Autor: Díaz Güell, José Carlos. 
 Declaraciones a El País del ministro de Agricultura, José Enrique Martínez Genique. 
 La agricultura del futuro debe basarse en el asociacionismo que participe en el valor añadido del campo     
 
 El País.    27/09/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 35. 

ECONOMIA

EL PAÍS, martes 27 de septiembre de 1977

Declaraciones a EL PAÍS del ministro de Agricultura, José Enrique Martínez Genique

La situación por la que atraviesa el agro español puede considerarse alarmante. Las soluciones que el

campo requiere no pueden tener más dilaciones ni quedar a merced de los vaivenes políticos. Todo parece

indicar que la fuerza laboral agraria, que durante los últimos lustros ha demostrado su conservadurismo,

no está dispuesta a permanecer estática ante el devenir de unas situaciones políticas que la margina y

arrincona.

El Gobierno es consciente de la situación, y el equipo económico contempla entre sus objetivos una

política agraria enérgica. Las soluciones, con matices, son comunes a todas las fuerzas políticas; la

dificultad reside en la forma de llevarlas a cabo y en el timing.

Sobre los problemas y soluciones del sector agrario español, Carlos Díaz Güell dialogó con el ministro de

Agricultura, José Enrique Martínez Guenique.

La agricultura del futuro debe basarse en el asociacionismo que participe en el valor añadido del campo

EL PAÍS: En este país, las presiones de los agricultores suelen venir vía precios. ¿Cómo piensa ese

Ministerio abordar este tema y que novedades se pueden anunciar al respecto?

Martínez Genique: Efectivamente, el tema de los precios suele dar lugar a muchas y prioritarias

reivindicaciones, que todas las asociaciones de agricultores han planteado en las reuniones que se vienen

teniendo, si bien han aceptado a lo largo del diálogo, que las soluciones vía precios nunca son definitivas

y que la experiencia que se tiene de estos últimos años es decepcionante, ya que por mucho que se ha

presionado al alza con los precios agrarios, nunca se ha conseguido en absoluto una equiparación de

rentas, si no más bien el efecto contrario, y, sin embargo, se está produciendo una retracción en el

consumo y una pérdida de competitividad frente al exterior, ambos efectos gravísimos para el sector.

Ello nos lleva a afirmar que una política basada primordialmente en una presión al alza de los precios de

los productos agrarios no es útil al agricultor más que hasta un determinado límite, a partir del cual, y así

lo han manifestado muchos grupos, es preferible que se intente moderar el crecimiento de los costos de

producción y se contengan los precios de productos como el gas-oil, los fertilizantes, el interés de los

créditos, etcétera, a fin de conseguir con incrementos menores de precios, mayores incrementos de rentas.

Como suele ocurrir, habrá qué seguir una línea intermedia y pragmática, elevando los precios sin

deteriorar más de lo necesario la capacidad adquisitiva de los consumidores, ni nuestras posibilidades de

exportación y compensando los costos dentro de los límites que las empresas productoras y la capacidad

de subvención del Tesoro Público nos lo permita. EL PAÍS: España, país eminentemente agrícola, se

enfrenta con un problema importante: la escasez de la tierra. ¿Qué soluciones tiene este problema?

M. G.: La superficie de tierra agrariamente aprovechable, dentro de unos criterios económicos de

rentabilidad, ciertamente es limitada, sin que esta limitación sea el factor exclusivo, si es uno de los que

hace que la tierra cultivable en España tenga uno de los precios más elevados del mundo, lo que dificulta

la mejora de las explotaciones y haga casi imposible el acceso de jóvenes agricultores al empresariado

agrario. Considero que es preciso modificar tanto la ley de Arrendamiento Rústico como la ley de

Reforma y Desarrollo Agrario, para que pueda ponerse en explotación toda la superficie agraria

susceptible de ello, y que permita ofertar puestos de trabajo en zonas donde el paro es un problema social

primordial.

La propiedad y disposición de la tierra cultivable debe examinarse con el criterio de que se trata de un

bien necesario y un factor de trabajo, y en este sentido propondremos las normas necesarias para

modificar actuales situaciones.

Hay un tema importante, las transformación en regadío, lo que significa potenciar la capacidad de oferta

de trabajo de las tierras existentes. Se puede considerar que una transformación en regadío supone

multiplicar por cuatro o cinco la base territorial.

" Equipar al campo como al sector urbano "

EL PAÍS: De siempre se ha dicho que el campo en España está abandonado: falta de equipamientos

sociales, de escasas formas de mejora profesional, etcétera. ¿Es este un tema a abordar por el Ministerio

de Agricultura? M. G.: La calidad de vida que se ofrece a quienes viven en las zonas rurales suele ser

inferior a la de los centros urbanos, afirmación que requeriría una serie de matizaciones, pero que en

términos generales hay que admitir. Es necesario, por tanto, que las condiciones y la calidad de vida del

medio rural se vayan equiparando a las del medio urbano, es decir, deben contar con centros de

enseñanza, deportivos, sanitarios, de esparcimiento, y así como vivienda, infraestructura urbana y medios

de promoción, en general, similares. EL PAÍS: La emigración del campo es un gran problema social.

¿Qué posibilidades y qué fórmulas podrían ser empleadas para resolverlo?

M. G.: La insuficiencia de equipamientos sociales, e indudablemente la situación de falta de puestos de

trabajo, ha venido fomentando la emigración, bien a zonas urbanas del propio país, bien a países

extranjeros. Como estamos convencidos de que el sector agrario de por sí, no puede, en absoluto,

absorber toda la mano de obra que existe en las zonas rurales, ni mucho menos la que potencialmente

podría emplearse, es por lo que si queremos elaborar un programa sensato, que permita a la población

rural, el desear permanecer en sus zonas de origen, hay que complementar las rentas agrarias, con otras de

carácter industrial o del sector de servicios, ya que por sí solas son insuficientes. Estamos intentando

elaborar un plan de instalación de industrias en estas zonas, que no necesitan ser grandes industrias, y de

servicios, complementarios de la agricultura o no, que fomenten nuevos tipos de rentas y permitan la

deseada mejora en el nivel de vida. EL PAÍS: Con respecto a la ganadería, España ha creado una

ganadería artificial, es decir, una ganadería sin tierra, con los consiguientes costes sociales. ¿Cómo

proyecta ese Ministerio abordar el problema de la ganadería?

M. G.: Efectivamente, gran parte de nuestra ganadería es industrial, es decir, nace junto a los grandes

centros de consumo y busca un abastecimiento de piensos rápido y barato, junto a los puertos de im-

portación. Esto crea múltiples problemas; de higiene sanitaria, de desaprovechamiento de tierras, la

ganadería no ejerce su función de aumentar el valor añadido de los productos que vende el agricultor,

crea problemas en las zonas urbanas o cuasi-urbanas en que se encuentra instalada, de depuración y

saneamiento. Hay que fomentar una ganadería que sea complementaria de la agricultura y que sea

agricultor-ganadero el pequeño empresario agrario. El no aprovechamiento integral de ciertas zonas del

país quedaría paliado con una adscripción adecuada de ganadería a la tierra y con una clara política de

ganadería extensiva de montaña y pastizales.

" No soy partidario de los mecanismos de subvención "

EL PAÍS: En España, la Administración durante muchos años se ha creído en la obligación de ocupar una

posición paternalista con respecto a la economía. Esto se ha traducido en intervencionismos, ayudas,

subvenciones, etcétera. Aún sabiendo que buena parte de estas ayudas son necesarias, creemos que en

ocasiones han sido excesivas. ¿Puede variar en algo la política que a este respecto llevará el

Departamento?

M. G.: En general no soy partidario de los mecanismos de subvención. Creo que colocan al sector,

supuestamente favorecido, en situación de inferioridad negociadora y de dependencia frente a los

restantes sectores de la economía del país. Es cierto que prácticamente la totalidad de las agriculturas de

los países desarrollados están subvencionadas, por lo que tampoco es de extrañar que haya que

compaginar el acudir a un sistema complementario de subvenciones, con el de conseguir una agricultura

económicamente autosuficiente en función de su rentabilidad, lo que quiere decir, de dimensiones

empresariales adecuadas y precios suficientemente remuneradores, lo que nos lleva, naturalmente, a tener

que abordar el tema del control de los mercados o de la oferta y de la demanda.

EL PAÍS: El nuevo Gobierne anunció como una de sus metas liberalizar la economía. ¿Cómo se entiende

esto en el sector agrario?. ¿Supondría esto la desaparición parcial de esos caminos intermediarios que son

utilizados para que el producto llegue desde el campo al consumidor?

M. G.: La economía de los países desarrollados es una economía que se ha basado fuertemente en la

potenciación del comercio y en la liberalización de los mercados, y en ellos ha aparecido con sigular

importancia la figura del comerciante. El ataque sistemático a los intermediarios me parece acertado

cuando se trata de situaciones monopolísticas o incluso en aquella: en que se ejerce un efectivo centro del

mercado. En los restantes casos considero que el comerciante ejerce una función eficaz y respetable. No

obstante, si el agricultor desea obtener rápidamente una mejora en su nivel de rentas, deberá abordar él

mismo la industrialización y comercialización de sus propios productos y si ello no puede realizarlos

individualmente deberá presionar para que esto se haga a través de las diversas formas de asociacionismo

agrario que existen. Grandes asociaciones de agricultores, bien en forma de cooperativas o a través de

otra forma de integración, podrán abordar con éxito la industrialización y comercialización de sus propios

productos y, por tanto, hacer olvidar en gran parte, el tema de los intermediarios, absorbiendo en su

propio favor rentas industriales y rentas de servicios. EL PAÍS: ¿En qué medida se piensa abordar el tema

del cooperativismo agrario como solución a muchos de los problemas del sector?

M. G.: El asociacionismo agrario va a ser incentivado, pero no sólo en la fase de producción, sino

también en la fase de comercialización industrialización de sus propios productos y también en las fases

de adquisición y utilización de sus propios medios de producción.

Una agricultura próspera, en el futuro estará basada en asociaciones de agricultores que sean dueños de

las fábricas de fertilizantes, de piensos y de maquinaria agrícola, así como de las fábricas de conservas de

productos alimenticios y tengan sus propios centros de venta al consumidor en las grandes ciudades,

abastecidos mediante sus propias redes de almacenamiento, transporte y distribución, sin olvidar las

instituciones financieras propiedad de estas mismas asociaciones.

EL PAÍS: La creación de las Cámaras Agrarias ha sido recibida con escepticismo por los representantes

del sector. ¿Cómo disiparía estas dudas el ministro de Agricultura?

M. G.: Las Cámaras Agrarias se han concebido como instituciones de carácter eminentemente profesional

que prestarán un conjunto de servicios fundamentales para el agricultor y ganadero, que en parte ya

vienen prestando, al margen de los problemas de carácter reivindicativo.

Las Cámaras Agrarias forman parte fundamental del entramado que puede consolidar a los agricultores

como una potente fuerza social. El agricultor debe considerar las Cámaras como algo propio, y muy

importante, en la economía de las empresas y en su promoción como clase, y debe claramente distinguir

sus funciones de las asociaciones de empresarios agrarios o sindicatos de agricultores, que estimo deben

tener también un carácter primordialmente profesional.

EL PAÍS: La petición de ingreso de España en la CEE puede obligar a la agricultura a una seria

reestructuración. ¿Cuál será la política del Ministerio a seguir? M. G.: En conjunto, la agricultura

Española será beneficiada con su ingreso en el Mercado Común, si bien existe la necesidad de prever

algunas medidas tendentes a adaptar las diversas agriculturas del país a las también diversas agriculturas

de los países del Mercado Común, a fin de coordinar ofertas y demandas y no incidir simultáneamente en

los mismos mercados, en los mismos tiempos y con los mismos productos. Creo que con un estudio

adecuado de producciones y calendarios podríamos complementar la oferta agrícola y alimenticia de los

países de la Comunidad y al mismo tiempo ser la nuestra complementada con los productos de dichos

países, con lo que resultaremos todos beneficiados. Por tanto, la política inmediata del Ministerio es

mantener contactos permanentes con todos los países de la Comunidad y con la Comunidad, a fin de tener

elaborados estos programas de producciones y calendarios.

EL PAÍS: Otros de los temas que pueden afectar al campo español es el referente a las autonomías. ¿En

qué medida puede el Ministerio abordar este problema? M. G.: Se ha dicho muchas veces que en España

existen diversas agriculturas y eso es total y absolutamente cierto, hasta tal punto que algunos productos

que tienen una denominación genérica se producen en condiciones tan varias, en las diversas zonas del

país, siendo sus costos de producción, sus calidades, su llegada a los mercados, etcétera, tan diferentes

que en realidad hasta deberían conocerse con denominaciones específicas distintas. El Ministerio pretende

una descentralización eficaz de las decisiones para atender con más eficacia a las demandas de cada

agricultura, sin que ello suponga el crear nueva administración a nivel regional o departamental, sino

utilizando las divisiones ya existentes.

" Él sector agrario sólo puede evolucionar si consigue desarrollar su capacidad financiera autónoma "

EL PAÍS: Otro de los temas básicos de la agricultura española hace referencia a la financiación

normalmente insuficiente y selectiva. ¿En qué dirección se moverá la política del Ministerio de

Agricultura en este respecto?

M. G.: Las inversiones necesarias para modificar la estructura de las explotaciones agrarias suelen ser

muy elevadas y su rendimiento a muy largo plazo. La peculiaridad de la producción agraria hace, por otra

parte, que no pueda contarse con una rentabilidad regular, sino que ésta oscila mucho de unos años a

otros, impidiendo una amortización de los préstamos similar a la de la financiación industrial. Por todo

ello, para algunos no resulta atractiva la inversión en el sector agrario, y ello hace que incluso el ahorro

generado por este mismo sector marcha a ser invertido en el sector industrial y en el de servicios, o, lo

que es más grave, se dedique a actividades meramente especulativas, y se vaya produciendo

progresivamente la descapitalización y la insuficiencia de financiación para el sector agrícola. Hay que

abordar este problema a través de las entidades financieras de carácter local, bien sean bancos, bien sean

cajas de ahorro, bien sean otras entidades dedicadas a la financiación exclusiva del sector agrario que

vamos a potenciar, y habrá que establecer tipos de interés y plazos y exigir garantías adecuadas. Todo ello

deberá ser complementado con una cobertura de seguros agrarios más amplia que la actual y que es uno

de los temas que tenemos más avanzados, y creo, desde luego, que el objetivo final de los agricultores

será el ser capaces de crear sus propias entidades financieras, como existen en otros países.

 

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