Autor: Rioja, Eugenio de. 
   Las causas de origen laboral y económico del conflicto minero  :   
 La ocasión frustrada de 1962. La falta de una auténtica representación y una escasa cooperación. Los errores de la época de las "vacas gordas". El Estado tuteló al minero a través de la seguridad social. 
 ABC.    19/05/1964.  Página: 64. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MARTES 19 DE MAYO DE 1964.

EDICIÓN DE IA MAÑANA.

PAG. 64

LAS CAUSAS DE ORIGEN LABORAL Y ECONÓMICO DEL CONFLICTO MINERO

La ocasión frustrada de 1962.—La falta de una auténtica representación y una escasa cooperación.—Los

errores de la época de las "vacas gordas" del carbón.—El Estado tuteló al minero a través de la seguridad

social

Oviedo 17. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Una de las causas de fricción entre el capital y el

trabajo son las condiciones del contrato laboral. Los mineros piden más dinero y los empresarios piden

comprensión para los complejos problemas económicos que plantea la explotación del carbón de hulla.

En ambos casos parece que no existe un deseo de entenderse. Por esta causa el vencimiento del antiguo

convenio colectivo originó hace dos años uno de los conflictos más importantes de Asturias—duró dos

meses—en 1962, hasta el punto de que intervino como mediador el delegado nacional de Sindicatos,

señor Solís.

En aquellas reuniones de Solís con los representantes que eligieron circunstan-cialmente los mineros,

resultaba lamentable, por un lado la falta de sentido corporativo de los "parlamentarios" mineros, que

reivindicaban cosas personalísimas, propias de la jurisdicción de Magistratura de Trabajo. Solís habló

varios días en sesiones, que duraron muchas horas, con los mineros, y no pudo concertar con ellos

acuerdo alguno. Habló con los empresarios, pero parece que éstos también se mostraron poco

cooperadores, pues, según se decía, trataban, por otra parte, de apoyar sus puntos de vista con

recomendaciones marginales cerca del Gobierno.

Resultó una ocasión perdida para Tos mineros asturianos aquella en que pudieron haber dado contenido a

su Sindicato y haber delegado en líderes verdaderamente representativos y responsables. Pero

emprendieron un camino equivocado, y fue el de sentirse individualmente más importantes que

colectivamente. Quisó, la vanidad de haber sido elegidos portavoces de aquella ocasión les indujo a

exponer naderías como grandes problemas de clase, y pequeñas cuitas personales que tenían para ventilar

en los organismos jurisdiccionales de trabajo.

Como aquella oportunidad se perdió, se dilataron, por no decir que se aplazaron "sine ale" tos contactos

que habían tenido para estudiar un nuevo convenio colectivo.

La huelga de 1962 echó por tierra muchas cosas y produjo daños a la economía del carbón en Asturias

superiores a los quinientos millones de pesetas. La Caja de Jubilaciones y Subsidios a la Minería

Asturiana, que tiene un canon en tonelada de carbón, perdió en ese año varios millones de yesetas, y las

jubilaciones se vieron disminuidas al computarse para el salario regulador la suma de jornales alcanzados

en los últimos años.

Asi las cosas, y como se empezaba a fermentar esta huelga actual, hace meses se abordó por el Ministerio

de Trabajo la redacción de una Ordenanza de la Minería. Aun a pesar de la falta de información sobre las

deliberaciones que se están llevando a cabo en Madrid, se sabe que las empresas tropiezan con

dificultades para la capitalización de sus programas de más moderna explotación de las minas;

dificultades que se agravan por las reivindicaciones salariales de los trabajadores.

Hace pocos meses, recibidos por el ministro de Industria, los empresarios mineros habían expuesto la

necesidad de un empréstito al 3 por 100 y a pagar en veinte años de cerca de siete mil millones de pesetas

para poder llegar a la producción de once mil millones de toneladas en 1975. Las peticiones de aumentos

que piden los representantes mineros en esta Ordenanza alteran esta cifra y crean, indudablemente,

problema de financiación de los nuevos programas en las empresas explotadoras.

La Prensa estos días tercia en esto que pudiéramos llamar aspecto laboral del conflicto y disputa entre sí a

favor o en contra de lo que ya se llama la época de las "vacas gordas" del carbón a raíz de la terminación

de nuestra guerra en los años 40, cuando incluso se servía tierra mezclada con carbón a precios entonces

astronómicos, riqueza de la que no participaban los mineros. La Prensa que representa la opinión de los

empresarios replica a esto diciendo que ellos estuvieron sujetos al sacrificio de unos cupos a unos precios

impuestos, que no eran los del rendimiento económico, y que el resto, la famosa época de las "vacas

gordas", enriqueció a una serie de intermediarios que no habían expuesto nada en la explotación

carbonera. Ahora se pide a los mineros comprensión, y éstos alegan que por qué no se tuvo comprensión

en aquellos años difíciles.

El Estado, en cambio, tuteló al minero en esta etapa haciéndole ver la importancia que representaba para

él una seguridad social justa—silicosis, accidentes, jubilaciones, Seguro de Enfermedad, etcétera—y fue

elevando la condición social del minero en la realidad por encima de la lírica de los poetas y los escritores

que habían agotado este tema. Poco después, las reglamentaciones dieron su parte al picador, al

barrenista, al rumpero, etcétera, hasta que llegaron a un estado de conciencia de su valia, del riesgo y

esfuerzo que representaba su tarea. El trabajo del picador es duro y le ha hecho ser y sentirse un hombre

importante. Si lo es—y hasta dónde—lo veremos en la próxima crónica.—Eugenio DE RIOJA.

 

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