Autor: Sánchez Agesta, Luis. 
   Revisiones del marxismo y eurocomunismo     
 
 Ya.    16/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

REVISIONES DEL MARXISMO Y EUROCOMUNISMO

UNO de los hechos más curiosos de la evolución del pensamiento marxistaleninisfa, por emplear este

término para mejor entendernos en ese complejo mundo de distinciones sutiles entre socialismo,

comunismo y eurocomunismo, es la revalorización del Estado, con su acción directiva, en los procesos

económicos e, incluso, su acción cultural, que transforma las formas de vida de los hombres. Esta revisión

no sólo se da en el pensamiento marxistaleninista de los países occidentales, normalmente más libre y

atrevido en su interpretación escolástica del pensamiento de Marx, sino también, curiosamente, en los

países del Este, y con fundamentos distintos de los que alegó el propio Stalin frente a Trotzkl, como una

necesidad de dar plazos indefinidos y cuidar el "aparato" de poder del Estado para defender el socialismo

que se establecía en un solo país frente, al cerco de los países capitalistas.

EN los países occidentales han sido las teorías de Gramsci y, sobre todo, de un griego afincado en París,

Nicos Poulantzas, los que han reivindicado la función del Estado como un factor de cohesión de los

elementos comprendidos en una formación social. El Estado se convierte así en el centro de la acción

política, que es la forma más madura de expresión de la lucha de clases. Poulantzas, especificamente,

distingue entre lucha económica, que es pura oposición de Intereses económicos y que se mantiene

normalmente por los sindicatos, y la verdadera lucha de clases como fenómeno político, que sólo existe

cuando se concibe el Estado como un centro de poder que es dominado o poseído por un partido de

político de clase. Ese centro de poder no debe confundirse con esa otra designación del Estado como

"aparato", que se refiere a los cuadros personales de la burocracia y del ejército y de los otros elementos

pura mente instrumentales a través de los que se ejerce el poder.

PERO no es cosa aquí de aburrir al lector con los análisis agudos, pero oscuros por sus soterradas raíces

hegelianas, con que esta nueva concepción marxista del Estado se presenta en Occidente. Lo que sí es

importante es la consecuencia práctica de que el Estado es algo "bueno" que hay que poseer y que de su

posesión se derivan innumerables bienes .económicos, sociales y culturales. Y aún. más,la afirmación de

que esta lucha, politica por el poder del Estado, con la constitución de un partido, es la verdadera

expresión de la lucha de clases.

Este mismo fenómeno, aun que por razones más pragmáticas, se da en los países del Este. La reducción

del socialismo a la dictadura del proletariado, en su forma extremo de lucha directa, es un fenómeno que

se pierde ya en la lejanía histórica de más de medio siglo. En los países que se han incorporado al régimen

soviético después de la segunda guerra mundial, el salto a una economía planificada y a una dirección

dominante del partido comunista se ha realizado casi como un hecho natural bajo la tutela de un ejército

de ocupación. La realidad de un Estado socialista que dirige y planifica la economía se ha manifestado sin

la violencia escandalosa de las formas externas de la dictadura del proletariado, como un influjo creador

sobre el desarrollo y reconstrucción de las formas de producción y de la forma de vida de los hombres,

después de una guerra, para satisfacer sus necesidades materiales y culturales en un caos de ruinas.

POR eso no es de extrañar que en el IX Congreso del Partido Comunista de la República Democrática

Alemana (SED/1976) se haya condenado como trotzkismo la interpretación del socialismo como acción

directa de la dictadura del proletariado para afirmar el poder creador del Estado socialista. Los más

autoriza dos expositores de la doctrina socialista en este mundo del Este han afirmado con un espíritu de

total identificación con la doctrina soviética, que es un punto de vista netamente anticomunista negar la

realidad, creadora del Estado socialista en su función de dirección y planificación de la economía y su

benéfico influjo sobre el desarrollo de la cultura y la formación humana. Este IX Congreso del SED, de

acuerdo con el XV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, considera que es un punto de

partida irrenunciable la afirmación de que el Estado es una parte del sistema conjunto de la organización

política de una sociedad socialista.

QUE relación guardan estas relativas novedades del pensamiento político marxista con el llamado

eurocomunismo? El Congreso del Partido Comunista de la República Democrática Alemana no sólo

condena como una desviación trotzkista la acción directa e indisciplinada de una dictadura del

proletariado, sino también a aquellos enemigos encubiertos del socialismo que sugieren formas

democráticas burguesas para "mejorar" el orden jurídico y la estructura del Estado socialista. Entre estas

supuestas "mejoras" se enuncian taxativamente el pluralismo político, la aceptación de partidos de

oposición, la división de poderes y las reglas del juego del parlamentarismo burgués.

SOLO quedan, pues, dos posibles interpretaciones del llamado eurocomunismo.

QUIZA nos hallamos sorprendentemente ante una "herejía" que acepta bajo otro nombre las

formas tradicionales del socialismo democrático, que tuvo su primera raíz en Owen y en el laborismo

inglés. O bien nos hallamos ante una medida táctica de aceptación de la "ideología" burguesa para

participar en lo que los neomarxistas occidentales llaman "el bloque en el poder". No hay que perder de

vista el sentido que la ideología tiene en la terminología marxista. La ideología es un conjunto de

coherencia relativa, de representaciones, valores y creencias que contiene una relación imaginaria con la

realidad y que trata de reconstruir sobre un plano imaginario las contradicciones "reales". El papel de una

ideología es ocultar esa realidad que estriba en fenómenos de dominación de clases, fundados en la

propiedad de los medios de producción.

LA aceptacióa de una ideología no compro mete, pues, la conciencia de quien "sabe" que la realidad de la

historia está dominada por otras fuerzas efectivas. El único riesgo al aceptarla es que no todos posean esa

fuerza de convicción de una fe marxista y que a la larga los hombres de filas se dejen embaucar por el

enmascaramiento o la ocultación de la realidad que una ideología supone.

LO que no deja de ser una sugestiva hipótesis de futuro.

Luis SÁNCHEZ AGESTA

 

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