Autor: Dávila, Carlos. 
 En enero se formará el Colectivo Moderado. 
 Una nueva escisión amenaza a UCD     
 
 ABC.    03/12/1981.  Página: 1,7. Páginas: 8. Párrafos: 8. 

En enero se formará el Colectivo Moderado

Una nueva escisión amenaza a UCD

MADRID (Carlos Dávila).

Los democristianos de la «plataforma moderada» de UCD estudian seriamente la posibilidad de

abandonar UCD Los más radicales, al parecer apadrinados por el ex portavoz parlamentario

Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, presionan con fuerza para que todos los integrantes de

este sector que aún permanecen en el partido gubernamental, se pasen con armas y bagajes

antes del próximo mes de enero a Alianza Popular.

Sin embargo, los representantes de la democracia cristiana sugieren una salida menos

traumática: el simple abandono de UCD y la formación de un grupo que podría denominarse

«Colectivo Moderado», en el cual se integrarían, además, políticos como Alfonso Osorio, hoy

diputado de Coalición Democrática.

La marcha de los moderados afectaría gravísimamente no sólo a UCD, sino a la propia

estabilidad del nuevo Gobierno formado e! martes por Calvo-Sotelo, un Gabinete del que faltan,

ostensiblemente, los moderados. Ni Herrero de Miñón, ni Alzaga, aceptaron entrar en un

Gobierno que ellos han juzgado excesivamente volcado a posiciones progresistas, en un

intento, según los democristianos, de disputar el espacio político a Francisco Fernández

Ordóñez. El presidente del Gobierno ofreció reiteradamente en tres reuniones sucesivas la

Cartera de Cultura a Herrero, pero éste condicionó su presencia a que hubiera, al menos, otro

miembro más del sector moderado.

Por otra parte, el ex portavoz de UCD pidió al presidente que se rectificaran,

considerablemente, los rumbos de la política económica del Gobierno, política marcada por el

ya vicepresidente, Juan Antonio García Diez, al que los moderados catalogan como «hombre

fuerte» de la nueva situación y principal responsable de que Calvo-Sotelo no accediera a las

peticiones de Miguel Herrero y, en segunda instancia, de Osear Alzaga. Este, líder indiscutible

de la plataforma moderada, recibió también la oferta presidencial para ocupar el Ministerio de

Cultura y, de nuevo, hizo los mismos planteamientos que ya Calvo-Sotelo había oído de

Herrero Rodríguez de Miñón; más participación numérica en el Gobierno y moderación

conservadora en la línea económica del Gabinete.

EL PRESIDENTE PIDE LA DISOLUCIÓN

Calvo-Sotelo rechazó, tanto en una como en otra ocasión, las sugerencias de los moderados y

la petición última de que el notario José Antonio Escartín, que fue ponente centrista en la

discusión de la ley de) Divorcio, forma parte del nuevo equipo en una Cartera como la de

Agricultura que, al parecer, y desde el principio de la crisis, tenía un dueño: José Luis Álvarez.

El rechazo del presidente de todas las solicitudes formuladas por los moderados fue, por otra

parte, la base de una

(Pág. 71

Alzaga, partidario de un pacto electoral

Miguel Herrero pretende la integración en Alianza Popular

(Vierte de la Pág. 1)

durísima carta que un miembro de la plataforma, posiblemente Alzaga o el mismo Herrero,

envió a Leopoldo Calvo Sotelo, quien contestó sencillamente por teléfono y sin ofrecer, según

fuentes democristianas, demasiadas explicaciones sobre su actitud.

Si los casi cuarenta diputados que firmaron el escrito fundacional de julio cumplen con su

propósito actual de abandonar el partido que también ellos contribuyeron a formar hace cuatro

anos, la situación del Grupo Parlamentario de UCD sería desesperada. El Grupo quedaría en

decisiva minoría con respecto al Socialista, que tiene, ahora mismo, ciento veinte diputados.

Los principales responsables de la plataforma analizan, por ello, muy detenidamente, las

consecuencias que se derivarían de su muy posible salida. Aunque las posiciones ya se han

decantado, ni Alzaga, partidario de un abandono menos radical, ni Herrero, que apuesta por la

simple unión con Alianza Popular, han discutido sus proyectos con todos y cada uno de tos

firmantes del texto que sirvió para presentar en la sociedad política a la plataforma moderada.

Leopoldo Calvo-Sotelo pidió, formalmente, hace unos días que el grupo —una auténtica

tendencia organizada— se disolviera, pero los moderados argumentaron —y en esto parecen

asistidos de toda razón— que otras facciones dentro de UCD también están perfectamente

organizadas y citaron el caso de los socialdemócratas, que tienen una delegación ejecutiva,

formada por Gámir, Rodríguez Miranda y Rodríguez Alcaide, y tos liberales, que han

compuesto una representación con plenos poderes, en la cual figuran todos los principales

líderes que están encuadrados en UCD. Asimismo, tos martinvillistas funcionan orgánicamente

como grupo, tal como se ha podido comprobar, en días pasados, cuando esta tendencia se ha

reunido para preparar sus posturas colectivas en (as diferentes reuniones del Consejo Político

de UCD. Los moderados, pues, no sólo no están dispuestos a disolver la organización de su

familia ideológica, sino que ahora la juzgan imprescindible como base sobre la que,

presumiblemente, se asentará la nueva formación política que resultará del abandono de UCD.

Lo más posible es, en definitiva, que se imponga la línea más templada, y los democristianos y

afines constituyan, en los primeros meses de 1983, ese «colectivo moderado» que ya han

empezado a diseñar Osear Alzaga y Alfonso Osorio. Este, amigo personal de Leopoldo Calvo-

Sotelo, pretendió, en días pasados, favorecer su candidatura para el Ministerio de Defensa,

fiando la operación política a su especialización profesional {es jurídico militar) y a sus buenas

relaciones con la cúspide del mando castrense. Alfonso Osorio ha sido, además, el encargado

de contactar en los últimos meses con los sectores más politizados del mundo empresarial que

se encuentra enormemente contrariado por el ascenso de García Diez a la Vicepresidencia

Económica y, en suma, por la misma composición del segundo Gobierno de Calvo-Sotelo.

NO QUIEREN IR AL PARTIDO

Los moderados culpan a García Diez y a Pío Cabanillas de ser los auténticos autores del nuevo

Gabinete y les responsabilizan también de haber presionado para impedir la presencia de los

moderados en el Gobierno. El único político de procedencia democristiana que figuraba en el

anterior equipo no ha sido, por otra parte, cesado. Leopoldo Calvo-Sotelo se ha limitado a

aceptar la dimisión que Ortega y Díaz-Ambrona le tenía presentada desde hace meses por

discrepancias económico-presupuestarias con el ministro de Hacienda, Jaime García

Añoveros. Los moderados, finalmente, no están dispuestos a participar en las dos últimas

batallas que restan por librar en el seno de UCD: la formación del Comité de Acción Electoral,

en el que tiene plaza estatutaria Calvo-Sotelo e Iñigo Cavero, y la del Secretariado Ejecutivo

del partido. Los miembros más destacados de la plataforma ya han anunciado a Cavero,

también de origen democristiano, que no le ayudarán en el gobierno del colectivo centrista. Al

parecer, Cavero piensa ofrecer la Secretaría General Adjunta al liberal, ligado últimamente a

posiciones suaristas, Juan Manuel Reol y la nueva política centrista, al también liberal Eduardo

Merigó. Este, sin embargo, no parece decidido, en principio, a aceptar el ofrecimiento.

Si se culmina la «operación fuga» de los democristianos, la crisis de UCD adquirirá tintes

dramáticos; será, en definitiva, irreversible. El fantasma de las elecciones generales dejará de

serio para convertirse en una realidad poco deseable, salvo que Calvo-Sotelo se avenga a

negociar una mayoría parlamentaria estable, mayoría que entonces sólo podría sumar con el

concurso socialista. No es posible saber, por ahora, si Felipe González, que ayer volvió a

ofrecerse para un Gobierno de coalición, conocía tos proyectos de los democristianos, ni

tampoco si Fernández Ordóñez, especialmente Irritado al tener noticia del nuevo Gobierno,

estaba enterado de la casi segura salida de los integrantes de la plataforma. Si el abandono se

produce, estaríamos ante una grave irresponsabilidad histórica que coincidiría en el tiempo con

juicios a tos militares golpistas y que provocaría, ciertamente un adelanto notable de las

elecciones generales.

 

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