Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Rafa I de Transilvania     
 
 Diario 16.    09/02/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Rafa I de Transilvania

La UCD es ciertamente un partido singular. Hasta en sus anécdotas. Así, estos días de congreso, en el

auditórium de Palma de Mallorca, de vez en cuando se escuchan las acarameladas notas del himno

congresual «Unidos», una pieza compuesta para la ocasión por Pablo Herrero y José Luis Armenteros.

La letra es vaga y difusa, ni carne ni pescado, como los discursos de ciertos obispos. «¿Dónde vas sin

ilusion dónde vas sin ilusión/dónde vas perdido, hermano mío?». Al final, la exhortación al «hermano

perdido» funciona y todos consagran su «canción de juventud» a luchar «unidos por la justicia», la

verdad, etcétera. Bonito, ¿no?

Pues bien, como el grupo Jarcha les cobraba 600.000 pesetas por cantarlo, y el partido no anda muy bien

de fondos, utilizaron un vocalista de la casa: nada menos que a Antonio Gracia, secretario de finanzas del

partido, que tiene muy buena voz. Los coros los hacen alguna de las chicas que trabajan en la ejecutiva.

E1 gran debate de ayer fue, sin duda, el mantenido ante el pleno del congreso por el dirigente «critico»

Oscar Alzaga, con el ministro de la Presidencia, Arias-Salgado, en torna al articulo 22 de los estatutos,

que habría de regular la composición del comité ejecutivo. Es decir, la ya vieja polémica, con los

argumentos de siempre sobre el sistema mayorítario o proporcional, la democratización del partido, entre

otros. La enmienda presentada por Aliaga, proponía 20 miembros elegidos en listas cerradas por el

sistema proporcional.

Osear tuvo una actuación antológica, cuyos pormenores se relatan en otro lugar de este periódico. Quien

no estuvo tan brillante fue Rafael Arias-Salgado. Arias-Salgado señalaría que el sistema proporcia nal

propiciaba la centrifugación y dispersión del partido. Como argumento recurrió al derecho comparado,

señalando que en ningún partido europeo el sistema de elección de ejecutiva es proporcional.

ÓSCAR le respondería, más tarde, que recurrir al derecho comparado como argumento, en este caso no

sirve. Y tiene razón. Porque, ¿en qué país europeo existe un partido, ni siquiera similar al centrista, que

agrupe en la misma cesta a ex franquistas con liberales y cristianos con socialdemócratas?

Pero lo que resultó más pavoroso de la argumentación de Arias-Salgado fue su insistencia en la tesis de la

«apisonadora», de laminar al rival —minoritario, como se demostraría después— sin contemplaciones.

En este sentido, se interpretaron, por todos, sus palabras sobre la responsabilizacion del «costo político

muy alto» que el partido había pagado por los enfrentamientos entre «críticos» y «aparatístas». La

insaciable sed de sangre política de Rafael no parece la mejor medicina para la reconciliación.

Y, finalmente, constatar una frustración: Ninguno de los grandes espadas ha hecho su aparición en la

tribuna de oradores. Ni Suárez, quien tras su discurso se desvaneció, ni Paco Ordóñez, ni Martín Villa, ni

Fernando Abril, ni Pío, ni Leopoldo...

 

< Volver