Autor: Domínguez Marroquín, Xavier. 
   Sólo queremos ser vascos     
 
 El Alcázar.    07/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

SOLO QUEREMOS SER VASCOS

YO me atrevería, con toda humildad, a solicitar de las Españas una pausa de serena comprensión hacia eso que viene llamándose el «problema vasco».

Juegan en él múltiples ingredientes perfectamente individualizados que, porque no se producen en Palencia, Soria o Albacete, de alguna manera provocan de entrada esa subconsciente reacción de defensa que produce lo que es insólito, imprevisto o desacostumbrado.

Pero, y esto es lo grave, a la hora de analizar esa problemática quiere solucionarse con fórmulas prefabricadas sin un esfuerzo de análisis y de entendimiento del «problema» y, entonces la solución que se adopta, aunque se adopte desde Santa María del Paramo, provincia de León, puede constituir un magnífico disparate.

Por ejemplo: Se ha dispuesto que, en las Provincias Vascongadas, puede cada cristiano modificar su nombre registra! por el equivalente «vasco».

Sucede que en las actas de las Juntas Generales firmadas «bajo el árbol de Guernica» jamás nadie se llamó con esa extraña nomenclatura con la que ahora quieren llamarse algunas personas cuya raigambre vasca, para los vascos auténticos, muestra su ausencia solamente con oír su nombre.

La autorización para la modificación de los nombres ha producido en Bilbao —cuatrocientos mil habitantes— mil solicitudes. A partir de ahora unos cuantos Luises se llamarán Koldobika —traducción directa y mala del Clodoveo sajón — , unos cuantos Pedros se llamarán Kepa —traducción directa y mala de Kefas semítico—; unas cuantas Marías se llamarán Miren —traducción directa y mala del Miriam arábigo— y algún Ignacio cambiará ese nombre por un extraño Iñaki, sin padre conocidp toda vez que ese nombre es de los pocos que tienen toda su historia vasca desde Iñigo Arista o Iñigo de Oña o de Loyola o desde el Eneka vizcaíno.

Y no entremos ya en todo ese divertido folklore de los Aitor, Amaya. Asier, Amagoya, etc., que proceden de toda una mitología inventada por Navarro Villoslada para su novela «Los vascos en el siglo VIII» o, lo que todavía resulta más divertido, la traducción directa de los nombres castellanos al vascuence: Miren Edurne por María de las Nieves y, sucesivamente, María de los Dolores, del Camino, del Rocío... ¡hasta María del Pilar!

Yo no puedo creer en serio que nadie haya supuesto que el «problema vasco» se suaviza con estas concesiones que, además de atacar a las más puras tradiciones vascas, constituyen una memez increíble. Era más positivo decir que cada quien se inscriba en el Registro Civil como quiera inscribirse, que hacer esa estúpida concesión al amparo de una serie inagotable de errores históricos que no hacen sino poner de manifiesto la enciclopédica ignorancia de los legisladores.

Si alguien tiene la desgracia de querer llamarse Iñaki o Julen o Gorka o Joseba o Gotzone, llámese asi en hora buena y ¡allá él! Pero por un mínimo de rigor histórico no se nos quiera decir que se llaman así por llevar un nombre vasco. Jamás en la historia de Vasconia hubo nadie que así se llamara.

Y, guste o no, hay que decir que ni histórica ni jurídicamente existe razón alguna para seguir ofendiendo al pueblo vasco con... «concesiones» como esas que constituyen un ataque directo al alma vasca.

Y, además de la ofensa de la «ikurriña», el pueblo vasco no encuentra razón alguna para ser ofendido cada amanecida por argumentos de coyuntura! tramoya política.

Si el Gobierna no sabe, no puede o no quiere entender a nuestro pueblo en la unidad de España, no le pedimos sino que se abstenga de improvisaciones que nada arreglan y pueden estropear muchas cosas y algunas de forma irreversible.

Yo me atrevería a pedir al Gobierno, humilde, sencillamente: ¡Por favor, déjennos ser vascos! ¡Por favor no adulteren nuestro ser vasco fundido en las más íntimas esencias de España, dejando entrar aberraciones como las onomásticas o las simbólicas en nuestro torrente vital!

¡Déjennos ser simplemente vascos!

Con ello, con ser vascos, es como somos ortológicamente españoles.

XAVIER DOMINGUEZ MARROQUIN

 

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