Autor: González-Ruano de Navascués, César (NAVASCUÉS/César de NAVASCUÉS). 
   La gota del agua     
 
 Arriba.    11/10/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LA GOTA DE AGUA

1. Ver para creer. Lo de los «abertzales» de Madrid es hasta poético. Claro que a Antonio

Villanueva le ha podido sentar como una cofia. Esté usted al frente de una asociación de

vecinos en los momentos difíciles. Vaya usted a la cárcel si hace falta. Sea incluido en las listas

de candidatos del Partido Comunista (aunque luego fuese retirado). Gaste zapatos y zapatos,

de despacho en despacho, para que le reconozcan la Federación de Vecinos. Organice

manifestaciones y fiestas «populares» a gogó... Todo para que lleguen unos cuantos

«abertzales» y le llamen «fascista». Lo de Villanueva debió ser tan defraudante como para

apuntarse a esos que gritan: «¡Que paren el mundo, que me bajo!»

2. Y todo porque está de moda y darles patadas a las puertas e Invadir las viviendas. La cosa

comenzó tímidamente. Pero llegó un buen día un Ministro de la Vivienda y legalizó la situación

de los «invasores» en vez de decirles que se esperasen a que se expropiaran las viviendas

vacías legalmente (por cierto, ¿cuándo se expropian?). Claro, al grito de «m... el últimos han

llovido las patadas a las puertas y las invasiones de pisos, hasta el punto de que en San Blas

es peligroso salir de casa hasta para ir a por tabaco. Tres maestras que se fueron de Madrid un

fin de semana se han encontrado a la vuelta con la casa invadida. Es algo así como la ley de la

selva, si es que en la selva hubiese viviendas construidas por la extinta Obra Sindical del

Hogar. Y entonces va Villa-nueva y dice que un poco de orden. Que una cosa es reivindicar y

otra desmadrarse. Pero no hay que olvidar que el partido de Villanueva es de los que juegan a

eso de «tantos votos tienes, tanto vales». Claro es que ios hay que tienen un peso ínfimo si hay

que contabilizarlo en votos. Y claro, se apuntan a lo que sea. Hasta a llamar «fascista» a

Villanueva, que debe tener una confusión mental mayor de la habitual.

3. Mientras tanto, las cosas vuelven a su cauce. Hasta los de Leganes se quedan en su

Ayuntamiento. En contra de lo previsible, en el Rastro hubo calma el domingo. Las calles no

fueron cortadas por la asociación de vecinos —pensaban expulsar hasta a los policías

municipales— y, dentro del atasco, se pudo vivir.

César DE NAVASCUES

 

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