Autor: Leguina Herrán, Joaquín. 
   El Partido Comunista: Ultimas banderas     
 
 Diario 16.    02/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Lunes 2 mayo77/WARIO 16

Joaquín Leguina (Convergencia Socialista Madrid)

El Partido Comunista: Ultimas banderas

El Comité Central del PCE ha decidido unir la bandera amarilla y roja a su clásica enseña de la hoz y el

martillo. Un país que discute por banderas es, sin duda, un país que tiene sin resolver algunos asuntos

graves; y por mucho que un grupo de ciudadanos respetables decidan asumir una bandera, tales

problemas no se resuelven.

La bandera de tres franjas: roja, amarilla y roja ha sido símbolo de la monarquía desde Carlos III, lo cual

ha querido decir en la práctica que ha sido la bandera del Estado durante los últimos siglos, a excepción

de cortos periodos. La II República trajo consigo, como es notorio, la bandera tricolor. Para nadie es un

secreto que bajo ambas banderas pelearon y murieron muchos españoles de uno y otro lado durante los

tres enormes años de la última guerra civil. Esta sangre es desgraciadamente la que da hoy un fuerte

contenido a ambos símbolos y es la que exige seriedad a la hora de arriar cualquiera de ellos. Bienvenida

sea la reconciliación y con ella el olvido de las heridas morales de todo un pueblo. Bien está que, además,

se busque el consenso para unos símbolos, y hasta es posible que lo más racional sea asumir la bandera

"roja y gualda" que hoy hace suya el PCE: sin embargo, parece obvio que tal bandera sólo podrá ser la de

todos los españoles si realmente las heridas que llegan en el tiempo hasta ayer se restañan

definitivamente.

La opresión de lenguas y de pueblos enteros y el machaqueo de las libertades no ha terminado. Un

sinnúmero de organizaciones no está legalizado ni va á estarlo (¿o es que la libertad de asociación

equivale a la legalización del PCE?), la libertad de reunión se niega a todo un pueblo: el Aberri Eguna

está ahí para demostrarlo. Etcétera.

Oportunismo

Si todos estos problemas básicos se resuelven, y sin duda se van a resolver entre todos, será entonces el

momento de que la. mayoría del pueblo español asuma símbolos y banderas. Todo lo demás suena a

oportunismo. A oportunismo y a funcionamiento interno no democrático y ello por razónos que parecen

evidentes. A la legalización del PCE ha seguido una cadena de "reacciones" con las que Alianza Popular

ha intentado e intenta desestabilizar el Gobierno en su mejor provecho electoral. De todo este ruido,

aclarémonos, los aliancistas quieren sacar en limpio las nueces de una televisión a su exclusivo servicio.

Para el conjunto de la izquiera la legalización del PCE era básica, pero para el PCE su propia legalización

se ha convertido, al parecer, en el único clavo ardiendo estratégicodemocrático. Suena más que extraño

que ciertas posiciones, aunque en forma condicional se expresen (apoyo a Suárez, asunción de la

Monarquía, decisión "inquebrantable" de presentarse a las elecciones, etc.) hayan sido tomadas en

semejante oportunidad, en plena crisis militar del Gobierno, y con tan aplastante unanimidad, ni un solo

miembro del Comité Central del PCE votó contra la notable resolución sobre la bandera. Conviene

recordar al respecto que los representantes del PC de Euskadi estaban allí.

No representa a todos

El PCE representa hoy a una importante parte de los trabajadores, pero ni los representa a todos ni puede

pretender ser la única alternativa socialista del país. La multitud de ciudadanos que quiere el socialismo

deberá pensarse muy seriamente a quién da su apoyo. El socialismo es democracia y democracia, antes

que nada, interna. Ninguna organización socialista debería

 

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