Autor: Castro Quinteiro, C.. 
 Del enfrentamiento entre "vareiros" y "arrastreiros" gallegos. 
 Las centrales sindicales, culpables     
 
 Pueblo.    13/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

LAS CENTRALES SINDICALES,

• Mediado ya la temporada, los trabajadores del mar han vuelto a faenar sin haber obtenido una respuesta definitiva por parte de la Administración

• El conflicto del "can" surgió una vez que se dejo de presionar a los empresarios para que pagasen el marisco a precios razonables

DESDE que fue abierta la veda del marisco, en el mes de octubre, las rías bajas gallegas Tienen siendo escenario de continuos enfrentamien-tos, yerbales y físicos, entre los propios mariscadores, siendo el motivo de la discordia el arte de pesca denominado «can», actualmente prohibido, que es utilizado de forma abusiva para la explotación de la almeja.

No obstante, y avaa reconociendo que el mencionado instrumento de arrastre resulta altamente perjudicial, por los estragos que ocasiona, conviene aclarar que detrás del conflicto se esconde algo más de lo que pueda aparentar a simple vista: lo que está en juego es el «prestigio- de las dos centrales sindicales marineras más poderosas (Sindicato Gaiego de Traballadores do Mar —SGTM— y Sindicato de Comisions Mariñelras Gaiego —SCCMMG—), que no han dudado en. tirarse los trastos a la cabeza, una vez fracasados sus intentos de negociar fórmulas tendentes a conseguir para los mariscadores un aumento en el precio de la venta del marisco.

Estas dos centrales son, pues, las responsables directas de que los trabajadores del mar se encuentren enfrentados en la más dura batalla que se

da es facil darse cuenta si se examina el origen y desarrollo del conflicto.

ASI EMPEZÓ TODO

Pese a venir siendo utilizado el «can» ilegalmente desde hace veinticinco años, el conflicto sargia como decimos, hace poco más de dos meses, y vino determinado por él bajo precio al que los empresarios conserveros pagaban ia almeja y el berberecho a los mariscadores. Es entonces cuando las dos fuerzas sindicales mencionadas entran en mego, aunque enfocando el problema bajo distintos puntos de Vista. Así, el SGTM pide que se reduzcan las Iniportaciones de china italiana, motivo por el que las fábricas se encontraban entonces más que saturadas, y se supriman los intermediarios.

También se denuncia la venta del marisco sin pasar por lonja; es decir, desde las mismas embarcaciones, lo que lo abarata, ostensíblemente. Por su parta, Comisiones Mariñetras negocia unos precios minarnos que, tras veinte días de huelga, son aceptados en un principio por los empresarios. Sin embargo, al estar las fábricas surtidas por las importaciones, los empresarios se aprovechan de la inactividad que en su ludia habían mantenido ios mariscadores, y no cumplan con los precios acordados.

Es en ese preciso momento cuando comienza la -batalla del can-, ya que Comisiones Mariñeiras desvia el problema hacia los mariscadores que utilizan el arte prohibido, a quienes se acusa de coger demasiado marisco y de esquilmar las rías. En realidad, el razonamiento que hace CCMM es el siguiente:

«Si fuéramos menos, si se pescase menos, ¡a almeja valdría más.»

El argumento prospera y se pretende como solución para que en. carezca la venta del producto, que los barcos arrastraros dejen de faenar, porque, además, se trata de un método ilegal. Así quedan enfrentados los mariscado, res gallegos; unos, defensores del «can», y otros, detractores de ese arte y partidarios del uso de la >vara», aparato ráenos da. ñiño, pero también muchísimo menos rentable. A los primeros les apoya SGTM, y a los segundos. CCMM. habiéndose olvidada ambos sindicatos de las reivindicaciones formuladas anteriormente a los empresarios

La «guerra», que había comenzado en las localidades de Remóndela y Cesantes ai ser boicoteados por los «vareiros» quince barcos arrastreros, los cuales tuvieron que irse, a faenar a otras zonas, se extiende cemo la polvora y afecta a los pueblos de Cangas, Bueu, Aldán, Cambados, Marín, Combarro, Panxón, Bayona, y Cánido. Es en estas íocalidadas donde, tras diversas asambleas, los partidarios del «can» acuerdan no salir ,al mar por tiempo indefinido, al mismo tiempo que se inician negociaciones con Jos representantes del Gcbter. no para hallar usía solución. «Vareiros» y «arrastreiros* se reúnen a dialogar por primera vez en la Comandancia de Vigo y los representantes de cada sindicato formulan sus propuestas.

Los defensores de! «can», es decir, el SGTM, defiende la creación de unas zonas determinadas, en las que, de forma experimental,, se pueda utilizar el arrastre y pueda, a! mismo tiempo, determinarse con exactitud cuáles son los destrozos •que causa También se propone que tos barcos arrastreros tengan un tope diario de captura, que quedaría fijado en cinco cajones (unos 250 kilos). Igualmente se pide que se cree una comisión de vigjlanciii para sancionar fuertemente a los q-ue no respeten las zonas designadas (conviene aclarar que en Ja propuesta de este sindicato se determinaba que el can» solo podría ser utilizado donde no lo era la «vara», teniendo de esta farma cada uno su propia zona de marisqueo.

En la negociación, donde parece que no hubo propósito de entendimiento por ninguna de las dos partes, Comisions Mariñeiras fue más radical: había que nacer desaparecer de las coatas gallegas el «can» por ser un arte destructivo, postura ante la cual ios «arra-treiros» deciden salir a faenar con todas las consecuencias, que luego serian graves para ambos.

Una manifestación llevada a cabo por los partidarias de la «vara» ante la Comandancia de Marina anima a las autoridades a implantar en la ría de Vigo un destructor y un dragaminas, cuya misión es impedir que se faene con el «can» por estar prohibido. Consiguientemente son impuestas tres multas de 25.000 pesetas y es apresado el barco «Margarita», que con su tripulación es llevado por la fuerza a zona militar por negarse a entregar los aparejos ilícitos. Las posturas de fuerza ya habían sido tomadas y los demás

arrastreros invaden el puerta Tigu.es en un intento de presionar para que las autoridades dejen en libertad al barco apresado. Desde las diez de la mañana a la una -y media de la madrugada duró la concentración, que terminó, tras graves momentos de tensión, con la puesta en libertad del «Margarita».

En una asamblea celebrada en Cangas al día siguiaute. el SGTM decide llevar el pncalacia tareinen por tierra y se convoca una manifestación de unas mil quinientas personas, que piden: -Legalización do arrastre», «Traballo digno pra ´ nosa térra», «Legalización, non emigración», etc. Paralelamente se exige dé las autoridades una postura ciará sobre el, conflicto, ya que hasta entonces se habían limitado a darle largas al asunto. Es precisamente este silencio y la presencia de los buques de la Armada lo que anima a los arrastreros a tomar posturas aún más radicales: «Si nosotros no. podemos faenar, aquí no faena nadie.» Los tripulantes de los barcos arrastreros de -; una ,potencia de 50 a 200 por ciento a los vareiros que faenen con sus barcas de remos haciéndoles oléale -alrededor de ellas.. Simultáneamente, en los muelles de Vigo se registra una violenta reyerta que enfrenta a las mujeres de los «arrastrei ros» contra un numeroso grupo de personas venidas de Redondela en defensa de la «vara».

Pese a la desproporción del número de integrantes de uno y otro bando (25 del «can» contra 350 de la «vara»), el enfrentamiento fue inevitable, pudiendo observaras hoces, cuchillos, palas, tablones y neumáticos, que arrojaron un balance final de unos quince heridos, uno de los cuales, una mujer, fue arrojada al mar y posteriormente, al ser recogida por una de las embarcaciones allí presentes para evitar que muriese ahogada, apedreada . cuando estaba casi inconsciente.

Las fuerzas del orden tuvieron que hacer acto de presencia y, a modo de arbitro, trataron en vano de separar a los integrantes dé cada bando. Al final, tas bembas de humo fueron la única solución para reimplantar el orden, que no quedó restablecido hasta que la Policía se llevó a las mujeres de los arrastreros para protegerlas.

Sin embargo, la cosa no quedó ahí, ya que al día siguiente los partidarios del «can» vuelven a hacerse a la mar pasa, impedir que se mariscase, obteniendo par respuesta de los «valernos> el lanzamientos de cargas de dinamita, que fueron arrojadas sin contemplaciones contra los barcos arrastreros, ninguno de los cual e a fue alcanzado, aunque uno de ellos fue ligeramente elevado por la onda explosiva de una de las cargas.

Ese mismo día, y tras una reunión de mariscadores d« la vara en la localidad de Cesantes, éstot deciden ir a las casas de dos arrastreros, uno de los cuales estaba ausente, pero no el otro, al que pegaron, cortaron las cepas de las -viñas y estropearon el coche.

Tras estos incidentes, el director general de Pesca vuelve a convocar a las dos cartas interesadas (ya lo habia hechó en otra ocasión), quienes se reúnen en Madrid, adonde acuden diez representantes del «can^ y un centenar de la «vara», pese a que sólo se había citado a una decena de cada parte. E] dialoga no fue tal, ya que los afectados no lograron dialogar mutuamente, frustándose de nuevo el intente de llegar al acuerdo. Santiago de Composíela es escenario de una nueva infructuosa reunión con ti director general de Pesca, y a raíz de eila el problema queda definitivamente postergado para «una nueva ocasión».

Detrás del problema, como decimos, hay algo más que el uso del -can», cuyos efectos sobre los bancos de mariscos merecerán otro capíUüo .en nuestro periódico; sin embargo vaya por delante que los arrastreros son personas que viven todo el año del del mar, mientras que los de la vara viven también del campo cuando está cerrada la veda del marisco. También vaya de antemano que sólo en las rias de Vigo y Pontevedra, los cua viven del can» son. cerca de doscieatos los barcos arrastreros, con una media de cinco tripulantes por embarcación: marineros éstos que, pese a la prohibición. venían actuando con el «consentimiento» de las autoridades.

Por último, cabe señalar que mientras si problema se resuelve —«vareiros» y -arresteros- han vuelto a Faenar cada uno por su -acto—, la campaña marisquera se va terminando, con las consiguientes pérdidas para los.trabajadores del mar. que de los seis meses que está abierta la veda, más de dos se los han pasado sin ganar un soio duro.

C. CASTRO QUINIEIRO

 

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