Autor: Peña, Marcos. 
   El pacto social     
 
 Diario 16.    05/07/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El pacto social

Marcos Peña

Dentro de nada el pacto social va a ser protagonista en el escenario do la* relaciones laborales. Será algo asi como los polvos milagrosos de la "Madre Celestina y «1 Padre Cucharón", destinados a curar nuestras enfermedades estructurales. Y nuestras enfermedades económicas (inflación, paro y déficit de la balanza de pagos) parecen entrar en estado critico; el termómetro, señores, marca 40 grados de temperatura.

El raciocinio es sencillo: estamos ante un problema nacional, de lo que se trata es de salvar a España y consolidar la democracia. Ya que la recalcitrante inflación es el origen de nuestras malea, urge «na política de austeridad y "congelación salarial"; los trabajadores, como primeros interesados en que esta democracia se consolide, deben participar en esta operación y "pactar" un incremento salarial sometido al índice de productividad. Deben, asimismo, instar un certi-cado de buena conducta y amainar su espíritu reivindicativo (huelgas) en aras del bien común.. Y así conseguiremos que de una vez por todas, todos salgamos beneficiados... Ya suena el cortejo y ya se avecina la España de siempre: Una, Grande y Libre.

No quiero, antes de seguir, comparar la participación de nuestra renta salarial en la renta nacional coa la de otras países de Europa; tampoco recordar cómo nuestro prodigioso milagro económico de

los sesenta fue un eufemismo utilizado por prodigiosa explotación económica, y cómo el desarrollo (?) vino acompañado de la emigración de millones de trabajadores y una drástica congelación salarial que mantuvo a la clase trabajadora en niveles de subconsumo. Pero sí, quizá, fuera conveniente controvertir esta consolidada teoría que justifica el aumento de los precios en base a la reivindicación sindical. En nuestro país, con niveles de consumo y salarios inferiores a la media europea, es preferible pensar que nuestra inflación as estructural; un coste de desarrollo que habrá que anotar en el debe de los "mágicos tecnócratas" que provocaron un crecimiento salvaje, desigual y descombinado, y que aún hoy se vanaglorian de que las españoles calcemos zapatos y oigamos transistores.

Una inflación estructural aliñada por una corrupción inherente a la dictadura. Antes de hablar de pacto social sería menester sanear nuestra economía y nuestra Administración. Lo que ahora hay que guardar bajo siete llaves no es el sepulcro del Cid, sino las sinecuras, las canonjías, los enchufes y la aplicación improductiva de recursos "públicos". Cuando la cruzada contra la corrupción termine se podrá ofrecer con menos vergüenza el pacto social que ahora nos ocupa.

Pero, ¿qué es un pacto social? En síntesis podríamos decir que ante una situación especialmente delicada para la economía de un país, los trabajadores, a través de su representación sindical, abdican de su presión y aceptan limitar el incremento salarial a una cifra prefijada en consonancia con la productividad nacional. Durante este periodo se pacta la no realización de huelgas para rebasar lo acordado.

Los trabajadores españoles, a través de las centrales más representativas a nivel nacional; CC OO, UGT, USO y CNT, tienden a rechazar este pacto. Su rechazo obedece a principios de fondo y forma, aparte de los razonamientos clásicos de la CNT, que en base a su teoría de la "acción directa" se niega a negociar con intermediarios, en este caso el Gobierno.

Las razones de fondo son claras- Dicen los trabajadores que sólo se puede pactar para construir el socialismo y que huelga todo acuerdo cuya finalidad sea la reanimación del capitalismo. Desde su óptica, el pacto se ve como una reducción inmediata de los salarios que lo único que va a producir es un incremento, a corto y me-dio plazo, de los beneficios. Beneficios que, por supuesto, no van a controlar ni disfrutar. Se afirma también que mientras no se conozcan los libros reales de contabilidad de la empresa no puede haber pactos de productividad y que, en todo caso, estos pactos pasan por la cogestión empresarial. En suma, que el cinturón, en caso de ser apretado, oprima a todas y no a todos por igual, sino más a ios que tienen roa» barriga que rebajar.

Los problemas, de forma o técnica, na afecten a la ideología; reflejan, simplemente, una imposibilidad objetiva que impide que el pacto se materialice. El pacto social exige dos .presupuestos: un sindicato mayoritario (casi único) y un partido político en el poder relacionado con este sindicato. Conseguido esto, el partido es el poder hará funcionar los mecanismos de la correa de transmisión y el pacto será impuesto al sindicato afín. Es el caso de Alemania (SPD/DGB) o de Inglaterra (Laboristas/Trade Union), pero ninguno de ambos presupuestos se da aquí, entre nosotros: ni un partido socialdemócrata está en el poder ni existe un sindicato dócil y mayoritariamente representativo.

El pacto social va a ser muy difícil, caá imposible, que se produzca, pero va a ser muy interesante analizar las reacciones d« los dirigentes sindicales frente a la oferta gubernamental; puede ser una de las claves para adivinar la composición sindical española en el futuro. La tibieza de algún dirigente puede provocar el rechazo de la base. Los trabajadores son muy sensibles a todo lo que huela a "congelación"; pensemos que se ha impuesto durante cuarenta años y que sería incongruente que ahora, de grado, fuera aceptada.

 

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