Autor: Daudet, Elvira. 
 Hoy, partido comunista de España. 
 "Hagamos lo que hagamos, siempre molestaremos a cierta gente" (Santiago Carrrillo)     
 
 Pueblo.    09/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

ELECCIONES 77

HAGAMOS LO QUE HAGAMOS, SIEMPRE MOLESTAREMOS A CIERTA GENTE" (Santiago

Carrillo)

Hoy, Pórfido Comunista de España

Santiago Carrillo me recibe en los nuevos locales que el Partido Comunista de España ha instalado en el

señorial barrio de Salamanca. La nueva sede del P. C. E. no es propiamente el palacio de Invierno, pero

es, ciertamente, muy diferente de la vieja y clandestina sede de Peligros. Moderna y funcional en exceso,

tiene, no obstante, en su zona interior, donde se encuentra el despacho del secretario general, ese

ambiente recogido y silencioso propio del santuario. Mientras espero que me reciba me pongo nerviosa.

Será la fascinación que emana del cargo en sí del secretario del legendario y temido Partido Comunista

(aunque, al haberle levantado la «cuarentena», ya no exista el aliciente romántico de la clandestinidad

sazonando el encuentro con el temor de que de un momento a otro...) o tal vez sea la presencia, un tanto

insólita, de la Policía, instalada con naturalidad en el interior del recinto como un elemento más.

Al entrar en su despacho, Carrillo me advierte que sólo tenemos veinte minutos de tiempo, porque le

espera el gobernador civil, por lo que entramos directamente en materia.

—Señor Carrillo, recientemente, en un mitin, y a propósito de la postura conciliadora del P. C. E. hacia el

Ejercito, usted recordó: «Nos llamaban moderados hace veinte años, cuando iniciamos la política de

reconciliación nacional, y hoy esa política es un hecho; nos llamaban moderados cuando dimos el paso de

acercamiento a la Iglesia, y hoy, en nuestras filas, militan muchos cristianos y sacerdotes...

A plazo mucho más corto, dígame, ¿cómo ve el problema general de las elecciones y dentro de él, las

posibilidades del P. C. E.?

—Yo creo que las próximas elecciones no van a ser totalmente libres, porq u e subsiste todavía todo el

aparato político y de Estado anterior, y, sobre todo, existe aún una especie de losa de miedo cristalizada

.en estos cuarenta años, en los que expresarse contra los que mandaban era considerado como un crimen.

Esto va a reducir la representación del Partido Comunista y de los demás partidos democráticos,

impidiendo que se refleje su fuerza potencial. Sin embargo, estoy convencido, sin hablar ahora de

porcentajes concretos, que la votación del P. C. E. va a ser muy decorosa y, seguramente, mayor de lo que

prevén ciertos sondeos.

(Tiene el aspecto de un modesto contable o de encargado de una de esas tiendas decimonónicas, tipo

abacería. Me pregunto dónde reside «ese algo misterioso» que arrastra a las masas y le distingue de los

líderes de otros partidos. No tiene la belleza, la soberbia gallardía de personaje de Visconti, de Alvaro

Cunhai, ni la nobleza torturada de Berlinguer, ni siquiera la insolente naturalidad de muchacho bien y en

«linea» de Felipe González. Quizá su «gancho» reside en la sencillez de su rostro múltiple, repetido una y

mil veces como la pieza popular de un alfarero. El suyo es el rostro del abuelo, del padre, del hermano; es

la expresión del pueblo. Podría incluso parecer vulgar si no fuera por los ojos Tiene unos ojos vivísimos,

inteligentes y como al acecho. Ojos pepeíraníes como ebquirlas de acero que te taladran tras el cristal de

sus gafas, en los que, detrás de su sonrisa, aparece una corteza cristalizada y dura como el hielo,

posiblemente, herencia del período «cuaternario».)

—Medir sus fuerzas en las elecciones y participar en la elaboración de una Constitución democrática,

¿cubre los objetivos inmediatos del P. C. E.?

—Sí, hoy esos son nuestros objetivos inmediatos.

—Realistamente, ¿qué ofrece el P. C. E. al pueblo español para el logro de una España más libre, más

justa, que elimine el fantasma del paro, la inflación; en definitiva, para conseguir una España más

humana?

—El P. C. E. ofrece un plan estudiado minuciosamente de recuperación y saneamiento de la economía

nacional. Dicho plan está desarrollado en los puntos 4, 5, 6, 7 y 8 de nuestro programa electoral. Creo que

mejor que el que yo se los lea es que los vea usted. Por ese camino es por el que nosotros creemos se

puede poner fin al paro, que es, efectivamente, uno de los problemas más graves del país y que puede

serlo mucho más. Y, en general, a la crisis económica que pesa con mucha mayor crudeza sobre los

trabajadores.

—¿Y qué garantías tiene el pueblo español de que el P. C. E. va a cumplir sus promesas una vez instalado

en el Poder?

—En primer lugar, no hay que poner el carro delante de los bueyes. Todavía los comunistas no estamos

instalados en el Poder y, tras estas elecciones, supongo que tampoco lo estaremos. Garantías para el

futuro yo pienso que les puede dar el hecho de que los comunistas siempre decimos lo que pensamos y

siempre hacemos lo que decimos. Y esto no sólo cuando se trata departicipar en unq. campaña electoral,

sino cuando atenerse a esa regla supuso un coste de vidas y de libertades enormes. Yo comprendo que no

se crea a los que han gobernado durante los últimos años, cuando hablan de que para acabar con la

corrupción hay que votarles a ellos; comprendo que no se dé crédito a Martínez Esteruelas cuando

promete resolver ios problemas de la educación, porque ya tuvo ocasión y no lo hizo, o a Fraga cuando

habla de orden público, porque todos sabemos en qué consiste su "Orden". Pero los comunistas no hemos

gobernado nunca y, repito, en todas acantones hemos sido fieles a nuestra palabra. Asi sucederá algún día

cuando participemos en el Poder.

—Dejando al margen el odio latente al parecer irremediable, alimentado durante cuarenta años contra el

P.C. de un sector político "y clasista, hay algo, quizá más preocupante, que es el miedo al comunista de

una clase media, honesta y apolíti ca. ¿Está justificado ese miedo?

• «Estaban contra nosotros porque nos tildaban de subvertidores de la sociedad; ahora lo están porque

somos moderados

"Durante cuarenta anos se nos ha presentado como demonios con pezuñas, rabo y oliendo a azufre"

"La votación del P. C. E. va a ser muy decorosa y seguramente mayor de lo que prevén ciertos sondeos"

—Sí, yo creo que ese miedo está justificado por la manipulación hecha durante cuarenta años de los

medios audiovisuales y la Prensa, en la que se nos ha presentado a los comunistas como demonios con

pezuñas, rabo y oliendo a azufre. Ya Goebels decía que repitiendo muchas veces una mentira, se la hace

pasar por verdad. En efecto, muchos españoles, de las capas medias, que no sólo no tienen razón para

temer a los comunistas sino que van a encontrar en nosotros sus mejores defensores, dudan y nos temen.

Esas dudas y temores serán despejados cuando nos vean trabajar en el futuro Parlarnento. cuando nos

conozcan tal y como somos. Por eso, los resultados de las próximas elecciones pueden ser muy distintos a

los de las actuales.

El afán revolucionario ha quedado como objetivo de minorías que en Europa se 11 a m a n

extraparlamentarias. ¿Es que ya no se dan hoy las condiciones objetivas que provocaron la revolución del

diecisiete y cuatro años después el nacimiento del P. C. E., y, en consecuencia, al disminuir la tensión, se

han relajado todas las fuerzas políticas.

—Yo creo que es que hay gente que es muy difícil de contentar. Estaban contra nosotros, porque nos

tildaban de individuos desaforados, tremebundos, subvertidores de la sociedad. Ahora están contra

nosotros porque somos moderadas. Hagamos lo que hagamos siempre molestaremos a cierta gente. Lo

que es evidente es que hoy no se dan las condiciones para hacer una revolución como en mil novecientos

diecisiete en Rusia. Hoy no podemos cifrar nuestras esperanzas en una guerra mundial que provocara,

como entonces, una crisis revolucionaria de aquel tipo, porque una guerra mundial, hoy, sería el suicidio

de unos y otros. Por eso, para algunas gentes, la visión del socialismo ha perdido el aspecto romántico que

podía tener en otros épocas. La realidad es que hoy es imposible concebir el socialismo más que como

una transformación democrática de la sociedad y no como el legendario y novelesco asalto al palacio de

invierno, con que se nutrieron nuestros sueños de juventud. Los marxistas saben que lo esencial de su

método es el análisis correcto de la realidad concreta y la búsqueda de soluciones correctas y concretas a

esa realidad.

—Durante la «cumbre eurocomunista», un corresponsal extranjero me comentaba maravillado el cambio

en España. «Hace sólo un mes —decía— la "cumbre" no sólo era impensable, sino que si alguno de

nosotros hubiera dado la noticia se habría considerado política ficción. Este Carrillo es un demonio, ha

sido volver él y poner todo el tinglado patas arriba.» Ciertamente, usted llegó e impuso un nuevo ritmo a

la política, haciéndola, por así decirlo, más profesional. De la aburrida y manida teoría, los españoles

pasamos, en un abrir y cerrar de ojos, a ía acción como en las películas al golpe de claqueta. Renovó el

lenguaje político y hasta inventó términos (como el divertido «sistema de oleadas»), impuso su presencia

en la comisión negociadora con el Gobierno, ante la perplejidad de los observadores políticos, que veían

como una catástrofe nacional la presencia en la comisión del P. C. E. y, sobre todo, la suya; luego vino la

legalización, etc. «El Alcázar» decía que la política española ha estado girando en los últimos meses en

torno al P. C. E., y yo creo que tienen razón. Y todo comenzó con su detención la víspera de Nochebuena.

¿Es cierto que se hizo usted detener respondiendo a un plan trazado de antemano?

—No, la realidad es que yo creía que el Gobierno iba a mostrar más inteligencia y a dejar que, poco a

poco, de una manera natural, yo me insertara, como uno más, en la vida política del país. Naturalmente

que la detención era una posibilidad que no podía descartarse totalmente, pero que hubiera sido muy

difícil mantener, teniendo en cuenta la situación del país y la internacional. En todo caso, era un riesgo

calculado que había que correr en una partida de ajedrez complicada y cuyo resultado fue bastante bueno.

Me habría gustado hablar con él de otras muchas cosas, hacer lo que solemos llamar una «entrevista

humana», pero aparte de que veinte minutos no dan para más, hablar con Carrillo o de Carrillo es entrar

derecho a la política, eliminando gangas o frivolidades sobre su personal. Aunque, tal vez. en otra

ocasión, podríamos hablar de...

Elvira DAUDET

PUEM,O 9 dt? junio de 1977

 

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