Autor: ÍBERO. 
   La cumbre eurocomunista     
 
 Pueblo.    04/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA CUMBRE EUROCOMUNISMO

HACE poco tiempo que el presidente de1 Gobierno, Adolfo Suárez, manifestaba en uno de

sus mensajes la necesidad de desdramatizar la vida política. Tan acertada expresión abría la puerta —

como viene demostrándose— a un nuevo talante para entender nuestra convivencia sin exclusiones

irracionales, fatalismos de magia africana y descalificaciones aprioristicas.

* Desde este plano de serena objetividad, nos parece que debe analizarse el significado de la

«cumbre» o «mini cumbre» eurocomunista que ha reunido en Madrid a los secretarios genera1es

del P. C. francés e italiano, Georges Marcháis y Enrico Berlinguer, invitados por el secretario

ge neral del P. C. E., Santiago Carrillo.

* Bien sabemos, por otra parte, que la reunión de estos líderes comunistas europeos en la capital

española, absolutamente impensable en otras circunstancias, preocupa de alguna manera a sentimientos

respetabilísimos de no pocos es pañoles. Hay heridas que tardan en cicatrizar, y el viejo conumismo no

ha deja do precisamente muy buenos recuerdos. Pero lo que tampoco puede ignorarse es que en

política no hay dogmas eternos e inamovibles, capaces de desafiar el paso inexorable del tiempo. Nadie

podrá afirmar que los recelos de las generadores que hicieron o vivieron la guerra son compartidos

íntegramente por la nueva sociedad española. Muchas cosas han pasado desde entonces, y acaso

algunas imágenes y recuerdos del pasado tengan que someterse al necesario proceso de revisión y

clarificación. La presencia de Marcháis y Berlinguer, reunidos junto a Carrillo en negociaciones de alto

nivel, significa poco o mucho, según la dosis de realismo y moderación que apliquemos a la explicación

de un hecho en cualquier caso importante, pero no decisivo cuando se trata de nuestro futuro. De un

futuro que hemos de construir entre todos los españoles. Por de pronto, la legalización del Partido

Comunista es todavía una cuestión «sub judice» sometida al Tribunal Supremo de Justicia. Hay, pues,

tolerancia, pero no dejación u olvido de la realidad, ya que si algo fundamental estamos obligados a en

tender cuanto antes es que la inmensa mayoría del país ha refrendado con su voto un proyecto de vida

democrática.

* No es ocioso decir por ello que la conferencia de dirigentes del P. C. se ha celebrado porque el

Gobierno, creador de una nueva realidad política, así lo ha permitido. Por la misma razón que autorizó o

toleró en su momento el cónclave cíe la Internacional Socialista, y más tarde el de la democracia cristiana.

Estos son los hechos, y hay que asumirlos con naturalidad. Desdramatizar la vida política supone, entre

otras cosas, renunciar a la pueril creencia de que somos un país diferente, de que los Pirineos deben

convertirse en una especie de aduana para detener y filtrar las corrientes ideológicas del mundo exterior.

Ello sería como hacernos retornar a la época de las catacumbas. Pero España es un país moderno de una

Europa moderna y pluralista. Y es, sobre todo, una sociedad plenamente madura para el ejercicio de sus

libertades, con sobrada capacidad para crear los anticuerpos que la protejan de virus totalitarios de

cualquier signo o procedencia.

IBERO

 

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