La guerra intersindical     
 
 Informaciones.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

La guerra intersindical

DESDE que emergieron de la clandestinidad las cencentrales sindicales combinan incoherentemente la madurez y tacto negociador con la irresponsabilidad más absoluta. De un modo intermitente, pasamos de actitudes sensatas a planteamientos infantiles, como las dos huelgas de la construcción madrileña en tan sólo una semana, convocadas distintamente por las dos grandes centrales sindicales. Si el día 2, en Bilbao, parcializaban una huelga general, ayer y los próximos días 13 y 14 multiplican por dos un mismo conflicto. Parece como si los dirigentes sindicales se hubiesen contagiado del ambiente irracional, confuso y personalista que domina el escenario político nacional.

Ayer, un 34 o un 90 por 100 —según versiones sindicales contrapuestas— de los obreros de la construcción pararon en Madrid; el próximo-martes, otro 90 o un 30 por 100 —exactamente, la relación inversa— pararán también en Madrid. La única diferencia residirá en que unos pararon por ser de CC. OO. y otros pararán por ser de U.G.T. Por no caer en la trampa de la demagogia antisindical, somos conscientes de que el país necesita un sindicalismo potente y democrático. No queremos poner más calificativos a lo que de por si sencillamente se descalifica. Baste señalar que hasta los mismos patronos de la construcción han realizado un llamamiento en pro de la anidad de los obreros, al menos a la hora de negociar una plataforma reivindica ti va.

Pero lo más grave de esta actitud es que estamos delante del primer intento de trasladar a los tajos y factorías la absurda guerra íntersindical. U.G.T. y Comisiones Obreras ya no sólo discuten sobre el numero de afiliados, procedimiento electoral, listas abiertas o cerradas, papel del comité de empresa y sección sindical, distribución del patrimonio sindical —aparte del pintoresco debate televisivo de sus dos principales líderes—, sino que ahora polemizan sobre cuántos obreros secundan sus llamamientos huelguísticos unilaterales o acompañados de siglas sindicales fantasmales. Imaginémosnos cuál puede ser la perspectiva inmediata de cara a la renovación de numerosos convenios colectivos que afectan a más de dos millones de trabajadores en distintas ramas productivas.

Esta, bateíta se ve favorecida, hay que decirlo, por una no menos irresponsable política, consistente en retrasar las elecciones sindicales y en no fijar un día y una hora para su realización. No nos vale la argumentación de que así .sucede en los países occidentales —donde coexisten una democracia consolidada y un sindicalismo legal desde hace decenas de años—, porque ni siquiera hemos traspasado las primeras veinticuatro horas de la naciente democracia. Si el Consejo de ministros de hoy no acaba con esta demora y fija fecha y hora concreta, entraremos no sólo en el previsto caos asambleario, sino en una cadena de huelgas preelectorales, en las que cada central realizará su campaña electoral a base de paros totales o parciales. Cuanto más demoremos su realización concreta y determinada, más batallas de esta guerra intersindical iremos conociendo. Abrir un proceso electoral es abonar el campo a esta primera • nefasta experiencia de organizar, en cauda convenio colectivo a negociar, tantas huelgas como centrales.

Porque lo más peligroso de esta situación es que puede ser consecuencia no sólo de la paralela guerra política que mantiene la izquierda entre sí, sino también del hostigamiento político de los dos principales partidos del país, que buscan despoli tizar o politizar sus resultados.

 

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