Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   García Díez     
 
 Diario 16.    03/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

García Diez

SE van desvelando ya, lectores, algunos detalles de la pasada crisis de Gobierno, que ha tenido algunos

desenlaces sorprendentes, como, por ejemplo, la ausencia de miembros de la plataforma moderada de

Oscar Alzaga. Así, Miguel Herrero de Miñón, que había obtenido la promesa del presidente del Gobierno

de una cartera a cambio de su salida de la presidencia del grupo parlamentario centrista, se entrevistó por

dos veces, el sábado y el domingo, en largos encuentros con el presidente y le manifestó sus discrepancias

con algunos criterios del Gobierno sobre política económica y educativa. Quiso, asimismo, saber cuál iba

a ser la configuración del Gabinete, a lar que Calvo-Sotelo no accedió, y le expuso también su deseo de

ocupar la cartera de Administración Territorial o bien la de Obras Públicas.

Leopoldo no apreció las exigencias de Herrero de Miñón, y como éste rechazó Cultura, aquel encuentro

no terminó bien. Después le ofreció la cartera a Oscar Alzaga, que también la rechazó —es la tercera vez

que Osear rechaza un sillón ministerial, todo un récord en este país.

No obstante, un miembro de la plataforma moderada le escribió una carta al presidente haciéndole ver que

no había ni un solo miembro de su grupo en el nuevo Gobierno. Pero a pesar de una serie de ofertas

hechas por los plataformistas —entre ellas, pedir el Ministerio de Agricultura para el diputado Escartín—,

ninguna cuajó.

A pesar de todo, los plataformistas piensan apoyar al nuevo Gabinete y tomarse un «semestre sabático»,

según la expresión de uno de ellos.

El gran triunfador, por encima de todos en la presente crisis, ha sido, sin lugar a dudas, el vicepresidente

económico Juan Antonio García Diez, cuya influencia ha sobrevolado incluso por encima de Pío

Cabanillas y de Pérez-Llorca. El ha sido el impulsor principal de la abrumadora presencia de

socialdemócratas en el Gobierno, además de la ayuda psicológica que ha supuesto la salida de Paco

Ordóñez de UCD, y el temor a que si no entraba Luis Gámir en el Gabinete —el propio Fernando Abril se

lo hizo saber a Calvo-Sotelo— podrían irse otros cinco o seis diputados del grupo centrista.

La salida de Juan Antonio Ortega de Educación ha sido, quizá, la más sentida. Juan Antonio Ortega había

presentado el pasado verano su dimisión por dos veces consecutivas al presidente del Gobierno, que no

las había aceptado. Las razones eran económicas, de escaso entendimiento con los Ministerios de

Economía y Hacienda. Ahora, el presidente ha recordado aquella dimisión, movido, a su vez, a trasladar a

Mayor Zaragoza a este Ministerio, pues el primitivo de Sanidad sería ocupado por Manuel Núñez, que

entró en el último momento. Efectivamente, a las ocho y media de la tarde de anteayer, Rodolfo Martín

Villa bajó a Moncloa y logró imponer a Núñez, que ya había sido descartado.

Mientras tanto, nada se sabe de Adolfo Suárez, ni de su reacción a la composición del nuevo Gobierno, en

el que hay tres hombres muy próximos a él —Gámir, Lamo de Espinosa y Arias-Salgado—. Sí se sabe,

no obstante, que la posibilidad de que abandone UCD es ya remota.

 

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