Autor: Urbano, Pilar. 
   Ha nacido un estadista     
 
 ABC.    15/12/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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«HA NACIDO UN ESTADISTA»

Y entonces el ministro Fernández Ordonez, que acababa de decir «economía libre, hasta donde sea

posible; intervención del Estado, desde donde sea necesario», nos contó cómo Garrigues y él se sientan en

sillones contiguos en los Consejos de Ministros y, a veces, se ponen a charlar en voz baia... «y si yo me

rio, el presidente mira hacia nosotros como pensando: «¿Qué hablarán estos dos?» Cualquiera podria

.creer que estamos ahí... de complot. Y a lo mejor es que Joaquín acaba de preguntarme; «¿Cómo dices

que se llama el peluquero de Agustín Rodríguez Sahagún?»

Y en el gran comedor estalló otra carcajada digestiva..., una más en la amena sobremesa de la cena que el

Club Siglo XXI ofreció a su conferenciante Garrigues Walker.

0 EL «GLAMOUR» DE GARRIGUES, ESTADISTA

En esta cena que digo —multitudinaria, 7 sin emBargo íntima— yo observaba a los tres hombres que

tenía enfrente: Abril, Garrigues y Ordóñez. Tres primeras fisuras capaces de hacer sombra. Tres

musculaturas para el peso y la grandeza del «poder». Comprendí que Suárez vigilase, de hito en hito, los

movimientos y los letargos del ministro liberal y del ministro socialdemócrata. Una vez mas me pregunté:

«¿Por qué Adolfo Suárez deposita tanto poder, tanta cancha de maniobra, tanto protagonismo en

Fernando Abril?» Y volví a darme la respuesta «narcótica»; Fernando Abril no tiene ambición de

«número uno»..., todavía. Suárez lo sabe. Y le usa. Con ironía gansa, con ese raro «glamour»

desgalichado que nace de una especie de despistada inocencia, de una desmañada elegancia, de una

tímida desvergüenza y de una frivola tristeza... (Un «glamour» hecho de contradicciones. ¡El caballero de

la más triste mirada resulta ser la sonrisa del Gobierno! Un «glamour» que tiene su «ángel» en el más

exquisito descuido...). Garrigues sentó los parámetros claros de su concepción del Estado, basado en la

libertad más que en el intervencionismo y la tutela, en la competitividad más que en el igualitarismo...

Herrero de Miñón le estampó un piropo, como un beso: «Esta noche, aquí, ha nacido un estadista.»

También entre sonrisas y bromas. Garrigues («¡no digo que se pongan de pie los que aquí sean liberales...,

por no organizar un tumulto!») puso sobre el blanco mantel la evidencia de que el partido liberal

holocaustado en la U. C. D., y del que él era cabeza de filas, sigue vivo y palpitante.

Seguro de sí, desenfadado y sin complejos, Garrigues esbozó un modelo de sociedad. Más: un modelo de

Estado, que nada hereda del paternalisme franquista y nada negocia con el socialismo marxista. Quizás,

quizás, quizás... el Estado que dos tercios de españoles desean, al cerrar los ojos cada noche.

Le pregunté al ministro su postura personal ante la disyuntiva «disolución o Investidura». Y me dijo que

él creía que «este Gobierno, con los escaños que hoy tiene en el Parlamento, puede gobernar». Pero que,

aunque no era partidario de ir ahora a unas nuevas elecciones («que no cambiarán los resultados del 15-

J»), a fuerza de mirar a su derecha (Abril seguía el «peach» con ´monótonos balanceos de cabeza)... y a su

izquierda (Fernandez-Ordonez parpadeaba, se alisaba las patillas, se acariciaba la calva), empezaba a

vacilar en su criterio: «Si el presidente me pidiera consejo, le diría que tenemos la mayoría suficiente para

gobernar y legislar lo que nos queda..., pero si no lo estima así. si las elecciones resultan necesarias, en tal

caso que las convoque inmediatamente.»

• UN PACTO DE LEGISLATURA

En otro momento dijo que no creía demasiado en los Pactos de Gobierno, ni epn Alianza Popular, ni, por

supuesto, con él Partido Comunista; no creía en la coalición P. S.O.E.-U. C. D. «más aue en una

circunstancia de alta tensión dramática en el país», ni en una alianza con vascos o catalanes, teniendo a la

vista el contencioso de los Estatutos de Autonomía... «Más bien, pienso que habría que llegar a un pacto

de legislatura, sobre los grandes temas legales pendientes...» . Después Abril Martorell apoyaría esa

misma tesis. Alguien le preguntó «si habría pactos». El vicepresidente del Gobierno dijo que el que las

distintas opiniones políticas se abrieran paso en el país tenía un coste y había que pagarlo. Que la

Investidura ofrecía inconvenientes serios. Que las elecciones podían tener la ventaja de clarificar algo que

se estaba cuestionando: la verdadera dimensión del partido del Gobierno. Que era deseable una

convocatoria electoral sin tensiones. Que las elecciones, municipales o legislativas inmediatas no se

contradecían con una necesaria «tregua social». «Mi opinión, como ministro de Economía, es aplazar esas

elecciones, si las condiciones son razonables para poder gobernar...» «Hemos tenido —agregó— una

tregua política de año y medio, y creo que el pftnorama sindical, d« partidos y del pueblo español en

general, no está tensionado: esto permite asegurar una pacificación política y social. En cuanto a los

pactos..., el Gobierno tiene un cuadro básico, más enfático en lograr topes bajos de inflación. Como he

dicho ya, la inflación no es negociable. Pues bien, el Gobierno no firmará ningún acuerdo fuera de ese

cuadrn básico... Que patronales y sindicatos firmen o no, ya es problema de ellos. Pero puedo asegurar

que, con o sin pactos, habrá programa de Gobierno, y muy concreto, en materia económica.» (Se le

escuchaba en un «ay».)

• EL «BARULLO» DE U.C.D.

Ya en el puro filo de la medianoche, Garrigues comentó que en la U. C. D. persistía «el barullo» de dos

grandes «corrientes»: la liberal progresista y la socialdemocrata, «aunque mi amigo el ministro Ordóñez

diga que él, en realidad, es un liberal de izquierdas... y Abril me arguya que él es progresista, y aunque yo

esté convencido de que, en el fondo, estamos diciendo todos las mismas cosas..., y esas dos corrientes han

de cuajar en una oferta de modelo de sociedad que gobernara este país durante los próximos meses..., iba

a decir «años», pero luego lo he pensado mejor... Tal vez suceda (miró al techo del salón y debió pensar

en el caso portugués o en el caso venezolano...) que, al final, ganen los democristianos (señaló al ministro

Cavero sentado frente a él), pero los «cristianos» saben gobernar con socialdemócratas y con liberales...

Yo, por mi parte, soy hombre tan flexible, que «quepo» bien en cualquier Gobierno..., salvo comunista,

claro está.» Después, con su pasta gansa casi forgiana. volviéndose a Paco Ordóñez, afirmó que «la

socialdemocracia en España o es el P. S. O. E. o es Paco llevándose gente de U. C. D. y gente del P. S. O.

E. Pero creo que liberales y socialdemócratas estamos en el entendimiento. Podemos dejarles el I.N.I. y

nosotros nos quedaríamos con el Banco de España.» Y en ese punto, hasta Fernando Abril soltó una

hilarante carcajada... de lo más «desdramatizado».—Pilar URBANO.

 

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