Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Landelino quema sus naves     
 
 Diario 16.    12/01/1981.  Páginas: 3. Párrafos: 74. 

PEDRO J. RAMÍREZ

Landelino quema sus naves

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Nuestro mensaje sólo será creíble si la sociedad percibe que algo de signo regeneracionista ha ocurrido

dentro de UCD.

Si se asumiera el sistema mayoritario, no tendría por qué haber una elección separada del presidente de

UCD

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Landelino Lavilla ha quemado sus naves. Estas declaraciones son las más importantes y comprometidas

de su trayectoria política, y así lo ha reconocido durante las largas horas de conversación que hemos

mantenido en su casa durante el fin de semana.

Le ha movido a dar este decisivo paso al frente su convicción de que «UCD no puede ser la estatua de sal

de la transición», de que «algo tiene que cambiar en el partido .para que pueda asumir con éxito sus

responsabilidades ante la nación», de que «nuestro mensaje sólo será creíble si la sociedad percibe que

algo de signo regeneracionista ha ocurrido dentro de UCD».

Por esta razón se ha adherido sin reserva de ninguna clase al manifiesto del llamado sector «crítico»,

advirtiendo que «con relación a las listas, el único pacto posible es que no haya pacto», y que «en ningún

caso participaré en una lista Única de integración ».

Landelino Lavilla no ha rehuido ninguna de mis preguntas, entre las que he procurado recoger todo el

abanico de críticas que se vienen haciendo a su actitud. «Cuando la llamada a la eficacia se hace como

réplica a la necesidad de democratizar el partido —explica—, el argumento»tiene hirientes resonancias de

un pasado en el que se decía que "realizar la revolución pendiente es lo que importa".»

Ni siquiera ha esquivado el bulto al plantearle la cuestión del liderazgo en UCD. Como analista político

no puedo dejar de relacionar dos afirmaciones : suyas en respuestas consecutivas: 1) «Me parece obvio

que la definición sobre si Suárez seguirá siendo la persona idónea, no puede hacerse de forma irrevocable

a dos años vista.» 2) «El ejercicio del poder implica el desgaste de las personas que lo ejercen y esto es

algo que se cumple con la inexorabilidad de una ley física.»

Podrá estarse poco, mucho o nada de acuerdo con el planteamiento que a continuación se desarrolla, pero

no creo que nadie con un mínimo sentido de la ecuanimidad pueda negarles a estas declaraciones de

Landelino Lavilla su claridad, su firmeza, su valentía, su respeto a las actitudes de los demás y, sobre

todo, su altura política, términos en que se ha planteado. Cada uno es libre de enjuiciarla como quiera y

cada uno es libre de acertar o equivocarse. Yo sólo voy a hacer cuatro afirmaciones concretas:

Yerran quienes buscan 1 dialécticas ocultas, distintas de la que paladinamente resulta de los términos en

que las posiciones se fijaron en las votaciones de la comisión ejecutiva.

2 Hay una evidente manipulación de las etiquetas, con finalidades unas veces encomiásticas, otras

descalificadoras.

3.Siempre me he negado a participar en la puja por un extraño progresismo, que es espúreo para UCD en

la medida en que toma como referencia concepciones y valores ajenos.

4 El progresismo de UCD está en realizar con plenitud los principios, en .sí mismos progresistas, de su

programa.

-En cualquier caso, no me negará que a usted se le sitúa en el ala derecha del partido...

-No me he preocupado nunca de rechazar o recabar una u otra de las etiquetas que con tanto arbitrismo se

manejan. Pero no me parece difícil afirmar que mi gestión ministerial pudo caracterizarse en los últimos

años por su acusado sentido de modernidad y por su eficaz voluntad transformadora de la sociedad

española, a partir de los valores que UCD defiende. Desde esta perspectiva estoy dispuesto a contrastarla

con cualquier otra.

-Se ha llegado a escribir que usted estaba usando su influencia como presidente del Congreso para

torpedear algunas leyes de signo progresista...

—En mis actuaciones como presidente del Congreso podré equivocarme o acertar. Pero nadie puede,

legítimamente y con verdad, decir que he utilizado nunca el cargo al servicio de mis intereses o (Sigue en

la Pág. siguiente)

En nuestra experiencia ha jugado negativamente la concepción de un presidencialismo exacerbado

Con relación a las listas, el único pacto posible es que no haya pacto

En ningún caso participaré en una lista única de "integración". Esta es una decisión definitiva

(Viene de la Pág. anterior) conveniencias políticas. Tengo un sentido institucional del cargo que defiendo

por encima de todo.

—Entrando en materia, ¿qué persigue el «manifiesto del sector crítico» y cuál es exactamente su posición

con relación al mismo?

—Lo que usted llama «manifiesto» es un documento que expresa la posición que un grupo de

compromisarios adopta en relación con el congreso de UCD y que pone en conocimiento del resto de los

compromisarios.

Yo me siento personalmente identificado con el documento, me adhiero a él y asumo plenamente sus

objetivos, que no son en definitiva sino tratar de «hacer» el partido con fe y sin reservas respecto de la

fecundidad de la democracia interna.

Eficacia

—¿Hasta qué punto influyen en esta actitud sus ambiciones personales de poder?

—Es posible que yo tenga una opinión equivocada de mí mismo, pero creo que me muevo más por ideas

y convicciones que por intereses y ambiciones. Yo no concibo cada cargo como un escalón para el

siguiente, ni cada posición de poder como un medio para ampliarla.

Suelo decir, y trato de practicar, que la primera obligación de un político es desempeñar lo mejor posible

las responsabilidades que en cada momento tiene asumidas, y que en ello debe saber encontrar la

realización de su vocación y la satisfacción de sus ambiciones.

En la situación actual he llegado a la convicción de que algo tiene que cambiar en UCD para que pueda

afrontar con razonables perspectivas de éxito sus responsabilidades ante la nación y antes los ciudadanos.

Porque lo creo así, trapajo incondicionalmente por ello, y al hacerlo no se me oculta que quizá mi

hipotético interés personal y hasta mi eventual ambición de poder se satisfarían mejor aceptando la inercia

de la situación e inhibiéndome ahora de toda controversia.

¿Qué le parece el argumento de que es una frivolidad entretenerse en polémicas sobre los estatutos del

partido, cuando el país tiene gravísimos problemas?

—Cuando se dice que lo importante es resolver eficazmente los problemas de fondo de la sociedad

española, se dice una verdad obvia. Pero cuando esa afirmación se hace como réplica a la necesidad de

democratizar el partido, el argumento tiene hirientes resonancias de un pasado nada democrático, en el

que se decía que «todo se legitima por la eficacia, incluso la dictadura», y que «realizar la revolución

pendiente es lo que importa».

La concepción del partido, su organización, su funcionamiento —temas esencialmente estatutarios—

condicionan indefectiblemente su capacidad para afrontar con eficacia las responsabilidades. Estamos en

el plano de lo necesario, aunque pueda no ser suficiente. Sólo desde la participación democrática y el

adecuado funcionamiento puede un partido afrontar eficazmente la solución de los problemas.

Es posible que la concepción de UCD que nosotros propugnamos no sea la mejor; pero es seguro que la

peor solución es mantener la inercia de la situación actual.

—¿Es su iniciativa un ataque a corto o medio plazo contra la unidad de UCD?

—A mi juicio la revisión de la estructura y los mecanismos de funcionamiento de UCD no sólo no es un

ataque a su unidad, sino, que es condición indispensable para mantenerla, revitalizarla y hacer de UCD un

partido eficiente y auténtico. La unidad profunda y real para los demócratas, es la que se decanta en

procesos democráticos, no la que se produce por la abdicación incondicionada de posiciones en la

voluntad de un jefe arbitral.

Los congresos de los partidos se celebran con el fin de someter a análisis la. actuación habida, corregir lo

que deba ser corregido, y mejorar lo que pueda ser mejorado. Todos tenemos derecho a aportar nuestros

criterios a este respecto y nadie tiene derecho a presumir torcidas intenciones en quien discrepe de las

suyas propias.

Regeneración

—¿Cuál es la morfología del sector crítico de UCD? En un principio se trataba de una convergencia entre

democristianos y liberales, ahora se ha incorporado una oleada de independientes...

—No se corresponde con la intención, ni con la valoración objetiva de los datos, deducir que las

posiciones definidas cara al congreso de UCD tratan de reflejar las llamadas familias originarias. Basta

una somera verificación de firmantes y no firmantes del documento para corroborarlo.

Yo creo que la concepción de UCD está plenamente asumida por todos los que pertenecemos al partido y

que en consecuencia la voluntad reflexiva de pertenecer a UCD prima sobre la pluralidad de orígenes.

Lo que ocurre es que UCD no es de hecho, hoy por hoy, el partido que concebimos y que prometimos.

UCD puede ser todavía ese partido y España necesita que lo sea auténticamente. Por eso aplicamos el

mayor esfuerzo a lo que entendemos que es el presupuesto para su regeneración y autenticidad.

No se trata, pues, de afirmar posiciones parciales o fortalecer tendencias para la disgregación, sino de

afirmar y fortalecer a UCD que es nuestro partido.

—Remontándonos al plano de lo general, ¿le parece correcta la afirmación global de que «las cosas no

van bien»?

—Hay cosas que se han hecho bien y otras que se han hecho menos bien. Efectivamente, hay cosas que

no van bien en nuestro país. Es obvio que tenemos problemas, algunos de ellos de difícil tratamiento; pero

para cualquier analista riguroso, no sería menos obvio el reconocimiento de que hay problemas resueltos,

adecuadamente enfocados o tratados en términos razonables.

Sin embargo, lo que hace más difícil y preocupante la situación actual es que, según el propio sentido de

la pregunta, se termina por no analizar ni distinguir, y se generaliza una sensación, tanto más grave cuanto

más difusa, de que «las cosas no van bien»; sensación que con notoria injusticia y exageración se

convierte en «nada va bien».

No es fácil investigar las causas de esta situación. Pero no resulta aventurado, en conexión con el objeto

de nuestra conversación, identificar entre esas causas los defectos de funcionamiento y comunicación de

nuestro partido que el próximo congreso debe tratar de superar.

—¿En serio, cree que del congreso de UCD puede aún brotar un mensaje de esperanza que la sociedad

escuche y atienda?

—Hace ya varios meses que me referí en una conferencia á la necesidad, proyectada entonces sobre el

conjunto de la sociedad española, de proceder a una profunda labor de regeneración basada en los valores

de la democracia y de nuestra Constitución. El pueblo español percibe con más nitidez la cancelación de

valores caducos que la afirmación de nuevos valores. Y eso produce perplejidad y desorientación.

Pues bien, a mi juicio, la importancia política del próximo congreso de UCD, dado el momento en que se

produce, depende efectivamente de nuestra capacidad de alumbrar un mensaje a la sociedad española que

conecte con sus necesidades y que tenga el vigor necesario para ilusionar a todos en el esfuerzo común,

para despertar la fe en los valores propios de nuestra nación, y para superar con fecundidad los graves

problemas que nos agobian.

Ese mensaje de UCD, por atinado y vigoroso que sea, sólo será creíble, y verdaderamente estimulante y

positivo para la sociedad española, si ésta percibe que algo de signo precisamente regenerador ha ocurrido

dentro de UCD. Es decir, si se aprecia que un nuevo tono y estilo han sido alumbrados en nuestro

congreso.

Proporcional

—¿Pero tiene todavía algo que aportar la UCD a la democracia española?

—Sin duda. UCD ha sido el protagonista principal de la reforma política y el partido que de manera más

fiel ha representado la filosofía de la transición política de un régimen a otro que la inmensa mayoría del

pueblo español deseaba. Lo que ocurre es que UCD no puede convertirse ahora en 1» estatua de sal de la

transición y tiene que jugar su papel dentro del sistema democrático ya implantado.

UCD es un partido reformista y progresista que ha de realizar su pro, pía concepción de la vida social que

es distinta a la que] propugnan los demás partidos. Para ello, para ser pieza capital en la democracia

española, para seguir protagonizando la necesaria transformación social, ha de abandonar todo estilo de

provisionalidad en su acción, que pudo ser adecuado para la primera fase, pero que resulta ya

absolutamente improcedente.

—Ustedes defienden el sistema proporcional en la elección de los órganos del partido. Desde el «aparato»

se afirma que ni el PSOE ni casi ningún otro partido sigue ese sistema, sino el mayoritario, que es

igualmente democrático y proporciona superior cohesión interna.

—La polémica en torno a los estatutos del partido, aparece polarizada, justamente por su importancia,

pero insuficientemente por su unilateralidad, en torno al sistema electoral aplicable a la elección de la

comisión ejecutiva. Pero esa polémica sólo adquiere su verdadero sentido en función de cuál sea la

concepción de conjunto. Yo voy a hacerle algunas consideraciones a la vista de los términos en que,

según aparece en la prensa, se va centrando la cuestión.

1 Creo que carece de sentido una controversia dogmática sobre si es más democrático uno u otro sistema.

Cada uno puede tener sus preferencias. Lo importante es cómo se valoran las ventajas e inconvenientes de

cada sistema, en su aplicación a casos y situaciones concretas. Yo, por las razones que luego le diré,

estimo preferible un sistema que asegure la representación de las minorías, cuyo paradigma es el sistema

proporcional.

2 El sistema mayoritario puede defenderse en sus términos, como método de constituir un equipo

homogéneo de gobierno del partido. Pero en ese caso no tendría por qué haber una elección separada del

presidente; lo lógico sería que se presentara a la elección un candidato con su equipo de gobierno, y éste

debería ser un comité ejecutivo corto en número, operativo y funcional. Así sucede en otros partidos de

los que se habla. Pero si se elige separadamente un presidente de amplios poderes y el comité ejecutivo es

de 35 miembros que además no tienen asignadas en la lista competencias ejecutivas concretas, lo

importante no es la homogeneidad, sino la representatividad que asegura el sistema proporcional .

3 Lo que ocurre es que el sistema mayoritario se ha venido defendiendo más bien desde la perspectiva de

que es un instrumento para conseguir un compromiso que respalde una única lista viable. Y desde esta

perspectiva yo prefiero la integración y síntesis que resulte de una votación en el congreso, que la que

pueda resultar del juego apócrifo de presiones y arbitrismo.

4Finalmente, no puede desconocerse que el sistema mayoritario que se defiende es el que se aplicó en el

primer congreso, y nadie puede decir que la experiencia haya sido satisfactoria. A mi Fernández Ordóñez

conoce y respeta la seriedad y la sinceridad de mi planteamiento.

Me parece obvio que la definición sobre si Suárez seguirá siendo la persona idónea para el 83 no puede

hacerse de forma irrevocable a dos años vista

El ejercicio del poder implica el desgaste de las personas que lo ejercen, y esto es algo que se cumple con

la inexorabilidad de una ley física

••

juicio, en esa experiencia ha jugado negativamente la concepción de un presidencialismo exacerbado que

situó en posición política propia al presidente y meramente refleja a todos los demás, puesto que su

incorporación a una lista votada por el sistema mayoritario lo fue en virtud de una decisión del propio

presidente, que era el primer firmante entre los avalistas de la candidatura ganadora.

Suárez

—De sus palabras parece desprenderse una crítica al comportamiento de Adolfo Suárez como líder de

UCD...

—Conste que no imputo al presidente Suárez un ejercicio arbitrario o abusivo de sus poderes. Si algo le

hubiera de imputar sería el escaso ejercicio de los mismos. Porque si discutibles son en todo caso las

ventajas de una excesiva concentración formal de poder, son indiscutibles los inconvenientes de un poder

concentrado y no ejercido por su titular. Esto produce vacíos que se llenan de un modo confuso,

desordenado y asistemático.

-¿Tienen ustedes prevista una estrategia alternativa en el caso de que sus tesis ganen o pierdan en el

congreso?

No creo que quepa plantear él problema en términos de ganar o perder. Creo que el partido gana, en todo

caso, si el congreso asume con entereza la realidad y resuelve las controversias con limpieza democrática.

Si, además, se decanta, como pretendemos, un proceso de renovación con autenticidad y elevación de

miras, el partido se revitalizará y consolidará como opción política clave en la democracia española. Ello

permitiría ejecutar con nueva fuerza el programa de UCD y nos situaría en trance de recuperar la

confianza de la sociedad española y nuestro prestigio ante ella. De esta manera, tengo la seguridad de que

UCD triunfaría de nuevo en las próximas elecciones.

—¿Pero qué ocurrirá, insisto, si sus tesis resultan derrotadas? ¿Habrá una escisión en UCD?

-No existe el menor riesgo de escisión por nuestra parte. Los resultados del congreso serían aceptados y

seguiríamos trabajando en pro de los mismas objetivos dentro del partido.

—¿No quedará al fina! todo en una componenda, en una transacción más de las muchas que ha habido en

la historia de UCD?

—Habría que distinguir entre lo que se refiere al contenido de las distintas ponencias que debatirá el

congreso y la composición de las candidaturas para los órganos del partido que han de ser elegidos por los

compromisarios.

En el primer caso caben, evidentemente, todo tipo de transacciones y fórmulas intermedias de

conciliación. En el segundo caso el tema es distinto, porque lo que pretendemos es, precisamente, que no

se formen listas únicas de candidatos. Como consecuencia, en relación con este punto, creo que el único

pacto posible es precisamente que no haya pacto, en el sentido de lo que se viene llamando una lista de

«integración». Si se me permite usar la conocida frase de la doctrina política, el contenido del acuerdo

sería aquí el cómo estar en desacuerdo.

-¿Y si a pesar de todo se elabora una lista de «integración»?

—No creo que sea ya posible. En cualquier caso, yo no participaría en ello. Y ésta es una decisión

definitiva.

-¿Cómo calora la posición que están adoptando los socialdemócratas de Fernández Ordóñez?

-Creo que los socialdemócratas de UCD no pueden dejar de asumir las tesis democratizadoras. Así lo han

dicho explícitamente. Otra cosa es que en relación con el congreso opten por una u otra táctica política, en

lo que no entro y que naturalmente respeto. Hoy por hoy, a mí me basta con saber que existe esa

convergencia en torno a la democratización y que Fernández Ordóñez conoce y respeta la seriedad y la

sinceridad de mi planteamiento.

— Desemboquemos en una cuestión de fondo clave. ¿Qué juicio le merece la trayectoria del presidente

Suárez de cara a su concurrencia a las elecciones de I983 como líder de UCD?

—El problema no consiste, a mí juicio, en hacer ahora una valoración de la figura y de la actuación riel

presidente Suárez desde 1976. Pienso que esta valoración es positiva sin ningún género de dudas. Pero el

sentido de su pregunta, si lo entiendo bien, es si seguirá siendo la persona idónea para asumir el liderazgo

de UCD en las próximas elecciones. Pues bien, a mí me parece obvio que esa definición no se puede

hacer de forma irrevocable a dos años vista.

No se trata, por tanto, de un prejuicio respecto del presidente Suárez. Se trata, por el contrario, de no

prejuzgar ahora cuál seria la valoración dentro de dos, porque políticamente en nuestras circunstancias

esto sería excesivo.

Liderazgo

-¿Cómo ve, entonces, la cuestión del liderazgo dentro de su partido?

—Es lógico que en un partido se produzcan situaciones de liderazgo personal. Es lógico, es normal y es

bueno. Lo importante es que el partido tenga entidad y vigor propio, no sea mero reflejo de su líder, ni se

convierta en una organización colgada de él y a su servicio.

Es evidente que el ejercicio del poder implica el desgaste de las personas que lo ejercen y esto es algo que

se cumple con la inexorabilidad de una ley física. Por eso, un partido democrático ha de tener

mecanismos y vitalidad para sustituir a sus líderes con normalidad y sin traumas, cuando resulte evidente

su desgaste o su permanencia dificulte la consecución de los objetivos del partido, o lastre la viabilidad de

sus proyectos y programas.

Es posible que haya quien critique el contenido de esta larga entrevista, alegando que sólo hemos hablado

de asuntos que le interesan nada más que a los políticos...

—Los partidos no son un juguete de los políticos. En una democracia los partidos juegan, un papel

institucional muy importante, sirviendo de vehículo para articular la voluntad y los intereses de los

votantes. En .el caso de UCD se trata del sector mayoritario del país.

En consecuencia, cuando hay síntomas de debilitamiento o de pérdida de posición de un partido, es

obligación de sus militantes tratar de enderezar el rumbo. Para eso está, en definitiva, el congreso de

UCD.

 

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