La ciudad como patrimonio cultural     
 
 Diario 16.    24/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La dudad como patrimonio cultural

La prevista construcción áe un aparcamiento subterráneo en los jardines de la plaza de la Villa de París,

los ya anunciados como inminentes en lugares tan significativos del urbanismo histórico madrileño como

son la plaza de Oriente o la plazuela de los Carros. La incesante operación derribo que se lleva por

delante lo que todavía queda de emblemático en nuestra ciudad. Aquellos edificios, zonas o ambientes

que definen su identidad y su imagen urbana o la simple pretensión de escamotear elementos tan

fundamentales en el trazado de una ciudad como las colonias de viviendas unifamiliares, constituyen —

tan sólo— botones de muestra de las sombrías perspectivas que se ciernen sobre el urbanismo madrileño.

Hemos padecido durante muchos años un urbanismo devastador, minuciosamente programado desde el

poder con la sola y exclusiva finalidad de favorecer los intereses de unos pocos y privilegiados

particulares, en detrimento del interés general y comunitario. Un urbanismo donde las escasas normas que

favorecían a la colectividad disponían de truculentos mecanismos capaces de generar los oportunos

efectos contradictorios. Hemos vivido durante cuarenta años en el reino de la especulación más

descarada. Pero de una especulación —no lo olvidemos— alentada, protegida y hasta practicada por el

poder.

Hemos conocido el desprecio más absoluto hacia la ciudad como valor cultural y, con ello, la degradación

del medio ambiente urbano en sus diferentes dimensiones. El caso de Madrid, además, resulta

especialmente sintomático. Madrid, por así decirlo, ha sido la gran víctima de su propio centralismo.

Sometido su suelo urbano a competencias diferentes —Ayuntamiento, por una parte, y Administración

central, Ministerios de la Vivienda y Educación y Ciencia, por otra—, ha terminado por producirse una

situación de curioso enfrentamiento entre los responsables específicos del urbanismo en sus niveles

municipal y nacional, y los responsables de la conservación y salvaguardia de nuestro patrimonio cultural.

Son los mecanismos que se derivan de la legislación actualmente vigente en materia de protección

histórico-artística, arcaicos, pero reales, cuya competencia recae ahora en la Dirección General del

Paírimonio Artístico, Archivos y Museos del recién reestructurado Ministerio de Cultura. Ministerio,

dicho sea de paso, que ha prescindido entre sus atribuciones específicas de la arquitectura, salvo en su

aspecto monumental Lo cual constituye un error de insospechada gravedad, por cuanto la arquitectura —

más allá de lo puramente tecnológico— tiene aspectos cualitativos que inciden de lleno en la órbita de un

Ministerio de Cultura correctamente planteado. Mecanismos, sin embargo, que fueron y son todavía

deliberadamente ignorados por las instancias municipales, llegando a crear éstas un servicio "paralelo"

que ocultará sus verdaderas intenciones con respecto al urbanismo histórico de Madrid. Y cuando la

antigua Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural reivindicó la plenitud de su competencia,

no hace todavía un año, se produjo una situación de claro enfrentamiento por parte del Ayuntamiento.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces. La Dirección General citada ha dejado de ser —al menos

sobre el papel— un organismo marginal y minoritario en el contexto de un departamento ministerial

desbordado por problemas de enseñanza y de investigación, para recuperar su verdadero protagonismo en

el seno de un Ministerio específicamente cultural. El Ayuntamiento de Madrid, sin embargo, no ha

modificado su actitud, como se desprende de lo escrito al comienzo de este artículo y evidencian tantos

hechos consumados. Hemos de entender que, ahora, ese enfrentamiento habitual ya no es Ayuntamiento

Dirección General, sino Ayuntamiento-Ministerio de Cultura. Y así, las circunstancias —además de las

normas vigentes— hacen que el nuevo Ministerio de Cultura esté llamado a desempeñar un papel

preponderante—• exactamente, el que le corresponde— en la actuación urbanística sobre nuestra ciudad

en particular y sobre todo el territorio nacional, en general. Tan importante, por lo menos, como el

quepueda corresponder al Ayuntamiento o al Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo. Y d país espera

que sea capaz de asumir su propia responsabilidad respecto de Ja ciudad, como patrimonio cultural que a

todos nos pertenece.

 

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