Autor: Quintanal, F. J.. 
 Vascongadas. Pleno municipal tenso y agitado sobre la "Ikurriña". 
 También Bilbao recurre al Referéndum     
 
 Pueblo.    04/02/1977.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Vascongadas

Pleno Municipal tenso y agitado sobre la "Ukurriña"

TAMBIÉN BILBAO RECURRE AL REFERENDUM

BILBAO, 4, (PUEBLO, por F. J. Quintanal.)

Había despertado extraordinaria expectación el Pleno municipal de Ayer. Iba a tratarse de la oficialización de la «ikurriña», y ei salón de sesiones estaba abarrotado de público. Más fotógrafos que de costumbre y los equipos de una cadena de televisión alemana. En los escaños, 19 de los 20 ediles, faltando el señor Gorricho.

Después de darse lectura al acta de la sesión anterior, e1 alcalde propone al Pleno una moción en la que a través de un amplio parlamento va definiendo los pasos dados por la Corporación que preside en temas tales como la utilización da La lengua vasca, reintegración foral, amnistía y, por último, la «ikurriña».

En este último apartado el alcalde señala que «es dificíl encontrar un consenso casi general en una cuestión tan controvertida como la de institucionalizar oficialmente la bandera bicrucifera o "ikurriña"».

Más adelante dice: «De aquí el que con cualquier decisión que se tomara ai respecto tendríamos partidarios y detractores. Es triste que cuando ae desea una mayor autonomía para nuestras Corporaciones, la que se nos otorga lo sea para que queden patentes los criterios más dispares. Es triste, también, que cuando se desea aunar voluntadas se quiebren estas intenciones con al planteamiento, poco meditado, que motiva consecuencias divisorias. Creemos en justicia que la decisión resultará válida cuando esté respaldada por la mayoría de los ciudadanos. Y en este sentido debe ser el Ministerio de la Gobernación, o e1 propio Gobierno si es preciso, quien dicte las disposiciones concordantes para que a través de ana consulta popular se conozca el criterio mayoritario que ha de prevalecer y que será, estamos seguros, respetado por todos.»

Finalmente el alcalde propone al Pleno la aprobación de esta amplia moción y la petición complementaria de dar traslado de todo ello al Rey, al presidente del Gobierno y al ministro de la Gobernación, en forma corporativa, mediante audiencias que serán solicitadas.

• INTERVENCIÓN APLAUDIDA.

Dieciocho de los diecinueve capitulares aprueban la proposición de la Alcaldía. Todos salvo Antonio Otero Ramos, gallego de origen, quien da lectura a un escrito garrapateado con nerviosismo, en el que, en esencia, invita a la Corporación a que sea cada oual quien decida allí mismo sobre la oficialización de la «ikurriña».

—Debemos decidirnosotros y dejarnos de rodeos. A pesar de nuestra escasa representatívidad—añade— nosotros debemos dar cauce a la petición de nuestros convecinos. No podemos adoptar la postura del avestruz —concluye.

La intervención del señor Otero fue aplaudida por la marorist del publico que llenaba el salón de sesiones, entre los. que se encontraba gran número de miembros del Partido Nacionalista Vasco, así como integrantes de la Sección Femenina, que llevaban «pegatinas» con los colores de la bandera nacional.

El alcalde de Bilbao amenazó con desalojar el salón ai se producían manifestaciones de los asistentes en cualquier sentido.

El señor Berasategui pregunta nuevamente a la Corporación si se aprueba su moción o 1a petición del señor Otero. La respuesta es idéntica a la anterior. Se aprueba, por tanto, la moción del alcalde y consta er acta con el voto en contra del concejal Otero.

Inmediatamente, algunas de las personas que se bailaban en el salón de sesiones y las que aguantaban a pie en el pasillo de acceso dan la espalda al Pleno, que transcurre con normalidad. y en número de unas doscientas, aproximadamente, se concentran ai pie de las escalinatas que llegan basta el primer piso. Alli aparecen cinco «ikurriñas» y una pancarta, reclamando fueron, amnistía y coofícíalidad dei euskera. Se entona por varias veces el «Eusko gudariak». ante los atónitos ojos de los empleados municipales, que no dan crédito a lo que ven. A la salida del salón de sesiones, y en esos momentos, se cruzan insultos, y comienzan a escucharse gritos de «¡Presoak kalerai», «Ayuntamienío, dimisión!», «Alcalde, kampora!» y «¡Gora euskadi aaskatutal».

El público abandona el Ayuntamiento cantando otra vez si «Eusko gudariaki», desplegadas las «ikurriñas», y la escena se repite en las escalinatas de la portada de las Casas Consistoriales, disolviéndose a continuación, sin incidentes.

* En la misma moción fue aprobada la cooficialidad del euskera, la urgencia de la amnistía y la reintegración foral

Arriba, en el saión plenario. continúan sentados en loa asientos el mismo número de personas que los habían ocupado veinte minutos antes de la iniciación del Pleno.

Al término de la sesión, so acerca a nosotros una señora que se da a conocer como integrante da la Sección Femenina. Se identifica como jefa del Departamento de la Mujer, de la Organización Sindical, y declara qiie al Pleno han acudido estudiantes y trabajadores, ciudadanos bilbaínos, que no quieren banderas qite puedan separarnos, sino que nos unan. También nos informa de la entrega de un escrito, avalado con 50.000 firmas, al Ayuntamiento de Bilbao, pidiendo que no se oficialice el uso de la «ikurriña» y que el Ayuntamiento se adhiera al acuerdo que sobre este tema adoptó la Diputación de Vizcaya. El escrito, según declara, io firman csncvreata mil ciudadanos vascos españoles.

En posterior rueda de Prensa, el alcalde declararía que no había escuchado loa gritos que reclamaban a u dimisión, añadiendo que le hacen un favor con ello, pues lo que él quiere es marcharse; pero seguirá ahí hasta que ie indiquen lo contrario —arguyo—. Declaro también que la postura adoptada en la moción que había presentado al Pleno había sido sincera, y que en contactos mantenidos con vecinos de Bilbao, que han pasado por su despacho últimamente, todos se mostraban partidarios en celebrar un plebiscito popular para dilucidar la oficialización de la «íkurriña». Pero este plebiscito popular —que no es lo mismo en Bilbao que en otra pequeña localidad. aclaró— rebasa nuestras propias atribuciones, pues supondría un montaje muy similar al que se hizo en Bilbao para ei referéndum. Es por ello —dijo el alcalde— que pensamos debe ser el Gobierno quien dicte las normas por las que se debería regir la consulta popular.

 

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