Autor: Cabellos, Carmelo . 
 Se cerró la convención centrista. Sancho Rof decidió el castigo de "críticos" y socialdemócratas.. 
 Los "azules" decidieron la selección de los líderes centristas     
 
 Diario 16.    10/02/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/10-febrero-81

NACIONAL

SE CERRO LA CONVENCIÓN CENTRISTA

Sancho Rof decidió el castigo de «críticos» y socialdemócratas

Los «azules» decidieron la selección de los líderes centristas

Una operación organizada por el «martinvillista» Jesús Sancho Rof decidió la inclinación final del voto

en la sesión de clausura del congreso de Palma, de tal manera que eliminó del grupo dirigente de UCD a

los líderes «críticos» y «castigó» a los socialdemócratas, que fueron los menos votados de los

«oficialistas» en la convención centrista.

Palma de Mallorca: Carmelo CABELLOS, enviado especial

Una operación, coordinada por el ministro Jesús Sancho Rof, condujo al definitivo reparto del poder

dentro de UCD y condicionó el resultado de las votaciones para elegir a los dirigentes centristas. Con ello

se preestableció la selección de los críticos y se dirigió el voto de castigo hacía los socialdemócratas,

especialmente contra Fernández Ordóñez.

La maquiavélica fórmula electoral inventada por Rafael Arias-Salgado —que fue una de las «vedettes»

del congreso centrista— establecía un real arbitraje de la lista ganadora sobre la segunda lista minoritaria.

El hecho de que el bloque oficialista duplicara en votos a los críticos, permitía un «derrame» o dispersión

controlada de votantes, que acabaría1 condicionando los resultados finales.

Desde este supuesto se montó la (operación de los cien», realizada por el sector «martinvillista» con el

objeto de predeterminar los «críticos» que saldrían elegidos, a la vez que dejaba con un significativo

precario de votos a los socialdemócratas dentro del bloque oficialista.

Un bloque de alrededor de cien compromisarios oficialistas, la mayoría del sector «azul», se dedicó a

tachar las candidaturas de los socialdemócratas dentro de su propia lista, a la vez que estos votos eran

destinados a un bloque de críticos, entre los que no estaban sus dirigentes más destacados.

Con sste der~ape de votos no se ponía en peligro el triunfo «oficialista», pero se repartían «castigos»

personales, tanto a determinadas personalidades de uno como de otro sector. Si bien la respuesta final de

este grupo disciplinado y determinante no alcanzó completamente al centenar, lo cierto es que acabó

surtiendo los resultados apetecidos.

Los castigos

Así, los castigados en el propio sector «oficialista» por las tachaduras de sus nombres en las candidaturas

fueron los socialdemócratas y su líder fundamental, el ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez,

que fue el candidato que menos votos obtuvo dentro de la lista «oficialista», de tal manera que se quedó a

tan solo 213 votos de diferencia de la primera candidata «crítica», la liberal Soledad Becerril.

Así, entre los menos votados estaban también los socialdemócratas Luis González Seara, ministro de

Universidades e Investigación, el ex ministro Luis Gámir y la diputado-directora general, Carmela García

Moreno. Los bajos resultados de esta última se debieron también al trasvase de votos «oficialistas» de

Carmela García Moreno hacia Soledad Becerril, con un curioso componente feminista.

En cuanto a los «críticos» que saldrían elegidos la operación fue más por pasiva que por activa. Aparte

del caso ya explicado de Soledad Becerril, está el de Gabriel Cisneros, un «crítico» en muy buenas

relaciones con los «martinvillistas» —que fue el segundo en votos—, siendo especialmente significativo

el castigo inflingido a los dirigentes «críticos» Ignacio Camuñas, Fernando Alvarez de Miranda, Antonio

Fontán; el «turco» García Margallo; el ex ministro Jiménez de Porga, entre otros.

Disciplina

Si bien la disciplina de este bloque de cien no fue todo lo precisa que la fórmula exigía, contó con un

buen aliado en el sector «crítico», donde la consigna fue votar la propia lista sin efectuar tachaduras, por

lo que el juego externo al propio sector podía hacer inclinar la balanza y escoger el grupo de los elegidos.

El objetivo político de los gestores de la operación era debilitar las posiciones contrarias cara al nuevo

reparto de poder que supondrá la formación del nuevo Gobierno, que pre visiblemente? encabezará

Leopoldo

Calvo-Sotelo de una sola jugada se eliminaban de la ejecutiva centrista a los «críticos» más activos y a los

socialdemócratas se les colocaba el sambenito dé contar con un respaldo mayor.

Pese a todo, el sector social demócrata cuenta con una nutrida representación, prácticamente igualada con

la del sector «crítico». Dentro del congreso hubo quien interpretó el «castigo» a los socialdemócratas con

algo relacionado con el tema del divorcio. La resolución aprobada, según este sector, no implica un

mandato en contra del proyecto de Fernández Ordóñez. Sin embargo, se teme que los sectores más

conservadores reserven una última batalla para el debate en el Pleno del Congreso de los Diputados.

Reportaje Gráfico: Manuel ESCALERA, enviado especial.

 

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