Autor: Soriano, Manuel. 
 UCD define su futuro. 
 UCD ya noes Suárez     
 
 Diario 16.    07/02/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Diario 16/7-febrero-81

NACIONAL

UCD DEFINE SU FUTURO

UCD ya no es Suárez

En la primera jornada del congreso centrista se ha puesto de manifiesto, a través de los dos hechos más

importantes, el discurso del ex presidente y la elección de la mesa de la asamblea, que UCD ya no es sólo

Adolfo Suárez. El poder será repartido entre los mismos personajes, pero con una participación real.

Pilma de Mallorca»: Manuel SORIANO, enviado especial

Unión de Centro Democrático, conjunción de intereses de franquistas reformistas y demócratas

moderados, que nació para canalizar la transición política, ya no es Adofo Suárez González.

Ayer, formalmente, dejó de ser presidente del partido, el cual sólo ha sido un instrumento para

mantenerse en ei poder y realizar un proceso de transformación política con una concepción y métodos

personalistas. Ese esquema ya no sirve y quien lo inventó, ahora, tampoco.

De los dos acontecimientos más importantes que ayer se produjeron en el congreso, el discurso de Suárez

y la elección de ia mesa de la asamblea, se deduce que el sacrificio de! líder centrista era una necesidad

para la supervivencia de UCD, y que los herederos proceden de sus áreas de influencia, pero no harán

suarismo.

El suarismo ha muerto

El suarismo ha muerto, si por tal entendemos el ejercicio del poder basado en la adhesión incondicional al

lider. V por tal entendemos el desprecio al debate interno, la imposición de las decisiones y la ideología

como mero mensaje publicitario en campaña electoral.

El suarismo, como fórmula de transición de hacer política que siguió al franquismo, va a desaparecer de

la misma manera que el caetanismo en Portugal fue un efluvio efímero del salazarismo. Ha sido una etapa

que, a pesar de todo, ha dado innegables resultados positivos, pero que por su excepcionalidad no podía

perpetuarse en la democracia.

Sin embargo, Suárez no ha muerto. Es un profesional de Ja política con mucha vida por delante y una

biografía repleta de servicios a la democracia y a la Corona.

Ayer no habló ante los congresistas como un derrotado que ha tirado la toalla. Estuvo conciliador para

tratar de preservar la unidad • de UCD. con la cual sugirió que intentará encabezar una nueva batalla

electoral alejada del conservadurismo y defendiendo el reformismo.

¿En manos de quién queda UCD? Pues de los mismos. Pero ahora el poder no estará concentrado

arbitrariamente en Suárez, Abril, Arias-Salgado y Calvo Ortega, si no que será compartido con los

hombres del centrismo político, que hasta ahora jugaron un papel de comparsa: Calvo-Sotelo, Rodríguez

Sahagún, Pió Cabanillas, Fernández Ordóñez, Pérez-Llorca, Jiménez Blanco...

Hombres, la mayoría de ellos, procedentes de la oposición laica y de derecha al franquismo, que se

dejaron arrebatar por Suárez el liderazgo del centro para garantizarse un puesto en el poder. En esa «élite»

dirigente se incluirá también el poderoso Martin Villa, que, inteligentemente, se descolgó del primer

grupo para jugar un papel íntegrador.

Landelino, bendícele

Los citados fueron los nombres que avalaron la candidatura de Pérez-Llorca para presidir el I] Congreso

de UCD y obtuvieron una aplastante mayoría sobre los «críticos*. Estos tendrán también su cuota de

poder, aunque sea minoritaria, al frente de Landelino Lavilla, Osear Alzaga y Juan Antonio Ortega y Díaz

Ambrona, Será el ala democristiana que, siempre, estará latente en UCD. En la recomposición del partido

tampoco se pueden descartar algunas deserciones.

En estos momentos de crisis, las instituciones extraparlamentarías quedarán más tranquilas al comprobar

que la cúspide de] Gobierno y la del partido están ocupadas por dos empresarios: Calvo-Sotelo y

Rodríguez Sahagún.

Suárez no cargó ayer las tintas de la emotividad para rentabílizar desmedidamente su dimisión. Esos

nuevos hombres fuertes se lo desaconsejaron y él mismo, probablemente, comprendiera que no iba a ser

rentable de cara a su futuro político.

El reconocimiento a la labor realizada era justo, pero la adhesión incondicional ya no tenia sentido,

porque e] partido después de este congreso será otra cosa. Se corría el riesgo de encender excesivamente

los ánimos, que podrían haber degenerado en la excisión. V el propio Suárez quiere la unidad, lo que

prueba que no está jugando a la desesperada como derrotado sino de cara al futuro.

Los «críticos» contribuyeron

En medio de su discurso surgió una voz apasionada que dijo: «Landelino, bendicele», y el propio s Suárez

exclamó: «¡Por favor!», mientras un nutrido grupo descalificada al espontáneo con gritos de «Fuera,

fuera». Este pequeño incidente da idea de que la defenestración y descalificación de los «críticos», por la

vía de la adhesión a Suárez, no es la táctica empleada. Será el voto mayoritario de los congresistas quien

decida sus responsabilidades e influencias futuras.

Aunque hayan existido gran cantidad de variantes tín las motivaciones que han impulsado la batalla de los

«críticos» —desde los que pretenden honestamente la democratización, hasta los que acariciaban la

ruptura del partido en beneficios de terceros, pasando por los que nada tenían que perder purque ningún

puesto ostentaban— lo cierto es que su actitud ha servido para que en UCD se practicara la necesaria

catarsis.

El presidente dimisionario terminó su discurso con una frase lapidaria: «Entre UCD y Adolfo Suárez, yo

he elegido a UCD.» Independientemente del grado de sinceridad que se le quiera conceder, la verdad es

que su inmolación era una exigencia reclamada de manera generalizada tanto en su propio beneficio como

en el del partido. El mismo puso de relieve que UCD ya no puede seguir siendo solamente Suárez.

 

< Volver