Ante el pacto social. 
 Necesaria colaboración de todos     
 
 ABC.    08/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ANTE EL PACTO SOCIAL NECESARIA COLABORACIÓN DE TODOS

Sea cual fuere la política económica que se proponga seguir el nuevo Gobierno—y que no dejará de tener, en caso alguno, una suficiente y sincera preocupación y orientación social— no es procedente que antes de conocerla, de que sea publicada, las centrales sindicalistas legalizadas, el nuevo sindicalismo,.se manifiesten contra el llamado «pacto social».

No es procedente por una razón representativa, ante todo. Todavía, habida cuenta de lo que suma el censo laboral cierto de la población española, ninguna central sindical ni todas las legalizadas juntas suman el número suficiente de afiliados para decirle con verdad democrática — que es, insistimos, la verdad representativa— si los trabajadores españoles, así, como masa laboral, están o no de acuerdo con el pacto social. Serán, en todo caso, las centrales sindicales, con su minoritaria representación, quienes no estén de acuerdo en el pacto o la tregua. Y es este asunto muy diferente y de otra menor entidad.

Tampoco, al hilo de la consideración anterior, consigue grande respaldo democrático la negativa al pacto si se enfoca desde otro ángulo. Lo decidido en las elecciones del 15 de junio ha sido, en suma, el orden de situación de los partidos políticos, según la adhesión popular lograda en las urnas. El pueblo español votó a partidos; el pueblo español no votó a sindicatos o a centrales sindicales.

Y así, y entonces, si ahora, pese a las conocidas vinculaciones de las centrales sindicales con algunos partidos políticos, hiciese el nuevo sindicalismo una política de obstrucción al Gobierno en talleres y fábricas, en la .calle y en las empresas, la masa mayor de los votantes españoles se encontrarían defraudados en la misma proporción en la cual creyeron de buena fe. al votar, que la oposición política quedaría centrada en las Cortes, en el Congreso y en el Senado.

Todos los españoles, cualquiera que haya sido el signo de su voto, han votado por la democracia; por la pluralidad de partidos;- por la prevista alternancia en el Poder; por la reconstrucción económica del país, en bien de todos; por una nación gobernada con todas las garantías de lo que se llama un Estado de Derecho... Por todo esto se ha votado. Por la directa acción sindicalista en las calles o en las fábricas se ha votado mucho menos. La mejor prueba es ese dato que ya hemos apuntado, relativo a la poquedad evidente de inscripciones en las centrales sindicalistas que todavía se registra.

Si el relativo mida cada cual con su metro—, relativo, decimos, pero muy cierto mayor bienestar de las clases obreras no hubiese sido verdad, en pasados años, no estaríamos hoy argumentando con la crisis, con el paro, con la inflación. Se diría —y eso ¿quién lo mantiene?— que llevamos cuarenta años de hundimiento económico. La crisis t es mucho más reciente. Y alcanza, además, también a los empresarios. Si no les alcanzase, ni el paro sumaría cifras muy preocupantes ni se registraría el negativo fenómeno de la falta de inversión o del desaliento inversor.

No escribimos contra la acción reivindicativa legítima de los sindicatos o de las centrales sindicales. ¿Cómo íbamos a excluir del amplio abanico de las libertades, que se reconocen y se amparan en una democracia, la libertad sindical?

Nos limitamos —ni punto más ni punto menos, eso sí— a subrayar que la postura preconcebida de negación a un pacto o acuerdo o negociación entre quienes van a gobernar la economía del país y las masas laborales, en el más amplio sentido de la palabra, no es aceptable en estos difíciles momentos, por razones de bien común nacional.

De un lado, las reivindicaciones sindicales, de otro, las exigencias reales de la economía, siempre podrá y deberá quedar delimitada una ancha área de acuerdo o de compromiso.

 

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