Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Fin de la transición     
 
 ABC.    30/01/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

VIERNES 30-1-81

De ayer a hoy

Fin de la transición

El sentido común, no la vanidad sectaria, me hizo escribir ayer: «El aplazamiento «sine die» del Congreso

de UCD plantea un problema de final de partida.» El sentido común, la lógica, pero no la lógica de limbo

de Rafael Calvo Ortega, ha impuesto su ley, que ya anuncié como patética. «La vida interna de UCD se

apaga y su imagen no puede durar mucho.» Esto que escribía ayer mismo provenía de la observación más

sencilla. Suárez ha dimitido porque era imprescindible que lo hiciera.

Este es e! fin de la transición. Suárez ha servido perfectamente como iconoclasta, pero no como icono.

Los motivos oscuros y sin misericordia de la política de partido, no exenta de ambiciones, han sido el

cauce utilizado por el sentido de la Historia para derribarlo. Quienes usaron esos motivos podrán haber

tenido razón, pero no tienen gloria. Por lo demás, cuantos han trabajado contra él dentro de su grupo

tienen que saber que Suárez y UCD eran ya el primer problema de España —así escribía también ayer—y

que la propia UCD, sin distinción de sectores, queda juzgada y sentenciada con la decisión del presidente

del Gobierno.

De este hecho rotundo y claro, de la decisión humilde, dolorosa y democrática de la dimisión hay que

salvar con reconocimiento sincero al propio presidente. Porque el cerco nixoniano de quienes habían

creado su mito y lo sostuvieron luego sin grandeza, ha terminado por convertirse en una víctima que hoy

aparece adornada de no sé qué pureza. Hicieron de él un símbolo que nadie se molestó en analizar

previamente, un símbolo por encima de su perplejidad personal, y Negaron a convencerle de que había

creado lo que literalmente le superaba. Pero no hay la menor duda de que sacó al tablero, en la partida,

una extraordinaria generosidad, y que su conciencia pública no decayó jamás. Ha dado lo mejor de su

vida y merece e! respeto de los españoles y no hay la certeza de que algún día no pueda ser añorado.

Pero el hecho es que ahora había llegado un momento en el que cualquier política ya no podía ser más

que casualidad o nihilismo. Su dimisión es un acto de valor democrático que demuestra su independencia

y que da grandeza a sus esfuerzos.—CANDIDO.

 

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