Abril, dos años dirigiendo la crisis     
 
 Diario 16.    23/04/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Abril, dos años dirigiendo la crisis

Que Fernando Abril Martorell sea descabalgado de la dirección de la política económica es en la

actualidad una posibilidad que cuenta con menores simpatías en los medios empresariales que en marzo

del año 1978, cuando la dimisión de Enrique Fuentes Quintana estaba aún fresca.

Abril era hace dos años un personaje que inspiraba escasa confianza en los medios económicos y que

sucedía a un personaje aureolado con ribetes míticos, que tenía en su haber la elaboración del Programa

de Saneamiento y Reforma Económica, que dio pie a los pactos de la Moncloa.

Madrid Los dos años que Abril ha estado al frente de la economía española se caracterizan por una

ostensible falta de espectacularidad en las acciones tomadas, en contraste abierto con la etapa Fuentes.

Confundir la escasa brillantez con la ineficacia o incluso con la inercia sería una injusticia, según se

estima en la mayoría de los medios empresariales del país, muy proclives a la crítica en un primer

momento, pero bastante adictos en estos últimos meses a las maneras de trabajar del vicepresidente

económico.

En las lagunas que ofrece la gestión de Abril Martorell, a la luz de un enjuiciamiento que podría

calificarse de desapasionado, hay que anotar como cuestión prioritaria 4a escasa sensibilidad ante la crisis

industrial, carencia que en realidad ha heredado de sus antecesores, incluido, por supuesto, Enrique

Fuentes Quintana.

En este sentido, cabe decir que ninguno de los grandes sectores industriales en crisis ha recibido el

tratamiento enérgico y valiente que sus respectivas situaciones requieren. Ni la siderurgia, ni la

construcción naval, ni los fabricantes de bienes de equipo, ni el sector de la construcción han visto

modificados sensiblemente sus desoladores cuadros terapéuticos.

Intentos de dirección coordinada

Entre los aspectos positivos de su ´gestión hay que anotar el tímido intento de crear una dirección

coordinadora de la política económica sustituyendo las gestiones muchas veces divergentes de los reinos

de taifas ministeriales, cuya falta de cohesión ha sido muy a menudo fuente de agravamiento de los

problemas económicos de nuestro país.

Bien es verdad que esta cohesión de la política económica se ha llevado sin la necesaria energía, dejando

muchos cabos sueltos como la reciente crisis de los precios agrarios ha dejado entrever, además de

retrasar en muchas ocasiones decisiones de vital importancia que debían pasar previamente por el «cuello

de botella» de la vicepresidencia económica.

En materia financiera, la gestión de Abril no puede considerarse brillante, aunque el principal argumento

en este sentido la necesaria reducción de la inflación, pieza básica de cualquier política dirigida a impedir

que los costes financieros sean un obstáculo para el restablecimiento de las inversiones se haya llevado

con bastante éxito.

Prueba evidente de ello es el hecho de que España ha reducido a niveles impensables hace dos años el

diferencial de inflación que nos separaba de los países industrializados de la OCDE. Incluso en febrero

pasado, la inflación española ha sido la más baja de todo el conjunto de los 24 países occidentales.

Es necesario hablar de la política energética, en cuyo activo ´hay que colocar la aprobación del Plan

Energético Nacional, aunque aún carezca el país de los elementos básicos para pensar que dicho plan ha

sido aplicado siquiera en una parte modesta.

Pero los pasos dados en este sentido parecen esperanzadores, gracias a la ayuda que Carlos Bustelo ahora

y Rodríguez Sahagún antes (los dos ministros de Industria que han .regido este Departamento durante

estos dos años) han prestado a este tema prioritario.

Se puede decir con escasas posibilidades de error que la rapidez con que se han repercutido los nuevos

precios de la energía constituyen un dato muy positivo de la política económica del Gobierno, que ha

evitado al país dificultades que por desgracia fueron frecuentes en los años 74 a 76.

Los asesores

En su trabajo, Abril Martorell ha estado bastante apoyado por algunos asesores, cuya suerte parece ligada

bastante íntimamente a la suya. En primer lugar, José Luis Leal, como titular de Economía, a pesar del

«bache» que las relaciones entre ambos atravesaron en la etapa comprendida entre el verano pasado y las

primeras semanas del año en curso, al parecer plenamente superadas, lo que hace de Leal uno de sus

hombres de confianza claves.

Luís Ángel Rojo, para las cuestiones de carácter económico general, y Mariano Rubio, para las de

carácter más estrictamente financiero, han sido dos colaboradores-asesores de visita casi permanente por

Castellana, 3. Tanto el director general del Banco de España como el subgobernador han sido en estos

últimos meses personas clave en el asesoramiento de Abril Martorell.

En cuanto a los restantes ministros económicos, García Añoveros presenta un balance de su gestión poco

brillante pero ligeramente eficaz, como continuador de la labor de Fernández Ordóñez, a quien Abril

desalojó de la cartera de Hacienda.

El control del gasto público quizá el problema más grave que tiene planteada en estos momentos la

economía española es, sin embargo, una laguna que debe anotarse en su pasivo, aunque no sea él el único

responsable ni la resolución del tema labor de un ministro sólo, Lamo de Espinosa, de quien se pensaba

que era su «alter ego», aparece en estos momentos como inevitablemente desgastado frente a Abril y sin

cartas fuertes para atraerse las simpatías del sector agrario.

En cuanto a Comercio, con Juan Ignacio García Diez, la labor liberalizadora de la economía española ha

seguido por buen camino, aunque el grave problema de los canales de distribución interior que tanto

tienen que ver con la agudización de la inflación sigue casi sin tocar.

En resumen*, Abril presenta un balance que algunos consideran mejor de lo esperado aunque no se

•hayan utilizado en su etapa los remedios tajantes a que algunos sectores aspiraban.

La regularización del marco de relaciones laborales y la inhibición, por primera vez en mucho tiempo, del

Gobierno como agente mediador en las relaciones entre sindicatos y patronales, constituyen también un

buen argumento a favor de su gestión y de la del titular de Trabajo, Calvo Ortega, que aparece como uno

de los aspirantes más directos a mejorar su posición tras esta crisis.

 

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