Autor: Esteruelas, Bosco. 
   Los peligros de un compromiso histórico español     
 
 Diario 16.    04/03/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Los peligros de un «compromiso histórico» español

Bosco Esteruclas

Tres importantes sucesos políticos, que se suceden velozmente al comienzo de la década actual,

originarían la revisión de la política de los partidos comunistas europeos: a devaluación del dólar en

agosto de 1971; el derrocamiento de Salvador Allende en «septiembre de 1973, y la crisis del

petróleo en otoño del mismo año. Este acontecer de hechos demostrativos de una realidad cambiante

empujaría al Comité Central del PC italiano (PCD y en particular a su secretario general, Enrico

Berlinguer, a reactualizar la política de las nacionales hacia el socialismo, que ya habían definido

Maurice horez, Georges Dirmitrov y Palmira Togliatti, secretarios generales a los PC francés, búlgaro

e italiano, respectivamente, al término de la segunda guerra mundial. Enrico Berlinguer llamó la suya

compromesso stórico.

Crisis económica

Los dos acontecimientos económicos provocarían, como es bien sabido, una crisis económica de grandes

proporciones, de la cual no se a salido todavía. El trágico final chileno obligaba a poner en cuestión la

eficacia de una vía pacífica hacia el socialismo. Por todo ello, el CI afirmaba que era necesario para la

transformación social y económica del país, de Italia se entiende, la colaboración entre todas las fuerzas

democráticas y populares, incluyéndose entre ellas, obviamente el Patido Comunista.

Los años han transcurrido e Italia ha visto el espactacular crecimiento del PCI, que ha obtenido en las

últimas elecciones de junio de 1976 un 34,4 por 100 de votos frente al 38 por 100 de los

democratacristianos. Al mismo tiempo, la economía del país alpino ha venido deteriorándose gravemente.

Basta exponer algunas cifras: inflación superior al 24 por 100, más de un millón de parados, previsión de

un crecimiento cero para 1977, etcétera.

Lo que sigue es ya conocido por todos: El Gobierno democratacristiano de Giulio Andreotti debe su

precaria permanencia a la política abstencionista del PCI. Es decir, que existe un apoyo tácito por parte

comunista a las medidas económicas adoptadas por el Gobierno italiano. No obstante, la base del partido

no está muy de acuerdo con una postura que por el momento no tiene una contrapartida gubernamental.

No existe un eficaz control de las evasiones de capital ni tampoco se detiene a los defraudadores fiscales,

al tiempo que la moneda se hunde, las conquistas sindicales son refrenadas y los salarios congelados. La

austeridad propugnada por el Gobierno, y aceptada por Berlinguer, azota más a !a clase obrera que al gran

capital. El peligro de toda esta política no reside precisamente en la explosión de una clase obrera, sino,

por el contrario, en la decepción, en la desesperanza de ésta que podría provocar la destrucción de la

única barrera democrática frente a una voluntad de derribar instituciones medianamente frágiles.

El caso español y fa crisis económica

Se ha dicho que las próximas elecciones españolas, después de cuarenta años de duro silencio, tienen un

carácter excepcional, pues lo que se va a ventilar es si se quiere una auténtica democracia o una reforma

seudodemocrática. No cabe duda que cuando se está dilucidando la conquista pacífica de las más

elementales libertades formales es más fácil la unión de las fuerzas democráticas. Otra cosa distinta será

cuando al redactarse la futura Constitución se plantee la forma de Estado y la organización social de la

nación.

Algunas fuerzas han hablado de un pacto constitucional que integre a los verdaderos partidos

democráticos frente a los demócratas de nuevo cuño. Sea como fuere, el Parlamento y Gobierno elegidos,

y en suma el país entero, no podrán escapar de esa pesadilla que supone hoy la situación económica del

país.

Cuatro problemas de difícil y no rápida, lo que es grave, solución: inflación, desempleo, déficit exterior y

atonía inversora. Al término del año 1976 el índice de desempleo ascendía a un 5,5 por 100, el

crecimiento del coste de la vida era de un 20 por 100 y el déficit de nuestra balanza de pagos era de 4.200

millones de dólares. El nuevo parlamento se encontrará así con una pesada deuda que tendrá que ser

paliada con caracteres de urgencia. Las medidas impuestas no podrán ser generosas a corto plazo. El

pacto social se dejará caer sobre el tapete.

Salvación nacional

Por múltiples circunstancias, que no hace al caso analizar aquí, los grupos políticos que acudirán a las

elecciones no tienen una fuerza individual lo suficientemente grande como para obtener una cómoda

mayoría. Ni siquiera las embrionarias alianzas centristas invalidan este aserto. Por consiguiente, no es

aventurado pensar que el primer Gobierno democrático del Rey Juan Carlos lo constituya una amalgama

de representantes de fuerzas que irían desde la derecha fraguista hasta la izquierda ponzalista,

excluyéndose al PCE, pero con su apoyo indirecto.

Es decir, un Gobierno de salvación nacional, producto más que de los bajos porcentajes alcanzados, de la

imperiosa urgencia por resolver la crisis económica. Las medidas establecidas, a corto plazo, podrían ser

no del agrado de todos y, quizá, no muy generosas para la clase obrera. Las cesiones que ésta tendría que

hacer frente a la política gubernamental en aras de un bienestar común podrían hacerle perder su

combatividad reivindicativa y verse domesticada por el Poder. Los dirigentes de los partidos de izquierda

tendrían que esforzarse en hacer comprender a sus bases, como ahora le ocurre a Berlinguer, que existe

una relación política entre austeridad y renovación política. Pero hay que demostrar primeramente esa

conexión.

 

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