Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   UCD, ante su hora de la verdad     
 
 ABC.    31/01/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC/ 3

Planetario

UCD, ante su hora de la verdad

Ni la famosa cólera del español sentado ni la no menos proverbial envidia son, diría yo, los caracteres

fundamentales de la condición de español y por lo tanto de la debilitada fisonomía global de España. Lo

español por esencia es la necrofilia. Adoramos a nuestros cadáveres mucho más que los odiábamos vivos.

Esta nota suena con el más vibrante diapasón ante la renuncia de Adolfo Suárez a la presidencia del

Gobierno y a la de UCD. Elogios, elogios, elogios en la radio, en la .«tele», en la Prensa, después de la

dimisión, al mismo hombre que tan acertadamente era juzgado, criticado, desaprobado e incluso

descalificado, antes de la dimisión. Es to nuestro. Quien le suceda deberá prepararse para vivir la misma

peripecia, si dura. Si no dura, el debido drama podría quedar reducido a paso de comedia para homenaje o

fin de fiesta.

En el primer número de la importante revista «Cuenta y Razón», aparecido hace unas semanas, Julián

Marías decía al final de un sosegado, penetrante ensayo sobre «España: una reconquista de la libertad»

que «lo que los españoles hemos reconquistado desde 1976 es la libertad», que «España ha vuelto a ser un

país libre, uno de los pocos que verdaderamente lo son hoy» y que «esto nos prohíbe el desencanto, hace

que sea inmoral, indecente. Porque si algo va mal, depende de nosotros», y también que «en razón de

libertad, el único desencanto justificable es el que cada uno sienta de sí mismo» y que «la responsabilidad

mayor es la de procurar o tolerar que se pierda esa vida como libertad».

Nadie niega hoy, en pleno acceso de necrofilia, que el hombre que ha regido esa reconquista de la libertad

ha sido Adolfo Suárez, y éste, con discreción todavía más admirable que la elegancia de su mensaje de

despedida, ha renunciado a satisfacer la amargura que oculta, al no explicar las causas de su renuncia.

Sin embargo, las causas no van a permanecer secretas porque´ estarán ahí, en las reuniones del Comité

ejecutivo de UCD y, si se consigue un Gobierno monocolor, se agarrarán como zarpas a los hombros del

sucesor. A los pies del nuevo presidente quizá se agazape, como en otra ocasión pasada, la máscara

sonriente de una ambición destinada a conseguir contra él, porque esta dase de historias se repite.

Pero la causa más profunda está en el seno contradictorio de UCD. ¿Va a ser posible compaginar el

proyecto de avance mora! y social del ala socialdemócrata, con el designio de refrenarlo, dentro de

esquemas menos abiertos det ala democristiana? La pugna que cogía en medio a Suárez estaba ahí. Si

mañana UCD pasara a significar Unión Cristiano-Demócrata satisfaciendo las fuertes presiones que se

han ejercido en los últimos meses, entre otras cosas contra el proyecto Fernández Ordóñez de divorcio, o

UCD perdería la U, o se comprobaría que era UCD un instrumento con el que no se podía gobernar. Los

provisionales supervivientes se han emplazado a si mismos.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

< Volver