, a mí me

gusta ver las cosas otra vez con mis hijos. Lo digo aquí, además, en esta

dedicatoria que hago a mis hijos en un libra, a mis tres hijos, «con quienes he

vuelto a ver como nuevas muchas cosas que ya me parecían conocidas». Y es

verdad. Yo quiero disfrutar de la vida con mis hijos también. Y además, y para

que lo sepan estos señores, ni siquiera es mi primer crucero. Es el segundo. Y

la primera vez estuve en el Mediterráneo y en el mar Negro. Y fue en el verano

del sesenta y cuatro. También, para que lleven la cuenta de los cruceros.

—Entonces no estabas en el Comité ejecutivo del Partido...

—No, no estaba en el Comité ejecutivo. Es decir, ¿estar en el Comité significa

que tiene que ser un trauma psicológico y que nos tenemos que vestir de saco e

Ir a vivir no sé dónde? En el Partido hay gentes de muchas extracciones

sociales, que estamos unidos, primero, por un ideal y por una ideología.

—Entregas mucho dinero al Partido?

—Lo que... Lo que es...

—¿Justo?

—No digo Justo, no digo justo. Pero el Partido lo que nos pide, fundamentalmente

a mucha gente es tiempo. Y el tiempo se lo doy; se entrega todo lo que es

necesario.

Todavía prolongamos un ratos más nuestra conversación. Tamames contempla el

edificio de la Universidad española —el edificio físico, de un lado, y el moral,

por otro— en plena ruina, «prácticamente derrumbada», -con desorganización

general-, necesitaos de convertirse en empresa pública con un control de costes,

de proyectos y con consejo de cogestión... Hablamos, cómo no, del ejemplo de

libertades que dan ciertos países comunistas. «Es que el error está en creer que

existen países comunistas. No los hay. Si acaso, China puede ser el que más se

las aproxime, el que más se aproxime al proyecto de país comunista. Y de otro

lado, ¿dan mejor ejemplo los países capitalistas?» Y terminamos refiriéndonos a

su estado de salud. «Me encuentro perfectamente repuesto del accidente, de aquel

grave accidente. Ahora, últimamente, me está molestando una piedra que tengo en

el riñón, nada más.» Y nos confirma que, efectivamente, aprendió a hacer

ganchillo, O más bien, puntualiza, «técnica de red».

Su última solicitud está a favor de la amnistía total, «y a partir de ahí,

empezar a contar en serio...Contemplando las fotografías de Giménez, sí,

efectivamente, parece haber engordado últimamente. Pero está jovial, como

siempre. Y mordaz, irónico... El Tamames de siempre, un poco menos joven. No ha

dejado, por un momento, de pintar, mientras conversa: salen flechas, rombos, de

su lápiz. Y esa curva de distribución de renta Ideal, utópica, en que la

perfecta democracia económica debiera coincidir exactamente con la

equidistribución de los bienes...)

(Fotos de GIMÉNEZ) (Caricatura de Carlos Vigueras)

 

< Volver