Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Un boceto de Suárez     
 
 ABC.    30/01/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Pequeños relatos

Un boceto de Suárez

La noticia política de Suárez como presidente del Gobierno, en 1976, fue una gran sorpresa que

deslumhró a los españoles y dejó paralizados a los políticos. Nadie daba crédito a lo que le decían, porque

carecía el personaje de un recorrido de estabilidad y de prestigio en el crédito para que resultara un hecho

normal. Cuatro años y medio después su dimisión ha sorprendido exactamente lo mismo, porque sus

destrezas y habilidades eran famosas y nadie vaticinaba el modo de verlo un día en su domicilio

particular. La frase de «después de mí el diluvio» no rezaba con él. Adolfo Suárez probaba a diario que el

diluvio estaba con él, y el naufragio estaba reservado, exclusivamente, para el país. En la hora de su

dimisión hay que hacer, objetivamente, el boceto de su figura. No fue el autor del cambio.

El protagonismo del cambio histórico de 1976 pertenece al Rey Juan Carlos.I de Borbón, ´y Adolfo

Suárez no fue otra cosa que un intérprete afortunado eri el capítulo donde había que hacer un derroche de

habilidades y de destrezas, no siempre compatibles con eso que se llama la ética de los comportamientos.

Es Igual. Lo hizo para servir un proyecto político e histórico y una vocación descomunal —y a veces

patológica— de poder. Lo que no fue nunca es ni gobernante, ni estadista. La exigencia del gobernante es

la autoridad, la firmeza y ,la consecuencia, y su comportamiento ha sido la debiíidad, la duda permanente,

y la desorientación ideológica. La exigencia del estadista es la de saber los materiales del Estado,

averiguar los que están ruinosos, y fabricar cimientos y arboladuras necesarios. No estaba equipado, por

otra parte, dialécticamente, para la comparecencia parlamentaria. Su destreza estaba en los pasillos, y´

nunca en el hemiciclo. Por eso su dimisión tuvo que producirse después del proceso Constituyente, tras la

constitución de 1978; exactamente como la dimisión de Fernández Miranda se produjo después de la

liquidación pacífica del antiguo régimen. La prórroga de su permanencia en el Poder te ha creado un

deterioro tan grave que difícilmente podría representar esperanza otra vez en el fluyente sistema

democrático. A fuerza de ilusión política por el Poder es una biografía maltratada por la Historia.

El mensaje del presidente ha tenido todos los requisitos de género dramático que ha cultivado siempre

con brillantez. Lo mejor ha sido su afirmación de que España necesitaba su marcha. Este descubrimiento

le honra, y hay que suscribirlo con elogio. El general De Gaulle se refirió un día al envanecimiento

americano diciéndoles que habían descubierto todo, menos América. Podría decirse de Suárez que había

contribuido eficazmente a traer la Democracia, pero todavía no había descubierto el modo da vivir en ella.

Su marcha coincide con una de las crisis más graves de nuestra Historia, y sobre todo dentro de un

callejón en el que Suárez podría estar tapando la salida. En 1981 estamos sin Estado, con una economía

en quiebra, en marcha hacia los dos millones de parados y con el terrorismo más* alto de Europa. Lo

deseable es ese golpe de timón del que habla Tarradellas y hacia la Democracia, pero por otros caminos.

Los trazados por Adolfo Suárez ya no son transitables.— Emilio ROMERO.

 

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