Autor: Cabellos, Carmelo . 
 Ucd decide su futuro. 
 Triunfó el suarismo químicamente puro     
 
 Diario 16.    09/02/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Triunfó el suarismo químicamente puro

Agustín Rodríguez Sahagún y Rafael Calvo Ortega son, a partir de hoy, presidente y secretario general,

respectivamente, de Unión de Centro Democrático, gracias a la victoria del sector «oficialista» sobre la

candidatura de los «críticos» para el comité ejecutivo y el consejo político de UCD. A las siete y cuarto

de esta mañana finalizó el recuento de votos, que ha dado treinta puestos a los «oficialistas» y siete a los

«críticos» en el comité ejecutivo. El primer balance de este conflictivo II Congreso permite asegurar que

en el partido centrista ha triunfado el suarismo puro. Pero el desenlace final de las tensiones internas no

habrá concluido en Mallorca.

Palma de Mallorca: Carmelo CABELLOS, enviado especial

A las 7,18 de esta madrugada, Adolfo Suárez era elegido presidente de honor de UCD, por aclamación y

con ovaciones, a propuesta del nuevo presidente electo del partido gubernamental, Agustín Rodríguez

Sahagún. Fue toda una ceremonia de trasvase de poderes entre Suárez y Sahagún, plásticamente fundidos

en un abrazo que consagraba la continuidad del suarismo.

Los resultados finales de la convención centrista fueron los que aparecían ya como previstos en la larga y

tensa jornada del domingo. La fórmula electoral adoptada en el congreso sólo permitía lo que ya ocurría

esta madrugada: Rodríguez Sahagún, como presidente, la reelección de Calvo Ortega como secretario

general, así como la presencia minoritaria de siete miembros del sector critico.

Ordóñez, castigado

Sin embargo, el nivel de sorpresa e interés político de la votación no estuvo en el hecho de que la

candidatura «oficialista» ganara ampliamente, sino que el porcentaje de votos alcanzado por los «críticos»

fue próximo al 40 por 100 de los votos, que el voto de castigo fue implacable con algunos «barones» y

dirigentes socialdemócratas, de tal manera que el menos votado de la lista «oficialista», el ministro de

Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, sólo obtuvo 213 votos más que la primera elegida del sector

«crítico», la diputada liberal Soledad Becerril.

Evidentemente, el dirigente más votado fue el nuevo presidente de honor de UCD, Adolfo Suárez, con un

total de 1.281 votos, seguido del ministro de Agricultura, Jaime Lamo de Espinosa; Juan Manuel Real,

hombre del aparato; el secretario general, Calvo Ortega; el presidente de la UCD vasca, Jesús María

Viana; el subsecretario Blas Camacho Zancada, el ministro de Hacienda, García Añoveros, y el ministro

de Administración Territorial, Rodolfo Martín Villa. Todos ellos superaron los 1.200 votos.

El nuevo presidente centrista alcanzó algunos votos menos (1.139), con una diferencia que bien pudo

estar motivada por su desdichado discurso de presentación de la candidatura y que provocó clamorosas

situaciones de vergüenza ajena.

Estrategia hábil

En cuanto a los «críticos», sólo consiguieron puestos en la nueva ejecutiva centrista, además de Soledad

Becerril, el candidato a presidente del partido, Landelino Lavilla (400 votos menos que Sahagún); el

valenciano y presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Emilio Attard; el director general de

Relaciones con las Cortes, Gabriel Cisneros; el diputado vasco Jaime Mayor Oreja; el liberal Joaquín

Satrústegui y el presidente.

Dado que la fórmula electoral adoptada de listas abiertas permitía que el arbitraje sobre los posibles

elegidos de la lista minoritaria estuviera en manos de la lista ganadora, el «aparato» funcionó

perfectamente, ya que una hábil estrategia de suministro de votos, por la vía de las tachaduras y las

sustituciones, permitió el descabezamiento de la práctica totalidad de los más destacados dirigentes

«críticos».

Más equilibrio en el consejo político

Así, quedaron fuera Ignacio Camuñas, Fernando Álvarez de Miranda, Antonio Fontán, Manuel Jiménez

de Parga, Víctor Carrascal, el cabeza dirigente del grupo «jóvenes turcos», García Mar gallo, y el

democristiano Luís de Grandes.

Los «críticos» ya presentían la escabechina, si bien su representación en el segundo órgano elegido, el

consejo político, no fue nada desdeñable. Así, mientras los «oficialistas» copaban 49 de los ochenta

miembros electivos de este órgano, los «críticos» alcanzaron la cifra de 31.

Al poderse compatibilizar las candidaturas, por este camino los «críticos» repescaron a algunos de sus

dirigentes, como fue el caso del ministro de Educación, Juan Antonio Ortega Díaz Ambrona; Antonio

Fontán, Herrero de Miñón —que es miembro de la ejecutiva por ser presidente ejecutivo del grupo

parlamentario y hasta que se celebre nueva elección—, entre otros dirigentes de este sector.

El final del congreso se improvisó, triunfante y noctámbulo madrugador, ya que concluía a la vez que

amanecía en la bahía de Palma, al otro lado de las cristaleras del auditórium

 

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