Autor: Lozano, Raimundo. 
   Nada menos que todos unos hombres     
 
 Arriba.    25/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

VIDAS PARALELAS

NADA MENOS QUE TODOS UNOS HOMBRES

EL debate al rojo vivo enire Marcelino Camocho y Nicolás Redondo ha desatado las plumas de los pedantones ai paño, los censuras de los superfirolíticos de la tecnocracia y, cómo no, los agrias repulsas de los que se quedaron fuera. Pero, como escribió, con entera justicia, en este propio diario Garios Rodríguez, «Redondo y Camocho se han producido ante los telespectadores, sin apaños ni subterfugios, sin rodeos, con dureza, como líderes sindicales de primera fuá que son». Los Sindicatos de verdad, añadía, no están dirigidos por pudibundos eruditos ni por fríos burócratas.

Los Sindicatos de verdad están dirigidos por hombres como Nicolás y Marcelino. Nada menos que todos unos hombres, si usamos en plural el singular titulo de la nívola unamunesca Nada menos que dos obreros metalúrgicos que tras largos años de azares y condenas han ííegado a colocarse a (a cabeza de tas centrales sindicales, que superan en España, cada una de ellas, el millón de afiliados. Y hablaron, ante lo pantalla chica —Inmensa por su difusión—, como lo que son. discutiendo sin remilgos, igual que !o hubieran hecho en el taller, en la tasca o en la casa del pueblo.

Redondo y Camocho están al frente de la Unión General de Trabajadores y de Comisiones Obreras, respectivamente, como hubiera podido estar el primero a la cabeza del PSOE. si hubiese querido, hace un lustro; o como pudiera el segundo, cualquier día, dirigir et PCE. Pues, por una parte, el mismo Felipe González me declaro, cierta vez, que Nicolás Redondo fue el hombre con más posibilidades para acceder a la Secretoria de su Partido y, at no aceptar, resultó elegido él. «porque creyeron que podría compatibílizar las tensiones que se podrían producir* entre tos demás dirigentes. Por otra parte, en más de una ocasión se habló de que Camocho sustituiría a Carrillo en la jefatura del PCE, sobre todo a raíz del viaje que Marcelino hizo a Moscú.

Establecer el paralelismo entre Marcel (creo que le ñama así Carrillo) y Nico, no parece difícil, aunque sus vidas no sean tan exactamente paralelas como las de Felipe González y Alfonso Guerra, a las que dediqué el primero de estos artículos a la manera de Plutarco. Ni pertenecen a la misma generación, ni a la misma región, ni al mismo partido, como aquéllos. Pero su parecido es indudable y el papel que desempeñan en esta hora de España tan semejante, que podría pensarse que está repetido. Que son como dos primeros actores para nacér el mismo Tenorio, y que podrían intercambiarse los papeles. Igual que hicieron de viejos, en el teatro Español. Enrique Borras y Ricardo Calvo, interpretando un día a Don Juan y al siguiente a Don Luis.

Si España fuese Inglaterra, o Alemania u otro país tirando a nórdico, cabría asegurar que uno de los dos sobraría, a no ser que, teniendo distinta edad. e| más joven sucediera al más viejo. En aquellas naciones bosta con unas Trade Unions, con una sola Confederación de Sindicatos, pero aquí ya se ve que no. y por eso son necesarios Camocho y Redondo, y aún no son suficientes. Hacen falta todavía Juan Gómez Casas, impar secretario de la CNT, y media docena más de secretarios generales.

El citado Gómez Casas, hoy sesudo historiador del sindicalismo y del anarquismo español, empleó sus muchos años de cárcel para cimentar su sólida cultura. Sería el arquetipo de obrero intelectual que Pablo Iglesias tanto anhelaba y que él mismo llegó a ser. Pero Marcel y Nico, aunque han cursado largos años en la Universidad popular por excelencia, la de las prisiones, recibiendo en ello los conocimientos básicos para el liderazgo sindical y e| barniz cultural suficiente para enfrentarse con tantos doctores o licenciados, no forman parte, nanifiestamente, de la crema de la intelectualidad.

Exíjase oí líder obrero claridad y autenticidad, como demandó insistentemente Nicolás Redondo a lo largo del debate. Veracidad, crudo realismo, exposición rotunda de las posiciones y de tas ansias de los trabajadores. Que cada cual se muestre como es: en la vida, en el sindicato, en la pantalla. Que coda uno sea lo que parece, tal como escribió Shakespeare y citó el ex Ministro Monreal hace un par de años.

Una malograda, desdichada artista, hija de Luis Araquistain, veía a los hombres siempre en figura de animales. Y así los retrataba a unos, como águilas; a otros, como asnos, lagartos o hipopótamos. Ella misma se creyó ave y se mató al intentar volar desde un tejado de Londres. ¿Cómo hubiese visto a Nico y a Marcel. a través de ta TVE? ¿Los pintaría como un león y un tigre? ¿Como un perro de presa y un zorro?

Por mi parte. Jos contempla con alborozo, porque compren di que España cuenta con dos adalides sindicales de recia contextura. Y recordé al observarlos unos párrafos de Ortega y Gasset, escritos en septiembre de 1908, de un soberbio artículo publicado en «El Imparciol», en los que contrastaban el socialismo europeo, de origen tan intelectual, con el español, de raíz tan obrera.

Respondía Ortega al ataque de varios periódicos, aparentemente de izquierdas, contra la pobreza Ideológica que se había manifestado en una reciente asamblea socialista. «¿Qué pueden exigir al Partido Obrero Español? —preguntaba el medHador del Escoria» sombrío— ¿Piden a Pablo Iglesias la filosofía de Lasalle? ¿Quieren que el modesto cajista escriba como aquél un tratado sobre Heráclito de Efeso o que el compañero Largo Caballero formule, a modo de Bernstein, la revisión de la economía marxista o que el cantero de Galicia que habló el viernes pagada, presente, siguiendo (as huellas de Jourés, una Memoria De primfs linneamentis soclalismi gemanic apud Luttero Kant e Fiche? Todo esto me parece poco piadoso. No creo que haya derecho a acusar de ininteligencia o un grupo de obreros en tierra como la nuestra, donde hasta en ios claustros de las Universidades se encuentran analfabetos», concluía Ortega en 1908, atribuyendo las cosas de España (de las cuales la indigencia intelectual de los socialistas de entonces, no era más que un síntoma) a la falta de una minoría cultural.

Ahora, casi setenta años después, ¿continúan existiendo analfabetos en nuestros claustros universitarios? Si todavía existen, razón de más para no pedir peras al olmo.

Raimundo LOZANO

 

< Volver