Autor: Guimón, Julen. 
 Los líderes de Euskadi opinan. 
 La cuestión vasca     
 
 Diario 16.    20/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LOS LÍDERES DE EUSKADI OPINAN

La cuestión vasca

Julen Guimon

(Secretario General de la Democracia Cristiana vasca)

Los estudiantes del bachillerato preconciliar aprendíamos matemáticas por un método singular. Los libros de texto constaban de una tabla de problemas detrás de cada lección. Había, por otra parte, una edición especial de circulación restringida en la que se daba la respuesta a cada uno de los problemas del texto, simplificando así la tarea de los profesores. De igual forma, existía una traducción oficial de la guerra de las Galias de César, una especie de versión auténtica. Cinco por cinco, veinticinco. Toda la Galia está dividida en tres partes. Verdades absolutas. Soluciones indiscutibles.

Al hablar del problema vasco, muchos añoran nuestro bachillerato preconciliar. Si hay un problema, debe haber una solución. Quienes así piensan olvidan que la verdad vasca no existe y que la solución vasca no puede ser un slogan, sino un proceso. Pero una pluralidad no se manifiesta ni un proceso puede desarrollarse si no hay libertad. La libertad, largo tiempo ausente, es la condición previa para que la cuestión vasca se encauce.

Todo esto es aplicable a cualquier otro sector de la sociedad española. Pero lo específicamente vasco consiste en que la dictadura "no había previsto que mientras en Jaén o en Burgos las exageraciones del nacionalismo español ibas a encontrar resistencia tan sólo en minorías sofisticadas y liberales, en Euskadi el triunfante nacionalismo español iba a herir en lo más profundo los sentimientos gemelos pero antitéticos del nacionalismo vasco. Se intentó glorificar lo español imperial y de desarraigar lo "residual" vasco. Había que imponer la bandera sobre la ikurriña, el castellano sobre el euskera, la patria legítima sobre la patria traidora, España, una, grande y libre sobre Euskadi askatuta. Pero de la misma forma de que los símbolos españolistas se identificaron con la ideología de la dictadura, los símbolos vasquistas fueron asumidos por todos los enemigos del sistema, fuesen nacionalistas vascos, socialistas, comunistas o, simplemente, demócratas.

Ahora, sólo la libertad sin exclusiones, ejercitada durante un periodo suficientemente largo, permitirá interpretar el valor que cada cual atribuye a los símbolos y a los slogans.

Prohibiendo el acto de EcharríAranaz, el Gobierno ha conseguido, una vez más, unir a toda la oposición vasca. Si lo hubiera autorizado, se habrían traslucido todos los matices de una sociedad plural, heterogénea, hirviente como la nuestra. Veamos algunos de dios. Muchos vascos apoyamos el movimiento de los alcaldes, pero no todos estábamos dispuestos a dejarnos conducir muy lejos por unos Ayuntamientos "orgánicos". No todos los navarros están de acuerdo con los muchos vascos que creemos que Navarra es Euskadi. La reintegración foral es para unos, sin dependencia de España, y para otros simple autonomía administrativa. Cuando se habla de cooficialidad del euskera y el castellano, unos lo entienden como fase intermedia mientras otros pensamos que la pretensión de desarraigar el castellano es insensata y utópica. Para unos, Dios y la ley vieja son inseparables, cuando para otros la sociedad civil debe prescindir de la teología. Todo ello, naturalmente, además de que en el País Vasco, como en cualquier otro lugar existe una gran variedad de opciones en materia socioeconómica.

El problema vasco no tiene una solución, sino muchas. Unas mejores que otras, ciertamente, pero para valorarlas es preciso que todas puedan expresarse en libertad. Hay que dejar vivir a la sociedad vasca sin imponerle soluciones desde fuera. Hace falta, en suma, autodeterminación.

Así, en libertad y sin Imposiciones, es seguro que Euskadi optará por mantener sus vínculos milenarios, por dejar convivir el bilingüismo en libertad, por organizarse de forma autónoma dentro del ordenamiento constitucional español, sin romperlo ni desbordarlo.

 

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