Autor: PUBLIUS. 
   Un gobierno, un programa     
 
 ABC.    15/12/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

E B N E 8 , 15 DE DICIEMBRE DE 1978. PAG. 4

•UN GOBIERNO, UN PROGRAMA

LA etapa preconstituciohal ha terminado. Un día gris y lluvioso, la posible sobredosis de propaganda, el

convencimiento colectivo de la indudable aprobación, el cansancio de sucesivos pasos por las Cámaras

legislativas, todo ello ha deslucido la gran fiesta final. Sobre todo, ha influido el ejercido anticipado, real,

de la democracia. La práctica previa de las libertades, todavía no consagradas por la nueva Constitución,

ha convertido el referéndum en un pago de letras aplazada desprovisto de la ilusión del estreno, pero, aún

con el sabor agridulce de la relativa abstención, los españoles amanecieron el 7 de diciembre con una

Constitución democrática, aprobada por amplia mayoría y con un mínimo rechazo.

Con la Constitución, todos los españoles tenemos garantizados los derechos inherentes a la dignidad de la

persona y al ejercicio de las libertades, con límite único en el respeto a la ley y a los derechos de los

demás. España se constituye en un Estado de Derecho, en el que la soberanía procede del pueblo v que,

en el marco de una Monarquía parlamentaria, propugna como valores superiores la libertad, la justicia y

el pluralismo político.

En el aire flota la pregunta ¿y ahora qué? Nuestra respuesta es bien simple. Ahora, el ejercicio de la

democracia..

El ambiente político se encuentra dominado por la incógnita sobre la decisión del presidente del Gobierno

ante la alternativa entre elecciones o Investidura. Es obvio que de la decisión pueden derivarse

importantes, consecuencias sobre la evolución política en el próximo futuro.

No entramos en el pronóstico sobre la decisión a tomar. No es nuestro papel la profecía sobre este punto

que, en cualquier caso, ha de ser resuelto de forma inmediata. Pero no es sólo esto. También queremos

afirmar que nuestra postura no se inclina por ninguna de estas dos opciones, que no son intrínsecamente

buenas o malas. En definitiva, ambas caen en el ámbito de la práctica democrática. El presidente del

Gobierno, de acuerdo con la Constitución, tiene el derecho tanto de convocar elecciones legislativas como

de intentar la investidura. En cualquier caso, podrá considerarse equivocada su postura y la evolución

posterior será favorable o no, pero lo que no es lícito es el inicio sobre la validez democrática de la

decisión.

Consideramos importante, sin embargo, puntualizar los condicionantes de ambas alternativas.

De optarse por las elecciones legislativas, su convocatoria debiera ser inmediata. No debe prolongarse

una situación de incertidnmbre, ni por estrategia política ni por posible indecisión. No se trata solamente

de las exigencias de la crisis económica, sino también, y fundamentalmente, de dejar bien claras, ante el

país, las expectativas de evolución política en el comienzo del desarrollo constitucional.

Si, por el contrario, se optase por la investidura, también creemos que deben darse condiciones. Por una

parte, no puede pagarse un precio por la investidura que suponga confusión política o renuncia al Ideario

del partido del Gobierno; mucho menos pagar f al precio por una investidura en primera vuelta, evitando

la segunda. Por otra parte, la solicitud de Investidura debe ir acompañada de una justificación, dé una

aceptación de los límites objetivos de la solución y de una definición expresa, dentro de tales límites, del

programa de Gobierno. En definitiva, la investidura no puede significar la continuación del consenso, sino

la actuación decidida del Gobierno, con un programa definido, que renuncia a las iniciativas legislativas

no viables por su minoría parlamentaria y que, por el contrario, ejerza todas sus capacidades ejecutivas en

la solución de los problemas del país.

Después de la Constitución, por tanto, el ejercicio de la democracia. Con elecciones o sin ellas, un

Gobierno con un programa que afronte el desafío del terrorismo, la crisis económica y la estructuración

de las autonomías. Un Gobierno con un programa que demuestre que, si bien la democracia no es una

solución por sí misma a los problemas, permite la búsqueda de soluciones eficaces. La elección de

alternativa no es, en último término, decisiva. La único peligroso es que la democracia pueda parecer un

sistema en el que, cada momento por un motivo, no es posible gobernar.— PUBLIUS.

 

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