Eurocomunismo poco euro     
 
 Diario 16.    04/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Eurocomunismo poco euro

En todas partes cuecen habas. Las tomas de posición política sorprendentes e incoherentes no son

exclusivas cíe esta España insólita. Los comunistas franceses, por ejemplo —que han sido los últimos en

convertirse al eurocomunisino, haciendo de tripas corazón— están ahora dedicados a hacer campaña

contra la elección por sufragio universal de un Parlamento europeo. La idea de una Europa unida está un

tanto fané después de un cuarto de siglo de tropiezos. Y sólo puede relanzarse si se completa la unión

económica, tan frágil, que representa el Mercado Común, con pasos efectivos en el sentido de la unión

política. A esa finalidad responde el proyecto del Parlamento europeo elegido directa y universalmente

por todos los ciudadanos de la futura federación.

La sorpresa, relativa, ha estado a cargo del Partido Comunista francés, que ve en el proyecto una amenaza

a la soberanía nacional, una postura que aquí podría ser mantenida por Blas Pinar. No hace mucho los

comunistas, todos los comunistas, veían en el nacionalismo un sentimiento insolidario y pequeño burgués,

y en el patriotismo un instrumento de explotación. Ellos oponían a todo eso el internacionalismo

proletario que no reconocía ni aceptaba las fronteras estatales, frutos todas ellas de la guerra, el

imperialismo y la opresión. Pero he aquí que la posibilidad de superar ahora aquellos estrechos

planteamientos chauvinistas es visto por "L´Humanité" como una terrible trampa, y Marcháis señala que

un Parlamento supj´anacional seria "un mal golpe contra Francia". Si es malo para los trabajadores

franceses, ¿no lo será también para los de los otros países7 Los comunistas franceses deben pensar que a

los demás trabajadores que les parta un rayo. Más gaullistas que De Gaulle están resultando estos

galocomunistas que, como él, prefieren una "Europa de las patrias" —que al final sería nada entre dos

platos— a una verdadera Europa unida capaz de ponerse a la altura do las dos superpotencias.

El pretexto que utilizan los comunistas para boicotear lo construcción europea es el de que el Mercado

Común sólo beneficia al gran capital y a las multinacionales. El diagnóstico seguramente es certero; pero

también en los Estados occidentales el sistema ha sido capitalista y los comunistas han preferido

participar desde dentro en el juego parlamentario. Detrás de la retórica anticapitalista se detecta un

arraigado sentimiento antieuropeo. Por nada del mundo quieren contribuir a una Europa fuerte que

supondría la ruptura del actual equilibrio europeo a favor de la parte occidental.

Por ahí está la madre del cordero, que no es otra que la Unión Soviética. A pesar de su profesión de fe

eurocomunista con abandono del dogma de la dictadura del proletariado y todo, los comunistas franceses,

hijos predilectos de la Gran Patria del internacionalismo, no quieren contribuir a una Europa unida que

molesta y preocupa a la Unión Soviética tanto como a los Estados Unidos. Temen, además, con razón,

quedar en el Parlamento europeo convertidos, junto con los comunistas italianos, en una insignificante

minoría. La sinceridad del eurocomunismo queda en entredicho con estas actitudes que demuestran que

todo sigue como antes. El francés, por lo menos, parece un eurocomumsmo muy poco euro. No pasa de

ser un comunismo pequeño-francés, O quizá un soviéticocomunisno. Al fin y al cabo, es la marca más

acreditada.

 

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