Autor: Zufía Urrizalqui, Mariano. 
 Los líderes de Euskadi opinan. 
 Necesidad de un compromiso vasco     
 
 Diario 16.    17/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LOS LÍDERES DE EUSKADl OPINAN

Necesidad de un compromiso vasco

Mariano Zufía Urrizalqui

(Secretario general del Partido Carlista de Euskadi, EKA)

Respecto al pueblo vasco, ya no es noticia hablar de problema, situación limite, enfrentamíento, opresión.

Sobre lo que vive nuestra tierra está casi todo dicho, pero los hechos brillan por su ausencia. La mayor tragedia que hemos heredado de los últimos cuarenta años es que la violencia y la represión, a estas alturas, no sean novedad en Euskadi.

Cuando en nuestras fábricas, barrios, iglesias, Universidades, calles, se mantiene el clamor por la artinistía, lo que pedimos no es otra cosa que el deseo de que se haga justicia y que el pueblo vasco deje de ser protagonista de la sangre y la violencia en las páginas de los periódicos. La amnistía ha dejado de ser una reivindicación política, para convertirse en una necesidad de normalización social, en una exigencia para la convivencia pacífica. Sólo cuando el "presoak kalera" sea una realidad, el pueblo vasco estará en condiciones de afrontar el futuro sin dramatismos.

Para garantizar ese futuro de paz hay que recorrer un camino. Un camino que desde Euskadi vemos claro, aunque el Gobierno no parezca, hasta el momento, dispuesto a recorrerlo. ¿Por qué en nuestro país no se cumple esa frase feliz de que "hay que elevar a categoría de normal lo que en la calle es simplemente normal"? ¿Cuándo se va a dejar de gobernar en Euskadi con criterios de excepcionalidad?

Una amnistía total, acompañada de la eliminacion de la política represiva, mediante un cambio radical en el enfoque del orden público, es punto básico que estarnas en condiciones de exigir como un derecho a la vida, un derecho a la paz. Y el pueblo vasco, por su trayectoria histórica, por su nivel cultural, por sus condiciones étnicas, es un pueblo noble. Nobleza que le capacita para mirar al futuro sin rencores ni venganzas, pero con justicia. Es decir, que desde Bermeo a Tudela, desde Irún a Vitoria, hay unas gentes que, con características diferenciadas, tienen un elemento común: su fina sensibilidad por los problemas propios, un olfato especial para descubrir cuándo se le ofrece gato por- liebre. Esto lo han de tener muy en cuenta los responsables de Madrid encargados de buscar una solución al llamada problema vasco. El resultado de la lamentable actitud gubernamental respecto a la "cumbre" de Echarri-Aranaz así lo ha demostrado.

Por el bien de todos y a fin de evitar que Euskal Herria se convierta en una isla de terror dentro del Estado español, es necesario que el Gobierno, sin demora, afronte la cuestión con ojos realistais y, sin soñar en nuevos abrazos de Vergara, se decida a dar prueba de sus anunciados propósitos democratizadores. Si ahora, en algunas esferas del poder, se está lamentando la nefasta política de prohibir tocar el txistu o cantar en la noche de Santa Águeda, nos encontramos en la última oportunidad de evitar nuevos y más graves lamentos, si se continúa prohibiendo la "ikurriña" o la fiesta del "Olentzero".

No se soluciona la crisis autorizando una bandera. Hay que Ir al fondo, al tratamiento de Euskadi como una nacionalidad con derechos propios, capaz de autogobernarse, sin "concesiones" especiales favorecedoras a la oligarquía local. El Gobierno debe recuperar el tiempo perdido y aceptar el diálogo con todas las fuerzas representativas del pueblo vasco. Sin interferir en la negociación que otras .fuerzas llevan a nivel de Estado, aquí tenemos graves problemas específicos, como para necesitar un tratamiento aparte.

No sólo el Gobierno, sino también la oposición vasca debe hacer un esfuerzo. En el segundo caso, para lograr un previo acuerdo interno, sin exclusiones guiadas por el legitimismo o el "abertzalismo" erróneamente entendidos. Instituciones o pactos de la II República merecen el respeto de todos, pero no se pueden imponer con objetivo obligado. Partiendo de la consideración de anteriores conquistas y, sobre todo, de la realidad actual, podemos llegar a un acuerdo sobre puntos mínimos que nos permitan, por un lado, iniciar la negociación con el poder y, por otro, sentar las bases autonómicas de nuestro futuro. Desde el Partido Carlista de Euskadi hemos mostrado nuestra disposición a iniciar ese camino. La precipitación de los hechos no nos permite perder más tiempo en discusiones. Gobierno y oposición vasca debemos olvidar demonios separatistas, política de venda en los ojos y pruritos de partido.

El próximo Aberri Eguna, Día de la Patria Vasca, podía ser una fecha límite para consolidar ese compromiso. La tensión de cada día y el dolor que sufren muchas familias de nuestro pueblo así lo exígen.

 

< Volver