Ministro de trabajo: Me responsabilizo de lo que digo, pero. 
 He hablado de participación, no de autogestión     
 
 Informaciones.    05/08/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

MINISTRO DE TRABAJO: «ME RESPONSABILIZO DE LO QUE DIGO», PERO... «HE HABLADO DE PARTICIPACIÓN, NO DE AUTOGESTIÓN»

MADRID, 5 (INFORMACIONES) .—«Yo me responsabilizo, como siempre lo be hecho hasta ahora, de lo que escribo o de lo que digo, pero no puedo hacer mías unas palabras que no pronuncié», ha dicho el ministro de Trabajo, don Manuel Jiménez de Parga, a un redactor de INFORMACIONES, que le preguntó si en el discurso de la reciente toma de posesión de nuevos altos cargos de su Departamento había aludido a la autogestión en las empresas.

—Pero lo cierto es que los ataques a su discurso, señor ministro, se han sucedido, y

algún periódico ha llegado a escribir que los empresarios empiezan a disculparle a usted a raíz de una reunión que mantuvieron con el presidente Suárez.

—Nadie tiene que disculparme de nada, porque creo que no tengo culpa de nada. Concretamente, en este asunto se ha dado una versión inexacta del discurso, y algún comentarista ha montado sotare ello —sobre lo que dicen que dije, sin haberlo dicho— una interpretación que naturalmente no tiene nada que ver con mi verdadero pensamiento. Quede bien claro que, al responsabilizarme de cuanto escribo o cuanto digo, no me refiero a las versiones de los periodistas —las cuales fueron correctas—, sino a las interpretaciones sobre rumores, bulos o versiones tergiversadas.

— ¿Pero cuáles fueron exactamente sus palabras en torno a la autogestión?

— El señor Vázquez de Prada, responsable de los asuntos de Prensa del Ministerio de Trabajo, le proporcionará a usted la referencia oficial y exacta de mis palabras. Esa referencia es la válida, y no son válidas las interpretaciones subjetivas y tendenciosas de algunos comentaristas, procedan de ´donde procedan e inspírelas quien las inspire.

—¿Pero usted habló o no habló de autogestión?

Yo no pronuncié la palabra autogestión. Lo que realmente he querido- decir y creo que dije en esencia es que todos los miembros de la empresa, desde el accionista al trabajador no cualificado, deben tener su estatuía, y que nadie, ni el accionista más fuerte, ni el trabajador menos cualificado pueden, ser simplemente súbditos, sino ciudadanos que participan Se verdad en la empresa. He hablado de participación, uo de autogestión. Me atenga a, lo que dije en el discurso que tantas polémicas ha suscitado.

LA VERSIÓN OFICIAL

He aquí las palabras que realmente pronunció el ministro de Trabajo en la mañana del día 26 del pasado mes de julio, según la referencia que nos proporciona don Manuel Vázquez Prada:

«Hemos conseguido lo «pie hace meses parecía imposible: la democracia política. Sin embargo, este Gobierno que preside Adolfo Suárez no se considera satisfecho con la meta ya alcanzada, sino que, compartiendo las ideas y sentimientos de los hombres con sentido de la realidad que viven en 1977 va a emprender ahora., desde la democracia, política, el camino hacia la democracia social y económica.

No basta —insistió el ministro— con ser ciudadano en la ciudad, en la organización, de vida política, sino que hay que ser ciudadano también en el tugar donde se trabaja, en la organización socio-económica. He aquí la democracia,, en profundidad, la que el Gobierno tiene en el horizonte de su actuación, la que nos hará pasar de la condición de subditos en las empresas a la categoría de cuidada nos en ellas, como lo somos ya en la vida política.

La democracia en la empresa exige más información, más participación, eligiendo y controlando a, quienes asumen las tareas de dirección y administración del patrimonio que es —que debe ser— común. Igual, en pocas palabras, como sucede ya en la democracia política, a la que nos ha llevado la política afortunada del presidente Suárez.

Agregó el ministro que, como continuación de las medidas ya adoptadas por el Gobierno y ya conocidas por los medias de información, se agregarán inmediatamente las tendentes a conseguir que el ciudadano será, en efecto, ciudadano en la ciudad, pero también en su lugar de trabajo para que goce, dentro, de la empresa, de todos sus derechos.

Para nevar a cabe estos propósitos —agregó también el ministro— necesito la colaboración de todos. Para conseguir entre todos una saciedad auténticamente solidaria, una sociedad más justa, una sociedad´ más cristiana.»

 

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