Autor: Fuente, Jesús de la. 
 Madrid (1932-1977) Cuarenta y cinco años de urbanismo centralista (1). 
 El caos inicial     
 
 Pueblo.    02/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Madrid (1932-1977)

Cuarenta y cinco años da urbanismo centralista (1)

EL CAOS INICIAL

Ya en 1932 el Estado decide crear una comisión encargada de estudiar los enlaces ferroviarios de la

capital con sus pueblos limítrofes

La Comisaría para la Ordenación Urbana de Madrid pone en 1946 en manos de la Administración la

totalidad del poder ejecutivo

DESDE que un 10 de noviembre de 1932 el Estado decide crear una comisión encargada de estudiar el

proyecto de enlace ferroviario de la capital con sus pueblos limítrofes, el urbanismo madrileño sólo se ha

escrito a golpe de centralismo. De férreo y, en ocasiones, absurdo centralismo, que ha llevado, incluso a

veces, a situaciones tan ridiculas como desesperantes. Un error que, desgraciadamente, y todavía, no

parece tener visos de que vaya a ser subsanado.

Los inicios de Madrid como gran urbe no dejan de ser pintorescos. A finales de los años treinta, la capital

de España no pasa de ser una ciudad media, en la que han comenzado a amontonarse —ésta es la palabra

exacta— los máximos organismos de poder de la nación. Los aún recelosos de su capitalidad siguen

reprochan, dala que es una ciudad «artificial», una ciudad creada sobre una desigual y árida meseta, por

deseo de un rey caprichoso y de unos cuantos «señoritingos», que le supieron ganar el seso. La industria,

todavía escasa, apenas si daba ocupación a unas cuantas familias. El gran entarimado administrativo-

laboral, eso que, sin saberce de todo por que comienza a llamarse sector terciario, inicia ya, sin embargo,

su crecimiento. Urbanísticamente no era un modelo, pero tampoco un desastre.

Con el inicio de la década de los cuarenta, Ja expansión comienza a conocer cotas increíbles, que con el

paso de los años van siendo superadas paulatinamente. Este crecimiento, casi desorbitado, hizo que

Madrid pasara, en el plazo de veinte años escasos, de ser una ciudad poco menos que geográficamente

aislada, a tener un área de influencia metropolitana, en la que ninguna localidad baja ya de los 50.000

habitantes, y en distancias superiores a los treinta kilómetros. Y así hasta nuestros días. Concretamente,

en 1956, la edificación ocupaba unas 15.000 hectáreas, mientras que en 1972 se colocada ya en las

26.000. En la actualidad, esta cifra ha sido cómodamente doblada.

URBANISMO EN PAÑALES

La primera disposición legal específicamente dedicada al tratamiento de los problemas de Madrid como

«gran ciudad» fue la ley de 26 de julio de 1892, relativa a los ensanches de Madrid y Barcelona, y cuyo

régimen se hizo posteriormente extensivo a otras ciudades. Era, todavía, poco menos que un urbanismo

en panales, ya que lo único que perseguía era la creación de un órgano mixto denominado Comisión

Especial de Ensanche, y que compuesto por los propietarios afectados y el propio Ayuntamiento, para lo

único que sirvió fue para asesorar a los primeros cómo acomodar mejor

Los planes municipales a sus intereses. El caos puede que pusiera entonces su primera piedra en los ahora

ya irremediablemente maltrechos madrileños.

Posteriormente, el Reglamento de Obras, Bienes y Servicios Locales, de 14 de julio de 1924, apenas si

vino a arreglar algo las cosas. Y así llegamos ya al antes citado proyecto estatal de potenciar el transporte

ferroviario entre Madrid y sus localidades más próximas.

Se trataba de estudiar un plan de estructura ferroviaria de alcance comarcal, con muy ligeras aspiraciones

urbanísticas en cuanto a ordenación del territorio. Entonces este aspecto todavía no era tenido

obsolutamente en cuenta en todo el territorio no sólo madrileño, sino de todo el país. Afortunadamente,

no se tarda en caer inmediatamente en el error, y un dictamen de dicha comisión, de fecha 23 de

noviembre de ese mismo 1932, plantea ya la necesidad de una ley de Urbanismo (inmediata precedente de

la ley del Suelo de 1956), el estudio de la política del suelo, ordenanzas de volumen y de uso, etc., como

preceptos necesarios para una ordenación de la ciudad en todos sus aspectos y avanzando la necesidad de

acometer más tarde o más temprano un Plan Comarcal de Ordenación. Se prevén también problemas,

como la necesaria adaptación de las organizaciones municipales al impacto de los nuevos asentamientos

y. entre otras previsiones y conclusiones relativas a política del suelo, se establece la prohibición absoluta

de edificar en zonas sin Planes Generales de Urbanización. Por decreto de 13 de diciembre de 1932 se

crea el Gabinete Técnico de Accesos y Extrarradio de Madrid, con carácter de organismo

dependiente del Ministerio de Obras Públicas. El urbanismo madrileño comienza a tomar forma, pero

siempre según los dictámenes de uña Administración prácticamente celosa —y por qué no, orgullosa—

de su centralismo a ultranza.

Por eso, también Obras Públicas crea en 1937 un Comité de Reforma de Construcción y Saneamiento,

que inicia el estudio de un Plan Regional para Madrid, produciendo un documento titulado: «Esquema y

bases para el desarrollo del Plan Regional de Madrid». Repetimos que la idea de que el desarrollo de la

capital incidía no sólo sobre si misma, sino sobre un ámbito geográfico mucho más amplio, es ya

considerada poco menos que básica. Lástima que luego no supiera entenderse.

PLAN DE ORDENACIÓN DE 1946

Una vez finalizada la guerra civil, la Comisión o Junta de Reconstrucción de Madrid elaboró «el Plan de

Urbanización de Madrid y su Zona de Influencia», finalizado en 1941, y entrando en vigor en 1946.

Este Plan General de Ordenación, vigente hasta la promulgación, del Han General del Área Metropolitana

de Madrid de 1963, afectaba a 28 términos municipales periféricos al de la capital, varios de los cuales

fueron anexionados a éste (caso, por ejemplo, de Vallecas), en un intento de ordenación comarcal. El área

urbana contemplada en el Plan era de 16.003 hectáreas.

El Plan General se fijaba como objetivos fundamentales ordenar la ciudad, de tal manera que mantuviera

su carácter de tai, al tiempo que servía de centro comarcal. Pero en lugar de dejar que estas importantes

tareas fueran abordadas por todos y cada uno de los Municipios implicados, se crearía una estatalizada

Comisaría para la Ordenación Urbana de Madrid, en la que los Ayuntamientos apenas si podían hacer oír

Su voz en aquellos temas especialmente conflictivos o polémicos. Todos los trabajos, todos los

expedientes que salían de cualquier equipo técnico municipal, eran en última instancia -supervisados por

un comisario, designado por el Consejo de Ministros a propuesta del de la Gobernación, al que

correspondían las funciones fiscaliza/loras y ejecutivas, así como de una Comisión de Urbanismo

integrada por representantes de varios Ministerios, del Ayuntamiento de Madrid, Gobierno Civil,

Diputación Provincial, Canal de Isabel II y Canalización del Manzanares. Las ya de por su poco

representativas decisiones de las Corporaciones locales eran más tarde todavía más «oficializadas» por la

susodicha Comisaría. De muy triste recuerdo, qué duda cabe, a juzgar por los resultados.

La labor de planeamiento realizada en este período afectó a 9.200 hectáreas, que representaban el 45 por

loo del área urbana de Madrid, donde se construyeron más de 100.000 viviendas, con cerca de medio

millón de habitantes.

Jesús DE LA FUENTE

 

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