Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   El conflicto laboral de los mineros asturianos  :   
 Aparentemente es de reclamaciones laborales, pero tiene un fondo claro de matiz político. 
 Hoja del Lunes.    26/01/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ESPAÑA DESDE DENTRO

El conflicto labor oí de los mineros asturianos

Aparentemente es de reclamaciones laborales, pero tiene un fondo claro do matiz político

Por A. J. GONZÁLEZ MUÑIZ

EL minero, que ha sido tradicionalmente el trabajador mejor retribuido—y conviene recordar sobre esto

la intervención parlamentaria de José Antonio en las Cortee con motivo de la revolución de octubre de

1934—, ha sido también, tradicionalmente, el más rebelde y el que ha mostrado tina mayor sensibilidad

para los problemas sociales y políticos. Así ahora, de nuevo en el nresen-te conflicto, que pudiera parecer

de reclamaciones laborales, pero que tiene un fondo de claro matiz político. Por lo pronto, ios propios

mineros no saben explicar de buena fe en qué consisten esas reclamaciones laborales. Por vía legal no se

han planteado reclamaciones forrna es a Va empresa. Lo único que saben, tanto la empresa como las

autoridades, es que versiones de la calle dicen que los mineros quieren tener las pagas extraordinarias en

la misma cuantía que los empleados. Esta es la versión de la calle, porque reclamación legal y formal ante

la empresa o Jas autoridades no hay—insistimos—ninguna. ¿ Es éste, pues, un conflicto que pudiéramos

calificar como laboral o como social?

Es oportuno recordar, como hacía en su carta del pasado día 21 a los mineros ei presidente de la Empresa

Nacional Hullera del Norte, S. A, que "el jornal medio que paga Hunosa, incluidas las cargas sociales, ha

sido, en diciembre último, de 750,92 pesetas. Era de 586,37 pesetas al final de 1968 y de 540,89 pesetas

cuando se constituyó Hunosa.

Señalamos esas mejoras económicas porque contribuimos a ellas todos los españoles, ya que Hunosa es

una concentración de dieciocho empresas, con treinta y cinco pozos o explotaciones, en la que hay un 25

por 100 de capital privado y un 75 por 100 de capital del Estado. Se fue a la concentración de empresas

en una nacional para racionalizar ©1 trabajo, modernizar las explotaciones, llegar a retribuciones

económicas mayores para el personal minero y atender mejor las necesidades de la economía nacional.

Ese conflicto minero no va contra una empresa capitalista, sino que afecta a. todos los españoles, porque

el capital mayoritario es estatal!. Hay que tener también presente otro aspecto del problema.

LAS DOS CABÁS DEL CONFLICTO

Pudiera creer el lector que es fácil disculpa achacar a una significación política todo conflicto colectivo de

trabajo; pero se da la "curiosa circunstancia" de que en octubre pasado comenzó a acusarse en las zonas

mineras asturianas la presencia y la actividad de agitadores, ausentes anteriormente de Asturias, y que

comenzaban a fomentar un clima de descontento social y de reclamaciones laborales. La llegada de esos

agitadores estaba motivada por que en fecha próxima entraría en vigor ei reglamento de régimen interior,

que fue aprobado el 8 de noviembre del año último. Antes de conocer ese reglamento se comenzó a

fomentar el descontento entre los mineros.

Resulta fácil esta siembra, de reclamaciones laborales, y con tal fin se inició la propaganda

clandestina pidiendo a los mineros que faltasen a su trabajo. La maniobra, hay que reconocerlo, ha sido

inteligente. De cara a! minero, reclamaciones laborales; pava ¡a propaganda exterior, reclamaciones

políticas. Saben bien esos agitadores que ai plantean e! conflicto colectivo minero con cariz político, la

masa no secundaría sus planes. Hay una razón clara para ello, y es que esa agitación subversiva está

movida por comunistas, y el minero asturiano, por tradición, ha tenido formación socialista y no

comunista. Se vio claro en todos ios conflictos poli-ticos y revolucionarios anteriores a 1936.

Había que jugar claramente el señuelo de reivindicación laboral y no política, aunque a los, que mueven

la trama del conflicto !o que les interesa es el aspecto político del terna y no el labora!. Prueba de esto es

que los propios mineros no sepan explicar con toda claridad la razón de esas reivindicaciones ni e! que las

hayan planteado legal y formalmente a la empresa y a las autoridades. Hay. puts, un poso turbio en toda

esta cuestión •laboral, pero tiene también el atractivo espejuelo, con su sentimentalismo comprensible, de

mejoras económicas. Nos encontramos ante un conflicto de fondo político. Prueba el origen de esa

agitación comunista e¡ que en otras zonas mineras asturianas, donde la masa ha tenido siempre una

tradición puramente socialista, no hayan contribuido a esa maniobra, cuyo origen conocen. No hay, pues,

en el conflicto esa solidaridad que se pretendía.

¿HAY RAZÓN JUSTIFICABA?

Ni aun en ¡os mismos pozos mineros afectados por el conflicto existe unanimidad, como lo prueban ese

sube y baja de las asistencias al trabajo, y las deserciones de! conflicto en cuencas, como tas de Aller y

Turón, donde empezó el problema. Los propios mineros están a merced de los vaivenes, y tan pronto

entran al trabajo, atendiendo los llamamientos de la empresa, como no asisten, oyendo el cántico laboral

de los cabecillas q-ue dirigen el conflicto. Es decir, el propio minero no tiene conciencia c´ara del por qué

no asiste al trabajo. El mismo proceso del conflicto colectivo laboral lo demuestra.

¿Es por el reglamento de-I régimen interior del 8 de noviembre de 1969 por Jo que no va al trabajo el

minero? Cierto que ai conocerlo los mineros hicieron por vía legal algunas reclamaciones, que se

resolvieron por negociación y de manera satisfactoria. Prueba de que cuando hay una razón comprensible

es posible la negociación, qxie significa, a veces, ceder por una o por las dos partes. Pero resucitas estas

reclamaciones, de pronto, el 26 de diciembre se inicia el conflicto en !a cuenca carbonífera de Turón.

¿Sabían los propios mineros, en verdad, por qué lo iniciaban? Los hechos están demostrando que Jo

desconocen.

Cuando ei conflicto parecía reducirse y entrar en vías ¿e normalidad, se recrudece la campaña de los

activistas, que ayer domingo, ya sin tapujos, demostró en las octavillas distribuidas su claro origen

comunista. Desde la primera semana. del año los paros en los pozos se producen con rotaciones y con el

hecho común de faltas al trabajo muy elevadas entre los picadores y numerosas asistencias en log

trabajadores de! exterior de las minas. Aunque e] llamamiento de los agitadores se hace para que no

acudan al trabajo ni los mineros del interior ni loa del exterior, pese al tiempo que va transcurrido no han

conseguido la obediencia total en el llamamiento. Los pozos clausurados lo han sido por la propia

empresa, no por la ausencia completa de los trabajadores.

La empresa, como es lógico, se niega_ a tratar el problema del conflicto fuera de los cauces legales, ya

que fuera de éstos fue planteado. La empresa ha anunciado que si hoy lunes no se restablece la

normalidad, habrá despidos y cierre de explotaciones. Este_ anuncio ha motivado la reacción de los

agitadores para no perder el dominio de la situación, incrementando su campaña de reivindicaciones

laborales. Ante el minero este espejuelo tiene siempre atractivo y ante la opinión nacional encuentra

siempre simpatías. Es lógico. Pero fuera de España el planteamiento que del conflicto están haciendo

quienes dirigen a esos agitadores es político, no laboral En estas dos vertientes está el juego que se hace

con los mineros.

LA FUTURA LEY SINDICAL

Hay en esta doble campaña ante el minero un aditamento que explotan los agitadores, v es el de poner en

evidencia la eficacia de los cauces sindicales para resolverles los problemas. Esta otra cuestión que bien

armonizada, como también se está haciendo, cierra el camino del dialogo entre los mineros y sus legales

representantes ante la empresa. Será éste uno de los problemas de fondo que ha de contemplar la futura

ley Sindical. Porque los conflictos colectivos de trabajo, llamémoslos huelga o no. existen y no se puede

honradamente ignorar su existencia por una disposición, como tampoco se puede acabar con el tifus por

medio de un decreto. No puede limitarse el problema a una sola cuestión policial; los conflictos colectivos

son consecuencias, no las causas, v son éstas las que hay que atacar a fondo y sin contemplaciones, no

sólo para restaurar la normalidad laboral, sino para asegurar políticamente el orden v la paz social para el

presente y el porvenir.

Escribía "Ya" en un editorial hace unos días, y suscribimos: "Como siempre, frente a una actitud

subversiva—se dé donde se dé—nosotros estaremos con la autoridad. Pero, como siempre también,

propugnaremos, tras el restablecimiento de la normalidad, te desaparición no sólo de las causas, sino de

los pretextos utilizados como justificación de las irregularidades."

 

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