Autor: Bedoya, Javier M. de. 
   Santiago Carrillo se confiesa     
 
 Informaciones.    26/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

SANTIAGO CARRILLO SE CONFIESA

Por Javier M. DE BEDOYA

Lo fácil y lo cómodo ante un libro como «Eurocomunismo y Estado» (Grupo Editorial Grijalbo

Barcelona) es afirmar que se trata de un libro de propaganda, en el que se intenta vestir el comunismo con

una pie] de cor dero. Evidentemente que todo político, cuando se expresa en público, hace propaganda de

sus ideas o actitudes. Lo que hay que valorar es el grado de sinceri dad con que se manifiesta y, en el caso

de este libro, el precio que paga por esa supuesta piel de cordero en relación con sus afiliados clásicos y

con el ámbito en que se mueve su ideología en el mundo.

AUTOCRÍTICA

El núcleo más palpitante del libro es aquel en el cual, invocando una experiencia personal y como

militante histórico comunista, que en el fondo no ha cambiado, Carrillo se decide a hacer un balance de lo

conseguido por el comunismo en los siguientes términos: «El marxismo se funda en un análisis de la

realidad concreta... Tenemos ya diversos ejemplos de sociedades que se han adentrado en las vías del

socialismo», y se pueden poner, por tanto, en entredicho ideas y soluciones que él mismo había

justificado en otras épocas, sobre todo «la contradicción de un tipo de Estado que por sus características

tiende no sólo a colocarse por encima de su propia sociedad, sino de las sociedades de otros países»,

entendiendo que «los progresos del socialismo en los países capitalistas desarrollados pueden ayudar a la

sociedad y a los comunistas soviéticos a superar ese tipo de Estado», porque «la cuestión no está en que el

Este derrote militarmente al Oeste; el papel de los comunistas de Occidente no es potenciar el bloque

militar del Este... Un Estado en que el Ejército y los órganos de autoridad tienen un papel tan grande corre

el peligro de considerar la potencia como su objetivo primordial y en vez de reconocer los límites de su

situación objetiva y los errores y faltas propias, los soviéticos pretenden que nos hallamos ya en el

socialismo pleno... La confusión entre Partido y Estado soviético parece conducir más a la construcción

de imágenes ideológicas que encubran una realidad que no acaba de satisfacer... La experiencia de la

lucha contra el fascismo nos ha llevado a mirar con grandes reservas lo que podríamos calificar de

totalitarismo socialista».

Y Santiago Carrillo —cuyas expresio nes procuro reproducir entrecomilladas—, en su confesión

coherente, llega todavía a mayores prcisiones críticas. Veamos algunas de ellas: «En la U.R.S.S. se ha

desarrollado una capa burocrática que ha ido absorbiendo las funciones directivas, convencida de que ella

es la depositaría de la misión social de la clase obrera, pero que insensiblemente ha ido echando sus raíces

y poseyendo sus propios intereses... Marx y Engels no tuvieron en cuenta que el Estado creado por la

Revolución tiene que acometer la realización de la acumulación de capital, originaria indispensable para

montar la moderna producción... La credibilidad de nuestro partido está afectada porque el Estado

proletario, tras más de cincuenta años de Poder, no se vislumbra por parte alguna, sino que ha guardado

no sólo contenidos de Derecho burgués, sino que ha llegado a deformaciones y degeneraciones que en

otros tiempos sólo podían imaginarse en Estados imperialistas... incluso con rasgos formales similares a

los de las dictaduras fascistas... De ahí que la lucha por el socialismo esté reclamando cada día con mayor

urgencia una crítica interna... La realidad de los países socialistas es que si tomaron el Poder en un tiempo

histórico rápido, la transforma ción económica y social sigue un ritmo mucho más lento, pues persisten

aún desigualdades, hay problemas vitales, como el de nivel de vida y el abastecimiento de la población,

que no pueden considerarse resueltos; problemas de productividad, de participación, están en pie; subsiste

la gran cuestión no resuel ta; la de la democracia, y contradicciones y conflictos sociales que una

propaganda unilateral disimula, pero no resuelve.»

Y SEÑALA CON EL DEDO

Santiago Carrillo, al margen de esta crítica interna, apenas ataca a nadie, salvo a la socialdemocracia, a

quien presenta como proclive siempre a pactar con los burgueses para «administrales», a los socialistas de

Largo Caballero «renuentes a todo pacto con los república nos burgueses» a los avanzados de la derecha,

tan intervencionistas y estatificadores ellos.

De estos últimos, «remedo de soluciones colectivistas», dice: «No es el Esta do socialista el que ha puesto

fin a la libre concurrencia en nuestro mundo occidental, es el Estado de los monopolios... En otros

tiempos, el Estado burgués liberal daba la apariencia de un Estado arbitro que mediaba entre las clases en

lucha... En cambio hoy, el Estado aparece cada vez más claramente como el Estado gestor... y como es el

Estado gestor que no sirve los intereses del conjunto de la burguesía... entra en conflicto directo con la

mayor parte de la sociedad.»

LA SOLUCIÓN QUE PROPONE

No es parco —como suele suceder a los textos marxistas—, el libro «Eurocomunismo y Estado», en

dibujar la salida a los problemas planteados. Procuraré resumir utilizando lo más posible las propias

palabras de Carrillo: Hay que renunciar a la Dictadura del Proletariado porque los trabajadores pueden

elevarse hoy a fuerza hegemónica en la sociedad, dado que son la mayoría democrática, para lo cual los

comunistas deben habituarse a hablar en nombre de esa mayoría manejando los conceptos adecuados. En

lugar del espíritu minoritario de la época de Marx y Engels y Lenin, que querían destruir los aparatos

ideológicos de la burguesía por un golpe de fuerza, lo que se debe hacer es dar la vuelta a esos aparatos

desde abajo, mediante el sufragio, la masificación de la educación y la reforma de las bases en el Ejército,

Política, Justicia, Prensa, etc., de forma que desaparezca la idea parcial de un Estado Obrero y

Campesino.

Y en lo económicosocial se hace preciso formular una planificación nacional que integre el sector público

y el privado en un régimen «todavía» mixto.

en el que los propietarios puedan organizar partidos como componentes del pluralismo político e

ideológico de tal manera que, sin medidas coercitivas, por el desarrollo de las fuerzas productivas del

sector público y la hegemonía politica de las fuerzas del trabajo y de la cultura se llegue al colectivo

social, a la sociedad igualitaria, al socialismo.

En definitiva, todo se reduce a no olvidar, en el uso de la paciencia, que «el objetivo cardinal es poner en

manos de la sociedad —y, en ciertos casos, no sólo del Estado, sino de los poderes nacionales, regionales

y locales— las palancas decisivas de la economía... Sin transformar el aparato del Estado, toda

transformación socialista es precaria y reversible».

OBJECIONES

Como no podía dejar de suceder (supuesta la elementalidad de la fórmula marxista de creer que porque

una empresa o mil pasen a ser propiedad del Estado o públicas desaparecen sus problemas intrínsecos y

los humanos de los trabajadores), Santiago Carrillo cae en las redes de lo mismo que sinceramente

combate. Me basta con recordarle, a este respecto, unas ideas de Engels en su célebre libro

«AntiD.ühring»: «El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente

capitalista... es el capitalista colectivo ideal. Cuantas más fuerzas productivas se apropia, tanto más se

convierte en un verdadero capitalista colectivo. Más ciudadana explota.»

Es triste esa imagen de la sociedad como lucha exclusiva por el Poder. Y es que el marxismo considera al

Poder como la única realidad social. De ese afán de hacer intervenir, al Estado vienen los más fuertes

conflictos sociales al convertir en políticos y constituyentes todos los problemas personales. Todo

proviene de ese tipo de izquierdismo capaz de excluir nada menos que lo económico del ámbito de la

libertad. Quien busque la libertad tiene que respetarla en la relación entre medios y fines. Me gustaría que

los lectores hojeasen un libro de jóvenes universitarios norteamericanos que acaba de publicarse, «La

libre empresa, imperativo moral» (Unión Editorial), para que valorasen todo el alcance de la nueva

filosofía en torno a la autodeterminación individual y a la concepción de la producción como algo más

que la pura transformación de elementos materiales y cómo, incluso en régimen de autogestión, los

autogestores necesitan ser propietarios como hecho diferencial, titular de derechos, frente a la coacción

del Estado.

 

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