Alocución de Adolfo Suárez al país. 
 "Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia"     
 
 ABC.    05/02/1981.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 25. 

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JUEVES 5-2-81

NACIONAL

Alocución Adolfo Suárez al país

«Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia»

Acosado por su propio partido, vapuleado por la oposición, la imagen gravemente deteriorada tras cuatro

largos años de intensa gestión política, desigual en cuanto a resultados, Adolfo Suárez dimitió como

presidente del Gobierno. La sorpresa fue el denominador común que sacudió todos tos ámbitos políticos y

ciudadanos de la vida española. Sorpresa entreverada ya de preocupación por el destino de un partido

quebrantado por las tensiones, que se queda sin el líder que hasta ahora había conseguido mantenerle

unido a trancas y barrancas.

- A las ocho menos cuarto de la noche del jueves, 29 de enero, Adolfo Suárez dirigió a los españoles un

breve y emotivo mensaje en el que, a través de la radio y la televisión, anunció su irrevocable intención de

dimitir. Subrayó que se marchaba sin que nadie se lo hubiera pedido y destacó su permanente lealtad a

España, a la Corona y a su propia obra. Terminó pidiendo «el esfuerzo de todos juntos para construir una

España de todos y para todos».

El texto íntegro del mensaje de Adolfo Suárez es el siguiente:

«Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del

Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.

Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron

como presidente constitucional, las razones por las que presento irrevocablemente mi dimisión como

presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.

No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia

de los pueblos, en los que uno debe preguntarse serena y objetivamente si presta un mejor servicio a la

colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a el.

He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mí marcha es más beneficiosa

para España que mi permanencia en la Presidencia.

Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me

ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco

comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi Patria me exige en este momento.

«NO ME VOY POR CANSANCIO»

No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No

me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso

demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la de una persona aferrada

al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el

marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué

momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio

que siempre implica el cambio de la persona, que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la

vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hadamos, y por eso mi

decisión es tan firme como meditada.

He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo

largo de los últimos ciento cincuenta años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente

en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de

convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero como

frecuentemente ocurre en la Historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no

quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de

España.

Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser

el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustraciones; de lealtad

hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y

progresista y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como

todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos por

entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una Patria de todos, y de

lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan hechos que, como el que

asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las

instituciones.

«NO ME HA QUEJADO DE LA CRÍTICA»

Quizá los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más

adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la

he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la

inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal, porque creo que se perjudica el normal

y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de

gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de gobierno basado en

la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático la permanente descalificación de las

personas y .de cualquier tipo de solución con que, se trata de enfocar los problemas del país. No son un

arma legítima, porque precisamente, pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio

sistema democrático de convivencia.

Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para

mantenerse firmes y confiar en nosotros, los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la

fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de

fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a tas personas y la

legitimidad de los poderes públicos.

Yo, por mí parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en

cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la

sociedad española.

Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que si todos queremos

nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación libre y desarrollada, nos hemos trazado.

«TENEMOS QUE MANTENERNOS EN LA ESPERANZA»

Se puede prescindir de una persona en concreto, pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos

juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.

Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en

la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo; pero

con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante.

Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir,

con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.

Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y

los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo

español se agrupe en torno a las ideas, a las instituciones y a las personas promovidas democráticamente a

la dirección de los asuntos públicos.

Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD

hay hombres capaces de continuar la labor de gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado

y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su

confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar.

Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi

vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza

que me han otorgado. Quise correponder a ellas con entrega absoluta de mi trabajo y con dedicación,

abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus

aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en

la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo.»

 

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